Moral, honestidad y política
Araíz de la discusión del plan gubernamental "mano dura" contra la delincuencia, y de la iniciativa legislativa del Ejecutivo para reformar las leyes que sancionan a los menores infractores a objeto de endurecer las penas, hemos visto y oído cosas curiosas. Aunque no son nuevas estas poses histriónicas y de desgarramientos de las vestiduras de los defensores oficiales y oficiosos de la oligarquía neoliberal.
Muchos son los comentarios e interrogantes sobre la pérdida de los valores morales y del imperativo categórico de recuperarlos, como también sobre la necesidad de hacer valer la autoridad -¿perdida?- del Estado; fundamentados en la realización de actos punitivos y de represión policíaca, exclusivamente, en comunidades humildes y marginales y sobre sectores populares, pues el crimen de "cuello blanco" está exento de éstas.
La ciudadanía, la sociedad civil y el país decente deberían hacerse estas prefuntas: ¿Cuáles valores morales? ¿La pérdida de la legitimidad de la autoridad de quién? He allí la importancia de dilucidar estos hechos en función de los intereses de clase y de la actividad de los grupos políticos; fuerzas sociales y políticas, que en el fondo, son defendidas por estos mercachifles mediáticos (autodenominados comentaristas políticos, que no periodistas profesionales y éticos).
Porque no es la moral clerical la que está cuestionada o en discusión y porque la libertad de culto de los panameños nos merece el mayor respeto, nuestro comentario no está dirigido a la moral religiosa de las diversas denominaciones monoteístas y cristianas del país. Nos interesa examinar, eso sí, la moral de la sociedad, de la colectividad panameña. De acuerdo a nuestro punto de vista, la moral es función de la sociedad misma; es expresión abstracta de los intereses de clase de la sociedad, sobre todo, de la clase o clases hegemónicas. Es decir, la moral dominante es la moral oficial y como tal es la moral preeminente en toda la sociedad.
De tal forma que si la moral de la sociedad panameña está en crisis, o si en los últimos años la moral ha sido abatida por la deshonestidad pública y privada, no se trata de la moral individual, ni de la moral religiosa, sino de aquella preponderante en la sociedad, de la moral de las clases en el poder. ¿Y cuáles son las clases dominantes en Panamá? Específicamente son: Las burguesías financiera, importadora y burocrática, estamentos sociales cuya expresión política es hoy día, en los albores de la Segunda Modernidad, la oligarquía neoliberal. Miseria moral profunda que se manifiesta en la debacle política, económica, social y cultural del modelo neoliberal que, dicho sea de paso, en nuestro medio se "vendió" como unívoco, insustituible e irreversible.
Si por honestidad -uno de los atributos esenciales de la moral- se entiende la correspondencia entre la palabra y la acción; y por analogía política, la relación directa entre las promesas políticas electorales y la gestión pública de los líderes políticos, de las clases hegemónicas o de los dirigentes de los gobiernos que asumieron el poder tras la invasión y ocupación militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989. Tanto el triunvirato (Endara, Arias Calderón y Ford), como los mandatarios Pérez Balladares y Moscoso han presidido gobiernos deshonestos políticos y por lo tanto, inmorales. Sencillamente, porque mintieron a la mayoría de los habitantes del país, en virtud de que sus palabras o promesas políticas no estuvieron en concordancia con sus prácticas políticas.
Por ejemplo, el gobierno de los tres, luego de arribar al poder montado en las tanquetas norteamericanas, prometió justicia, libertad y el cambio de la Constitución ¡"militarista"! de 1972; sin embargo, lo que propició fue el "terrorismo judicial", la conformación de una nueva oligarquía en el poder y la Constitución permanece incólume en su estructura jurídica general, aunque haya sido emparchada en más de una ocasión y, más recientemente, bajo la égida ideológica de quien juró y perjuró que acabaría con la carta Magna Torrijista, nos referimos al Dr. Ricardo Arias Calderón. Por su parte, el Dr. Pérez Balladares lanzó la consigna electoral de "el pueblo al poder" y quien se instaló en realidad en el Palacio de las Garzas fue la pandilla neoliberal criolla, que entre otros bienes estatales, privatizó las empresas públicas como el IRHE e INTEL, con las consecuencias negativas desastrosas conocidas por todos los ciudadanos y sufridas por la mayoría de ellos. En tanto que la Excelentísima Sra. Presidenta, Mireya Moscoso, encabezó un gobierno, que aún no termina, caracterizado por los peores escándalos de corrupción, tráfico de influencias y de nepotismo. Pero, además, sus promesas electorales no armonizan con las realizaciones públicas, verbigracia, prometió un "gobierno del pueblo" y la Nación entera sabe el tipo de personajes políticos -"maleantes disfrazados de empresarios"- que la rodearon.
Y el nuevo gobierno que se instalará en septiembre estará frente a una verdadera encrucijada del diablo. En lo económico, la disyuntiva será continuar con el neoliberalismo excluyente u optar por el capitalismo de "rostro humano". En el terreno político, el dilema estará entre la democracia formal y de fachada o la democracia participativa y; en el contexto moral, la alternativa radicará en continuar con la deshonestidad y la demagogia de la oligarquía neoliberal o asumir, en el marco de una realidad nueva y cambiante, la integridad torrijista y popular. "To be or not to be, that is the question".
