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Monseñor Presidente


La victoria de Fernando Lugo en las elecciones presidenciales de Paraguay abre un capítulo inédito en la historia política de América Latina, pero vale la pena repasar sus antecedentes.

Lugo fue ordenado sacerdote y cumplió buena parte de su apostolado en Ecuador. Su indiscutible madera de líder lo convirtió pronto en Obispo y su compromiso con la doctrina social de la Iglesia y su entrega a la opción por los pobres le hicieron interpretar su misión religiosa más allá de lo que es usual en los clérigos. Obtuvo el respaldo de una larga coalición de partidos pequeños para enfrentarse uno a uno contra el Partido Colorado, el partido que había detentado el poder en ese país por espacio de más de seis décadas. Ni siquiera la caída del dictador Stroessner significó el desmedro de los colorados.

Pero ahora, bajo el liderazgo inédito de un clérigo sin mancha, la sociedad paraguaya los ha expulsado finalmente de la silla presidencial. ¡Qué lección para todos los partidos enquistados en el poder! ¡La sociedad encontrará su manera de sacárselos de encima! Por lo pronto no se puede decir más que eso. Lo que venga a continuación no se sabe qué forma tendrá y es muy apresurado pensar que se parecerá a algo que ya se conoce bien.

El Vaticano nunca se había visto en situación tan difícil, pues Lugo espera que la Santa Sede no lo suspenda, pues él quiere ser Monseñor Presidente. Nada más y nada menos.

101 años de Panamá América

 
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