Moratoria en la entrega del Canal
La actividad política mantiene agobiada y apresadumbrada a la ciudadanía que rechaza el proceder infamante de los que se activan en el ámbito político. La ambición por el poder ha conducido a los políticos a despojarse de todo vestigio de parquedad y vergüenza en su proceder, aflorando en ellos los más obscuros y bochornosos sentimientos que han dado la medida a la ciudadanía de quién es quién y los objetivos reales de cada cual.
La Iglesia Católica, a través de sus máximos representantes (no me estoy refiriendo a la Comisión de Justicia y Paz), ha dado a conocer su sentir, en forma diáfana, ante tanto desafuero y libertinaje político que hoy cunde producto de la impúdica conducta de muchos de nuestros políticos. No es menester mencionar nombres pues ellos mismos se han encargado de identificarse ante el pueblo. Todos los conocemos a través de su protagonismo.
En Panamá los políticos ni los partidos políticos han podido encontrar caminos efectivos para ejercer su función de intermediarios entre la sociedad y el gobierno. La política está siendo cada vez menos efectiva como instrumento para canalizar y satisfacer las demandas sociales y por consiguiente su legitimidad cada vez se cuestiona más. Nuestros políticos han demostrado incapacidad total y adolecen de los mecanismos razonables de distribución del ingreso, de la salud, de la vivienda y educación con lo que han negado la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos. La "caída" de la dictadura no ha asegurado per se el triunfo de la democracia ni de sus valores pues los actuales políticos, los sucesores de la dictadura, gobierno y oposición, han mantenido muchas condiciones antidemocráticas de aquella época.
El denigrante espectáculo que hoy día nos proporcionan los políticos panameños sólo da mérito a que el pueblo haga una depuración de todos ellos el próximo 2 de mayo. Muy pocos, poquísimos, son los que pudieran escapar de ello. Hemos visto cómo, quienes eran en época pasada esperanza para la sociedad han sucumbido y hoy en nada se diferencian de los que fueron víctimas de sus críticas y censura.
Ahora bien, si éstos son los que han de administrar el Canal de Panamá cuando revierta a Panamá, con toda franqueza y con mucho dolor tenemos que expresar que mejor es que el gobierno norteamericano declare una moratoria y no sea hasta cuando los panameños nos podamos dar un gobierno serio., honesto y que promueva acciones de beneficio general, cuando el Canal nos sea entregado. Nos tienen sin cuidado los adjetivos de "antipatriota" y similares, favoritos de los actuales gobernantes.
Los panameños no estamos preparados para administrar el Canal. Nuestros políticos sólo aspiran a estar representados en las diferentes instancias del gobierno para poder promover la satisfacción de sus necesidades. El Canal de Panamá se ha convertido en botín político y el mejor testimonio lo constituye la forma cómo se ha conformado su Junta Administrativa.
Para pertenecer a la misma pareciera que sólo son válidas las credenciales de ser pariente del Presidente o del partido gobernante.
Los panameños tenemos que acordar algo muy básico y con puntos elementales que no puedan ser violados por ningún gobierno o partido político, y en lo cual la sociedad esté totalmente de acuerdo. Tenemos que ponernos de acuerdo con propuestas realistas y responsables, sin utilizar la demagogia y el engaño para combatir la injusticia social y la pobreza, así como para generar empleos bien remunerados a la mayoría de la población y, sobre todo, que el Canal jamás sea de beneficio exclusivo de gavilla alguna.
La sociedad civil ha dado a conocer a voz viva las inquietudes y deseos a través de los medios de comunicación que los partidos políticos, por diversas razones, no saben o simplemente han preferido no interpretar. Con esta actitud no hacen más que confirmar que la sociedad civil, su pujanza, su concepto de nación, la cultura, la economía, la justicia, van por delante del gobierno y de los partidos.
La sociedad ya no cabe en los partidos, los han rebasado y los han hecho estrellar. Hoy día los políticos panameños, gracias a su desgobierno y política incoherente, corren el peligro de ser excluidos del escenario nacional . Los partidos deben tener suficiente madurez y habilidad para llegar a consensos básicos para que las políticas del Estado tengan una legitimidad amplia. O rectificamos de inmediato y conformamos un gobierno nacional con miras, objetivos y una agenda nacional o corremos el riesgo de que el Canal no revierta a Panamá en la fecha acordada, para perjuicio, vergüenza y descrédito del país.
