Muchos gastos, poco logros
Panamá invierte gran parte de su presupuesto en educación, sin embargo los resultados no son los espe-rados. El fracaso de miles de estudiantes en la universidad, la baja calificación de los alumnos en las últimas mediciones realizadas, la desigualdad de oportunidades y la inequitativa distribución de los recursos aparecen como los problemas pincipales.
Al menos así piensan varios especialistas consultados por El Panamá América quienes consideran prioritario realizar urgentes cambios para mejorar la calidad educativa. En esto también coinciden los candidatos presidenciales, quienes aseguran que pondrán especial énfasis en la e-ducación como pilar para garantizar el desarrollo del país.
Entre los responsables los analistas señalan a los docentes como un gremio conflictivo y reticente al cambio, la mala distribución de los fondos (más de la mitad se invierte en planillas y gastos de funcionamiento) y la politiquería criolla que con cada cambio de gobierno paraliza los avances de su antecesor.
El gobierno panameño destinó el año pasado B/552.7 millones a Educación, más de lo que correspondió al sector Salud y al Ministerio de Gobierno y Justicia.
Esa importante suma representa un 20.9% de sus gastos públicos, superando en este renglón a países como Japón (9.9 %), Estados Unidos (14.4 %) y Corea (17.5 %), naciones que aparecen en los primeros lugares de las pruebas de rendimiento académico. Sin embargo, Panamá ni siquiera compite en pruebas nacionales o internacionales que miden el rendimiento escolar de sus estudiantes.
Según el informe de la Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe y del Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional (CoSPAE), en el año 2002, Panamá obtuvo una “B”, tres “D”, una “C” y una “F”.
La experta en evaluación, la profesora Noemí Castillo, explicó que si se comparan las notas del país con las de un estudiante significa que hemos fracasado. La única área donde Panamá obtuvo una evaluación favorable fue en “acceso y cobertura”.
El profesor Andrés Rodríguez, presidente de la Asociación de Profesores de Panamá, indicó que si bien es cierto que la inversión en la educación es cuantiosa, no se distribuye, invierten ni fiscalizan los fondos como se debería.
Prueba de ello es que cada inicio del año escolar hay decenas de centros educativos que no reúnen las condiciones mínimas para recibir a los estudiantes. Tampoco se puede hablar de calidad de enseñanza en grupos de 48 estudiantes por salón o si los alumnos no tienen donde sentarse.
Rodríguez indicó que los gremios están abiertos a aceptar los cambios dependiendo del tipo que sea. Pero si se trata de dejar los colegios en manos de los municipios como se hizo en Honduras, Argentina y Chile, entonces no lo aceptarán, porque el Estado no puede librarse de cumplir con la responsabilidad que le da la Constitución de garantizar una educación gratuita y obligatoria.
Rodríguez recalcó que los educadores tienen toda la voluntad, el apego, el interés para el cambio, pero, eso sí, si se trata de cambios po-sitivos y no cambios que sometan al docente a una inestabilidad laboral, “contra esto pelearemos todo el tiempo”, manifestó.
En Panamá la calidad de la educación es deficiente, según estima el “Informe de Progreso Educativo de Panamá” elaborado por la misma Noemí Castillo para CoSPAE.
Según el documento publicado en el año 2002, y cuyas evaluaciones se hicieron en el año 2000, el rendimiento más alto de los estudiantes se concentró en asignaturas como Español y Ciencias Naturales; mientras que materias como Matemáticas y Ciencias Sociales obtuvieron las puntuaciones más bajas.
De acuerdo con el documento, la pobreza en la que está sumergido el estudiante contribuye a que los mejores resultados se den en las escuelas particulares y los peores en las oficiales.
Sin embargo, para el Ministerio de Educación esta evaluación no se ajusta a la realidad. Para Néstor Aguirre, del Departamento de Estadística de la Dirección Nacional de Planeamiento Educativo, la misma investigadora invalida su informe cuando en su introducción señala “debi-lidades importantes” en la selección de la muestra, falta de preparación de los maestros y la extensa aplicación de la prueba que fatigó a los estudiantes.
Aminta Peilcot, de la Dirección Nacional de Planeamiento Educativo del MEDUC, al igual que Aguirre, desestimó el escrito ya que en su opinión en Latinoamérica no existen estándares o indicadores para medir la calidad de la educación.
El Ing. Néstor Aguirre indicó en cambio que Panamá, a nivel regional, goza de los mejores índices educativos. Señaló que en preescolar hay 25 alumnos por cada docente; en primaria igual, mientras que en premedia y media 20 y 17 estudiantes por docentes, respectivamente, cuando el estimado es de 35.
En certificación de los docentes tampoco se está mal. Un 65% de los maestros de preescolar son graduados de la Normal de Santiago o tienen una licenciatura; 77% de los docentes de primaria son licenciados; en premedia 86% tienen un título universitario y en media 83% está graduado y especializado en la materia. Indicadores todos que miden la calidad de la educación.
