¿Movimiento ciudadano por la educación?
Ayer, después de largos meses de gestación, salió a la luz pública el Movimiento Ciudadano por la Educación. El grupo germinal compuesto por un confluir de iniciativas de entidades civiles, culturales, docentes, estudiantiles, padres de familia, empresariales, periodistas, iglesias, ONG interesadas en el desenvolvimiento de la educación, promete establecerse como un movimiento permanente, plural, democrático y abierto que busca aportar e incidir en la calidad y equidad educativa. Me honra ser parte de la génesis de esta necesaria apuesta surgida al calor de los desafíos de la sociedad panameña e invito a personas y entidades acompañarlo con voluntad y tenacidad.
La mejor fórmula de la educación que aspiramos la logró el Informe Delors, que planteó como fundamento cuatro grandes pilares o aprendizajes: i) Aprender a conocer, ii) aprender a hacer, iii) aprender a convivir con los demás; y iv) aprender a ser, aportando un paradigma de ciudadanía basada en el derecho de todos(as) al aprendizaje durante toda la vida, como referencia indispensable para ubicar cuáles deben ser los aprendizajes básicos y más relevantes en la educación.
La ciudadanía se expresa así en el aprendizaje, como un acto germinal y proteico, abierto a la solidaridad, la cultura, el desarrollo integral de la persona y de todas las personas. Pero, ¿puede la educación ser un factor decisivo en los cambios que urgen en nuestro país? Paulo Freire expresa que la mejor afirmación para definir el alcance de la práctica educativa frente a los límites a los que ella se somete es la siguiente: Sin poderlo todo, la práctica educativa puede lograr algo. Freire cuestiona tanto el optimismo ingenuo que concibe la educación como la única clave de las transformaciones sociales y solución para todos los problemas, como también el pesimismo igualmente acrítico y mecanicista según el cual la educación, como supraestructura sólo puede lograr algo después de otras transformaciones infraestructurales.
Yo agregaría que ese algo se puede convertir en mucho si nos involucramos dinámicamente en el accionar del quehacer educativo. Es decir, la educación no lo puede todo y tiene sus límites; pero, al mismo tiempo, el derecho a la educación en la perspectiva Delors, es un derecho que abre las puertas a la consecución de otros derechos inalienables, y afirma que transformar personas y transformar el mundo son procesos interconectados.
Por ello es importante la incidencia en la construcción participativa de las políticas publicas a través del involucramiento de los actores en los diferentes momentos de configuración de esas políticas, y concebir su gestión como un proceso de aprendizaje social continuo, en el que la alternativa correcta deberá construirse y re-construirse a partir del diálogo entre los distintos actores, con sus distintas representaciones, intereses y capacidades. El MCE abre un camino de necesario cambio en la educación, y ojalá así lo asuman los actores políticos no sólo en la coyuntura electoral, sino apostando a políticas educativas con visión de Estado, pues si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación, cambia de candidato.
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