La Iglesia Católica, a través de sus máximos representantes (no me estoy refiriendo a la Comisión de Justicia y Paz), ha dado a conocer su sentir, en forma diáfana, ante tanto desafuero y libertinaje político que hoy cunde producto de la impúdica conducta de muchos de nuestros políticos. No es menester mencionar nombres pues ellos mismos se han encargado de identificarse ante el pueblo. Todos los conocemos a través de su protagonismo.
En Panamá los políticos ni los partidos políticos han podido encontrar caminos efectivos para ejercer su función de intermediarios entre la sociedad y el gobierno. La política está siendo cada vez menos efectiva como instrumento para canalizar y satisfacer las demandas sociales y por consiguiente su legitimidad cada vez se cuestiona más. Nuestros políticos han demostrado incapacidad total y adolecen de los mecanismos razonables de distribución del ingreso, de la salud, de la vivienda y educación con lo que han negado la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos. La "caída" de la dictadura no ha asegurado per se el triunfo de la democracia ni de sus valores pues los actuales políticos, los sucesores de la dictadura, gobierno y oposición, han mantenido muchas condiciones antidemocráticas de aquella época.
El denigrante espectáculo que hoy día nos proporcionan los políticos panameños sólo da mérito a que el pueblo haga una depuración de todos ellos el próximo 2 de mayo. Muy pocos, poquísimos, son los que pudieran escapar de ello. Hemos visto cómo, quienes eran en época pasada esperanza para la sociedad han sucumbido y hoy en nada se diferencian de los que fueron víctimas de sus críticas y censura.
Ahora bien, si éstos son los que han de administrar el Canal de Panamá cuando revierta a Panamá, con toda franqueza y con mucho dolor tenemos que expresar que mejor es que el gobierno norteamericano declare una moratoria y no sea hasta cuando los panameños nos podamos dar un gobierno serio., honesto y que promueva acciones de beneficio general, cuando el Canal nos sea entregado. Nos tienen sin cuidado los adjetivos de "antipatriota" y similares, favoritos de los actuales gobernantes.
Los panameños no estamos preparados para administrar el Canal. Nuestros políticos sólo aspiran a estar representados en las diferentes instancias del gobierno para poder promover la satisfacción de sus necesidades. El Canal de Panamá se ha convertido en botín político y el mejor testimonio lo constituye la forma cómo se ha conformado su Junta Administrativa.
Para pertenecer a la misma pareciera que sólo son válidas las credenciales de ser pariente del Presidente o del partido gobernante.
Los panameños tenemos que acordar algo muy básico y con puntos elementales que no puedan ser violados por ningún gobierno o partido político, y en lo cual la sociedad esté totalmente de acuerdo. Tenemos que ponernos de acuerdo con propuestas realistas y responsables, sin utilizar la demagogia y el engaño para combatir la injusticia social y la pobreza, así como para generar empleos bien remunerados a la mayoría de la población y, sobre todo, que el Canal jamás sea de beneficio exclusivo de gavilla alguna.
La sociedad civil ha dado a conocer a voz viva las inquietudes y deseos a través de los medios de comunicación que los partidos políticos, por diversas razones, no saben o simplemente han preferido no interpretar. Con esta actitud no hacen más que confirmar que la sociedad civil, su pujanza, su concepto de nación, la cultura, la economía, la justicia, van por delante del gobierno y de los partidos.
La sociedad ya no cabe en los partidos, los han rebasado y los han hecho estrellar. Hoy día los políticos panameños, gracias a su desgobierno y política incoherente, corren el peligro de ser excluidos del escenario nacional . Los partidos deben tener suficiente madurez y habilidad para llegar a consensos básicos para que las políticas del Estado tengan una legitimidad amplia. O rectificamos de inmediato y conformamos un gobierno nacional con miras, objetivos y una agenda nacional o corremos el riesgo de que el Canal no revierta a Panamá en la fecha acordada, para perjuicio, vergüenza y descrédito del país.