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Motivaciones claras


Ahora que estrenamos una nueva administración pública, pululan las declaraciones buscando el interés por mejorar las necesidades de la comunidad y tratar de encontrar en nosotros la solución de los múltiples retos que nos están esperando. Lo mínimo que podemos esperar es que hay, como decían antiguamente, pureza de intención y no otras motivaciones ocultas que indiscutiblemente existirán pero que por el momento se mantienen disimuladas. Una de esas es la que describen como la "auri fames" (sed de oro) que en el caso nuestro, lejos de ser sed del metal precioso, más bien es la sed de plata.
Ultimamente nos sentimos cubiertos por la abundancia de agua a consecuencia de las múltiples convergencias meteorológicas y de los distintos huracanes caribeños que vienen a ser, como decía alguien, las cataratas del Niágara, causando inundaciones, tranques en la circulación vial, lagunas en medio de la ciudad, desgracias por la furia de las corrientes que se forman hasta en media ciudad con sus declives originando infortunios a muchos compatriotas que ven perder todo en un santiamén, aumentando la miseria y la pobreza que, aunadas a los múltiples despidos, se convierten en otro reto colectivo por superar entre todos. Por eso contrasta el percibir a muchos y muchas que indiferentemente tratan de aprovecharse para saciar su avaricia, queriendo quedarse con todo.
La Sagrada Escritura nos advierte contra esos excesos en distintos libros del sagrado texto, y valga recordar aquel pasaje de la parábola de un señor que tenía llenos sus graneros y se preguntaba satisfecho cómo haría para agrandarlos para seguir acumulando y le dijeron "esta noche se te quitará todo...". Da tristeza ver hasta dónde llega la gente para ver cómo se encaraman socialmente. Se atreven a todo y nada puede detenerlos.
Es obvio que el ser humano debe tener un mínimo de ambición y de interés por superarse. Eso es lo legítimo y de hecho, todos debemos ascender; nadie debe descender y diríamos que debe ser un principio de higiene mental. Siempre hacia delante, nunca para atrás, ni en lo material, ni lo espiritual, ni en lo económico, porque quien no progresa, regresa. Eso es una cosa, otra es vivir en una asfixiante angustia por encaramarse socialmente, como sea. El escalador social, cuya ambición es tan manifiesta como ridícula y detestable aunque no infrecuente.
Famosas son las frases del padre Mariana, jesuita escirtor discutido, que decía que "la ambición es una enfermedad incurable que cunde mucho y con nada se contenta. Siempre pretende pasar adelante sin hacer diferencia entre lo que es lícito y no lo es". Comentando otro que afirmaba "¿Adónde no se descenderá para subir? o "¿A dónde no subiré?" que se atribuía a como divisa de un privado de la corte de Luis XIV, Nicolás Fouquet, cuya desmedida ambición le llevó a perecer en la cárcel. Y no menos curioso a este tenor es aquel epitafio que se da a entender "aquí yace sepultada, de un pretendiente prolijo, la esperanza más osada: O César o Nada, dijo, y se salió con ser Nada". Salustio en su Bello Catilinario "fustigaba estos vicios de los ambiciosos cuando los describía" Y así so color del bien público, pretendía cada cual engrandecerse, sin guardar alguna modestia o límite en sus competencias".
El ambicioso, personaje no tan extranjero en nuestro medio, es un individuo que para ocupar un puesto no le importa llegar a él como el águila o como el reptil, el asunto es llegar.
Al repasar estas formas de fustigar la ambición excesiva, no dudo que en estos momentos de cambios hayamos identificado a muchas personas conocidas o desconocidas que actúan así, intentando superarse en un último término impulsados por la única motivación que es la auri fames, la sed del otro que terminará en sed de nada. Me enteré con preocupación de una persona conocida que, incluso siendo de oposición al actual gobierno, ha quedado de jefe de una instancia subalterna de este gobierno y se tomó el trabajo de acercarse a su predecesor en el puesto para pedirle la renuncia echándole cuentos de que el que venía a ocuparlo necesitaba ese cargo, y en fin de cuentas era él mismo. Le dijo a su personal que él tenía el carácter más fuerte que aquel a quien él había sustituido. Esperando a ver cómo termina. Deben existir otras motivaciones para superarse que no sea la auri fames, o la de escalar socialmente sea como sea, sin motivaciones claras.

101 años de Panamá América

 
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