(*Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT). avidquoc@latinmail.com)
Muchos son los comentarios e interrogantes sobre la pérdida de los valores morales y del imperativo categórico de recuperarlos, como también sobre la necesidad de hacer valer la autoridad -¿perdida?- del Estado; fundamentados en la realización de actos punitivos y de represión policíaca, exclusivamente, en comunidades humildes y marginales y sobre sectores populares, pues el crimen de "cuello blanco" está exento de éstas.
La ciudadanía, la sociedad civil y el país decente deberían hacerse estas prefuntas: ¿Cuáles valores morales? ¿La pérdida de la legitimidad de la autoridad de quién? He allí la importancia de dilucidar estos hechos en función de los intereses de clase y de la actividad de los grupos políticos; fuerzas sociales y políticas, que en el fondo, son defendidas por estos mercachifles mediáticos (autodenominados comentaristas políticos, que no periodistas profesionales y éticos).
Porque no es la moral clerical la que está cuestionada o en discusión y porque la libertad de culto de los panameños nos merece el mayor respeto, nuestro comentario no está dirigido a la moral religiosa de las diversas denominaciones monoteístas y cristianas del país. Nos interesa examinar, eso sí, la moral de la sociedad, de la colectividad panameña. De acuerdo a nuestro punto de vista, la moral es función de la sociedad misma; es expresión abstracta de los intereses de clase de la sociedad, sobre todo, de la clase o clases hegemónicas. Es decir, la moral dominante es la moral oficial y como tal es la moral preeminente en toda la sociedad.
De tal forma que si la moral de la sociedad panameña está en crisis, o si en los últimos años la moral ha sido abatida por la deshonestidad pública y privada, no se trata de la moral individual, ni de la moral religiosa, sino de aquella preponderante en la sociedad, de la moral de las clases en el poder. ¿Y cuáles son las clases dominantes en Panamá? Específicamente son: Las burguesías financiera, importadora y burocrática, estamentos sociales cuya expresión política es hoy día, en los albores de la Segunda Modernidad, la oligarquía neoliberal. Miseria moral profunda que se manifiesta en la debacle política, económica, social y cultural del modelo neoliberal que, dicho sea de paso, en nuestro medio se "vendió" como unívoco, insustituible e irreversible.
Si por honestidad -uno de los atributos esenciales de la moral- se entiende la correspondencia entre la palabra y la acción; y por analogía política, la relación directa entre las promesas políticas electorales y la gestión pública de los líderes políticos, de las clases hegemónicas o de los dirigentes de los gobiernos que asumieron el poder tras la invasión y ocupación militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989. Tanto el triunvirato (Endara, Arias Calderón y Ford), como los mandatarios Pérez Balladares y Moscoso han presidido gobiernos deshonestos políticos y por lo tanto, inmorales. Sencillamente, porque mintieron a la mayoría de los habitantes del país, en virtud de que sus palabras o promesas políticas no estuvieron en concordancia con sus prácticas políticas.
Por ejemplo, el gobierno de los tres, luego de arribar al poder montado en las tanquetas norteamericanas, prometió justicia, libertad y el cambio de la Constitución ¡"militarista"! de 1972; sin embargo, lo que propició fue el "terrorismo judicial", la conformación de una nueva oligarquía en el poder y la Constitución permanece incólume en su estructura jurídica general, aunque haya sido emparchada en más de una ocasión y, más recientemente, bajo la égida ideológica de quien juró y perjuró que acabaría con la carta Magna Torrijista, nos referimos al Dr. Ricardo Arias Calderón. Por su parte, el Dr. Pérez Balladares lanzó la consigna electoral de "el pueblo al poder" y quien se instaló en realidad en el Palacio de las Garzas fue la pandilla neoliberal criolla, que entre otros bienes estatales, privatizó las empresas públicas como el IRHE e INTEL, con las consecuencias negativas desastrosas conocidas por todos los ciudadanos y sufridas por la mayoría de ellos. En tanto que la Excelentísima Sra. Presidenta, Mireya Moscoso, encabezó un gobierno, que aún no termina, caracterizado por los peores escándalos de corrupción, tráfico de influencias y de nepotismo. Pero, además, sus promesas electorales no armonizan con las realizaciones públicas, verbigracia, prometió un "gobierno del pueblo" y la Nación entera sabe el tipo de personajes políticos -"maleantes disfrazados de empresarios"- que la rodearon.
Y el nuevo gobierno que se instalará en septiembre estará frente a una verdadera encrucijada del diablo. En lo económico, la disyuntiva será continuar con el neoliberalismo excluyente u optar por el capitalismo de "rostro humano". En el terreno político, el dilema estará entre la democracia formal y de fachada o la democracia participativa y; en el contexto moral, la alternativa radicará en continuar con la deshonestidad y la demagogia de la oligarquía neoliberal o asumir, en el marco de una realidad nueva y cambiante, la integridad torrijista y popular. "To be or not to be, that is the question".
(*Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT). avidquoc@latinmail.com)