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Mucho civismo


El desarrollo pacífico y la masiva concurrencia de electores de todas las edades a los centros de votación de todo el territorio nacional remarcaron una vez más la notable madurez cívica del pueblo panameño. Cuando se abrieron los centros de votación en la ciudad capital, a las siete de la mañana, se apreció la presencia de personas que madrugaron con el propósito de cumplir el sagrado deber del sufragio. A medida que transcurrieron las horas entre la apertura y el cierre de las mesas de votación acudieron miles de votantes a depositar sus votos para elegir al presidente de la República, legisladores, alcaldes, concejales y representantes.

Cálculos extraoficiales informan que el porcentaje de votantes parece superar al de las elecciones anteriores. Por ello, se puede afirmar, antes de conocerse el veredicto de las urnas, que el ganador de las elecciones generales de 2014 es el pueblo panameño.

Los observadores internacionales contemplaron el espectáculo inusual de la afluencia de votantes de la tercera edad – algunos apoyados en bastones y por familiares –, que sobrepasaron impedimentos físicos gracias a su indoblegable voluntad de ejercer el sufragio.

Muchos de ellos pudieron permanecer en sus residencias y aguardar el resultado de la votación. Sin embargo, desearon participar activamente en el proceso capital de la democracia representativa, pensando altruistamente que debían dar un gran ejemplo de espíritu cívico a sus hijos, nietos y familiares. Ellos enfrentaron antes el flagelo de las elecciones arregladas por los políticos corruptos del pasado y contribuyeron, desde la década de los noventa a la fecha actual, a la construcción de la paradigmática democracia panameña.

Los observadores de la OEA y de otras organizaciones extranjeras registrarán, indudablemente, en sus informes que las elecciones generales de Panamá se desenvolvieron en un ambiente de tranquilidad, en el que los votantes cumplieron al pie de la letra los dispositivos puntuales para que los votos de los candidatos a cargos de representación popular tuvieran la debida validez reglamentaria, sin prestarse a componendas deshonrosas.

Los funcionarios del Tribunal Electoral cumplieron su misión a cabalidad en los trámites de identificar su presencia en el padrón electoral con su cédula actualizada, recibir las papeletas impresas con los símbolos de partidos y los nombres de los candidatos, doblar cada papeleta y depositarla en la urna correspondiente.

Asesoraron a los votantes desde la entrada a los colegios electorales hasta el momento mismo de la votación, al propio tiempo que impidieron que se produjeran intentos de defraudación del sufragio por intromisión de elementos que influenciaran la dedicación de los votos y de otros subterfugios reñidos con la autenticidad, privacidad y transparencia del sufragio.

Se ha fortalecido la institucionalidad democrática por el cumplimiento de los funcionarios y los electores de los mecanismos que protegen la legalidad de los votos.

El sistema debe transitar las fases correspondientes al acto de votar, a la preservación de las actas de las mesas de votación, la transmisión de los votos, la realización del recuento por la Junta Nacional de Escrutinios y la difusión de los resultados oficiales a través del Tribunal Electoral. Cada cinco años debemos atravesar ininterrumpidamente las pruebas del test de la democracia representativa.

101 años de Panamá América

 
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