Moratoria
Entre las varias y recientes iniciativas del novel Ministro de Economía y Finanzas se destaca el proyecto de ley de moratoria fiscal, que él mismo presentó hace algunos días, de acuerdo con informes de prensa, al Consejo de Gabinete.
Según este proyecto, el Gobierno condonaría a un importante conjunto de morosos, constituidos principalmente por sociedades anónimas y dueños de inmuebles, una considerable parte de la deuda de más de mil millones de balboas que éstos mantienen actualmente con el Fisco, esperando recuperar apenas un 20% de la misma. Se trata de un hecho importante no solo por la magnitud de los recursos públicos potenciales involucrados, sino por relacionarse, además, con una acción con capacidad de marcar y hacer explícito el estilo de la política económica del nuevo gobierno.
Si bien los llamados economistas noinstitucionalistas, entre los que se destaca Douglas C. North, quien ganó el Premio Nobel de Economía en 1993, carecen del alcance y profundidad conceptual de los institucionalistas clásicos, tales como Thorstein Veblen y John Commons, su aporte al análisis económico no resulta despreciable, en la medida en que destaca que las instituciones, en cuanto reglas de juego, generan una estructura de incentivos que guían la acción de los individuos en una u otra dirección. En este sentido se califica de institución perversa a aquella cuyo contenido concreto estimula una forma de acción que lleva a un resultado que niega el objetivo formal para la cual fue creada.
Generalmente las moratorias fiscales se justifican con el argumento de que generan algún tipo de recaudación efectiva, la que alternativamente no estaría disponible. Es así que para el caso que nos ocupa, se alega que se podría recuperar cerca del 20% del total de la deuda fiscal en condiciones de morosidad, sin llamar mucho la atención de que se estaría eliminando cerca del 80% de la misma. Si se pone en perspectiva este argumento, se hace evidente que estamos ante una institución perversa. En efecto, tal como lo han destacado muchos analistas, el hecho de que los empresarios y propietarios de inmuebles puedan observar y, por tanto, llegar a prever que, tal como pasa en Panamá, cada cierto tiempo se produce una moratoria, los llevará rápidamente a concluir que les conviene evadir el pago de impuesto, ya que las leyes fiscales, a la larga, son burladas por el propio gobierno.
Se estaría, en esas circunstancias, creando un premio para quienes irresponsablemente practican la evasión, promoviendo así el tipo de agente económico que Oliver. E. Williams llama el “agente contractual”, caracterizado por buscar su propio beneficio con el uso de formas de acción oportunista, entendiendo por esta la presencia de la práctica dolosa.
Más aún, desde el punto de vista ético, las moratorias por lo que se ha señalado anteriormente constituyen un hecho reprochable, que, además, promueven la competencia desleal en contra de aquellos empresarios y agentes económicas que con un mayor sentido de responsabilidad social cumplen con sus responsabilidades tributarias. También resulta una burla para con los contribuyentes asalariados quienes pagan, vía la retención en la fuente, sus impuestos de manera completa y puntual. De concretarse la acción aquí discutida, quedará evidenciada la naturaleza sesgada del actual gobierno.