Mucho más que fútbol
Latinoamérica y Panamá entera celebran desde ayer con regocijo el pentacampeonato mundial de fútbol conseguido ayer en buena lid por la oncena de Brasil en Yokohama, Japón, ante su similar de Alemania, que fue en todo momento un digno rival, lo cual hace más meritorio el triunfo. Paradójicamente, un simple balón logra mayor sentimiento de unidad e identidad latinoamericana que la espada de Bolívar y San Martín juntas.
Que el balompié logre medio paralizar al mundo por cerca de un mes, lo confirma como el deporte rey. Ningún otro reúne en torno a una simple cancha de grama, con tan sólo veintidós participantes, tanta emoción, convertida en devoción y pasión casi religiosa.
Los miles de millones de dólares que mueve esa maquinaria de balones, redes, botines, sudor, fintas y cuerpos sudorosos, son de pesadilla. Los escándalos financieros son igualmente colosales. Las entradas son lo de menos, son más bien los derechos de transmisión, las marcas de comercio, los derechos de autor, la publicidad, etc. lo que realmente cuenta en las cifras.
Tampoco es cosa de cada cuatro años. Al caer el telón de cada campeonato mundial, se inicia en seguida las eliminatorias regionales en un lento y progresivo proceso que va incrementándose hasta la próxima gran cita. Hay eliminatorias juveniles a todos los niveles en cada país, para ir descubriendo los valores del próximo evento.
Estados Unidos, por ejemplo, tan pronto se vio eliminado por el actual subcampeón germano, anunció los nombres de sus futuras estrellas, todas adolescentes, cursando apenas secundaria, quienes están siendo objeto de riguroso seguimiento. Alemania, sede de la próxima cita mundialista, ya está construyendo los estadios para ese compromiso, que espera supere en magnificencia, lujo y excentricidades lo mostrado por Corea y Japón.
Eso sería imposible sin la catarata de dinero que se produce. Ello incluye efectos económicos indirectos tales como los que se espera beneficien, a partir de hoy a Brasil. El presidente Cardoso, que lucha a brazo partido contra los efectos de succión del naufragio de su vecina, Argentina, recibirá con la áurea estatuilla del campeonato, un baño de optimismo generalizado que sus expertos confían traducir en estímulo al consumo y a la inversión.
De ese modo, contrario a lo acontecido a su vecina tras la inesperada y prematura eliminación de su selección, con su secuela de recrudecimiento del pesimismo, el ahondamiento de la crisis económica, los saqueos y actos de violencia de los últimos días, Brasil aguarda tiempos mejores, fruto del pentatítulo.
Que el balompié logre medio paralizar al mundo por cerca de un mes, lo confirma como el deporte rey. Ningún otro reúne en torno a una simple cancha de grama, con tan sólo veintidós participantes, tanta emoción, convertida en devoción y pasión casi religiosa.
Los miles de millones de dólares que mueve esa maquinaria de balones, redes, botines, sudor, fintas y cuerpos sudorosos, son de pesadilla. Los escándalos financieros son igualmente colosales. Las entradas son lo de menos, son más bien los derechos de transmisión, las marcas de comercio, los derechos de autor, la publicidad, etc. lo que realmente cuenta en las cifras.
Tampoco es cosa de cada cuatro años. Al caer el telón de cada campeonato mundial, se inicia en seguida las eliminatorias regionales en un lento y progresivo proceso que va incrementándose hasta la próxima gran cita. Hay eliminatorias juveniles a todos los niveles en cada país, para ir descubriendo los valores del próximo evento.
Estados Unidos, por ejemplo, tan pronto se vio eliminado por el actual subcampeón germano, anunció los nombres de sus futuras estrellas, todas adolescentes, cursando apenas secundaria, quienes están siendo objeto de riguroso seguimiento. Alemania, sede de la próxima cita mundialista, ya está construyendo los estadios para ese compromiso, que espera supere en magnificencia, lujo y excentricidades lo mostrado por Corea y Japón.
Eso sería imposible sin la catarata de dinero que se produce. Ello incluye efectos económicos indirectos tales como los que se espera beneficien, a partir de hoy a Brasil. El presidente Cardoso, que lucha a brazo partido contra los efectos de succión del naufragio de su vecina, Argentina, recibirá con la áurea estatuilla del campeonato, un baño de optimismo generalizado que sus expertos confían traducir en estímulo al consumo y a la inversión.
De ese modo, contrario a lo acontecido a su vecina tras la inesperada y prematura eliminación de su selección, con su secuela de recrudecimiento del pesimismo, el ahondamiento de la crisis económica, los saqueos y actos de violencia de los últimos días, Brasil aguarda tiempos mejores, fruto del pentatítulo.