Monumento a los Mártires de Enero
Digámoslo con claridad. Muchos panameños ignoran la trascendencia histórica de los trágicos acontecimientos acaecidos el 9 de enero de 1964 y el imperecedero legado de los diez o doce mártires que se inmolaron en defensa de la soberanía nacional en la Zona del Canal. A baja voz todavía se repite la mentira que demerita la acción de esos valerosos compatriotas y de los miles más que de un modo u otro participaron en la gesta, muchos de ellos heridos.
No polemizaremos. Nos basta con decir que en la lucha generacional sostenida incansablemente por Panamá desde su separación de Colombia en 1903, aquel fatídico 9 de enero jugó un papel estelar porque posibilitó el inicio de un largo proceso negociador que culmina en los tratados Torrijos-Carter en 1977 y la entrega del Canal y su zona circundante el 31 de diciembre de 1999.
Sin un 9 de enero y las favorables circunstancias geopolíticas de entonces, Estados Unidos no habría ido a la mesa de negociaciones, gracias a la Declaración Conjunta firmada el 3 de abril de 1964, en la que ambos países se comprometieron a eliminar todas las causas de conflicto. Ese documento fue la piedra angular que sirvió de base o punto de partida al proceso negociador, gran parte de cuyo mérito corresponde al presidente Roberto F. Chiari quien supo con su firmeza y dignidad, romper por única vez en la historia, las relaciones diplomáticas con la potencia del norte y encarnar las aspiraciones nacionalistas de su pueblo.
Por esa razón, conscientes de la trascendencia histórica de aquellos sangrientos días, hoy aspiramos a que en un lugar relevante de las áreas revertidas se levante el más bello e imponente monumento erigido en nuestro país en memoria de la gesta patriótica, porque todo lo hecho hasta ahora está marcado por la ingratitud, la mediocridad y la cicatería más ruin.
Ninguno de los cuatro o cinco monumentos y sitios levantados hasta ahora hace honor a dicha gesta, ni a los mártires. Todos son insignificantes, intrascendentes y de mal gusto. Nada parecido a los que hoy recuerdan otros episodios y personalidades de nuestra patria, como lo son el monumento a Belisario Porras, la estatua a Vasco Núñez de Balboa, el que evoca la Construcción del Canal en la Plaza de Francia y el más reciente de Arnulfo Arias en el Corregimiento de Balboa.
No nos llamemos a engaños, las generaciones actuales están en deuda con sus mártires. Y el pueblo que no reconoce el aporte de sus antepasados está condenado a llevar una existencia de postración y a deambular sin rumbo, perdida la brújula de su historia. Hay que iniciar cuanto antes una colecta pública y llamar a una licitación internacional con base a un presupuesto generoso, digno de la gratitud que le debemos a nuestros héroes.
No polemizaremos. Nos basta con decir que en la lucha generacional sostenida incansablemente por Panamá desde su separación de Colombia en 1903, aquel fatídico 9 de enero jugó un papel estelar porque posibilitó el inicio de un largo proceso negociador que culmina en los tratados Torrijos-Carter en 1977 y la entrega del Canal y su zona circundante el 31 de diciembre de 1999.
Sin un 9 de enero y las favorables circunstancias geopolíticas de entonces, Estados Unidos no habría ido a la mesa de negociaciones, gracias a la Declaración Conjunta firmada el 3 de abril de 1964, en la que ambos países se comprometieron a eliminar todas las causas de conflicto. Ese documento fue la piedra angular que sirvió de base o punto de partida al proceso negociador, gran parte de cuyo mérito corresponde al presidente Roberto F. Chiari quien supo con su firmeza y dignidad, romper por única vez en la historia, las relaciones diplomáticas con la potencia del norte y encarnar las aspiraciones nacionalistas de su pueblo.
Por esa razón, conscientes de la trascendencia histórica de aquellos sangrientos días, hoy aspiramos a que en un lugar relevante de las áreas revertidas se levante el más bello e imponente monumento erigido en nuestro país en memoria de la gesta patriótica, porque todo lo hecho hasta ahora está marcado por la ingratitud, la mediocridad y la cicatería más ruin.
Ninguno de los cuatro o cinco monumentos y sitios levantados hasta ahora hace honor a dicha gesta, ni a los mártires. Todos son insignificantes, intrascendentes y de mal gusto. Nada parecido a los que hoy recuerdan otros episodios y personalidades de nuestra patria, como lo son el monumento a Belisario Porras, la estatua a Vasco Núñez de Balboa, el que evoca la Construcción del Canal en la Plaza de Francia y el más reciente de Arnulfo Arias en el Corregimiento de Balboa.
No nos llamemos a engaños, las generaciones actuales están en deuda con sus mártires. Y el pueblo que no reconoce el aporte de sus antepasados está condenado a llevar una existencia de postración y a deambular sin rumbo, perdida la brújula de su historia. Hay que iniciar cuanto antes una colecta pública y llamar a una licitación internacional con base a un presupuesto generoso, digno de la gratitud que le debemos a nuestros héroes.