Muy diferente es la opinión del ex ministro de Educación, Pablo Thalassinos, para quien “nuestra educación necesita urgentemente de un tratamiento nacional. Tiene que ser una educación vinculante con la realidad del país. Con las necesidades del sector productivo, que es en donde ese alumno va a ser su cliente primordial y se ganará su sustento”.
Debemos recurrir a todos los recursos humanos y políticos para lograr los cambios”.
Indicó que, por un lado, los educadores panameños son los mejores pagados de América Latina. Y, por el otro, tenemos el peor sistema de escogencia de los educadores y su repartición en el país.
El ex funcionario piensa que los educadores son reticentes al cambio, pero no todos. “Creo que la resistencia está más en la dirigencia gremial, que desean tener más control, o no perderlo, como es natural. Por eso hicieron que se derogara la ley de descentralización.
Desde el sector empresario, Modaldo Tuñón, presidente de la Comisión de Educación de la Asociación de Ejecutivos de Empresas (APEDE), señaló que las políticas educativas de Panamá no tienen “efectividad”.
Los niveles de enseñanza están bajos, por lo que estima que se debe hacer una inversión mayor y de mejor calidad en ciencia y tecnología.
Según el doctor, el bajo nivel de educación y la falta de impulso en áreas de la ciencia y tecnología han llevado al estancamiento económico del país.
"Se busca un joven que analice los problemas, los rediseñe y le dé un valor agregado. Un alumno mal preparado va a desplazar su oportunidad de trabajo.” dijo. Tuñón se refiere al Informe del Progreso Educativo de Panamá 2002. Según este estudio el proceso de reforma educativa en el país ha sido caracterizado por altos niveles de politización, pérdida de continuidad y niveles de calidad técnica variable.
Al menos así piensan varios especialistas consultados por El Panamá América quienes consideran prioritario realizar urgentes cambios para mejorar la calidad educativa. En esto también coinciden los candidatos presidenciales, quienes aseguran que pondrán especial énfasis en la e-ducación como pilar para garantizar el desarrollo del país.
Entre los responsables los analistas señalan a los docentes como un gremio conflictivo y reticente al cambio, la mala distribución de los fondos (más de la mitad se invierte en planillas y gastos de funcionamiento) y la politiquería criolla que con cada cambio de gobierno paraliza los avances de su antecesor.
El gobierno panameño destinó el año pasado B/552.7 millones a Educación, más de lo que correspondió al sector Salud y al Ministerio de Gobierno y Justicia.
Esa importante suma representa un 20.9% de sus gastos públicos, superando en este renglón a países como Japón (9.9 %), Estados Unidos (14.4 %) y Corea (17.5 %), naciones que aparecen en los primeros lugares de las pruebas de rendimiento académico. Sin embargo, Panamá ni siquiera compite en pruebas nacionales o internacionales que miden el rendimiento escolar de sus estudiantes.
Según el informe de la Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe y del Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional (CoSPAE), en el año 2002, Panamá obtuvo una “B”, tres “D”, una “C” y una “F”.
La experta en evaluación, la profesora Noemí Castillo, explicó que si se comparan las notas del país con las de un estudiante significa que hemos fracasado. La única área donde Panamá obtuvo una evaluación favorable fue en “acceso y cobertura”.
El profesor Andrés Rodríguez, presidente de la Asociación de Profesores de Panamá, indicó que si bien es cierto que la inversión en la educación es cuantiosa, no se distribuye, invierten ni fiscalizan los fondos como se debería.
Prueba de ello es que cada inicio del año escolar hay decenas de centros educativos que no reúnen las condiciones mínimas para recibir a los estudiantes. Tampoco se puede hablar de calidad de enseñanza en grupos de 48 estudiantes por salón o si los alumnos no tienen donde sentarse.
Rodríguez indicó que los gremios están abiertos a aceptar los cambios dependiendo del tipo que sea. Pero si se trata de dejar los colegios en manos de los municipios como se hizo en Honduras, Argentina y Chile, entonces no lo aceptarán, porque el Estado no puede librarse de cumplir con la responsabilidad que le da la Constitución de garantizar una educación gratuita y obligatoria.
Rodríguez recalcó que los educadores tienen toda la voluntad, el apego, el interés para el cambio, pero, eso sí, si se trata de cambios po-sitivos y no cambios que sometan al docente a una inestabilidad laboral, “contra esto pelearemos todo el tiempo”, manifestó.
En Panamá la calidad de la educación es deficiente, según estima el “Informe de Progreso Educativo de Panamá” elaborado por la misma Noemí Castillo para CoSPAE.
Según el documento publicado en el año 2002, y cuyas evaluaciones se hicieron en el año 2000, el rendimiento más alto de los estudiantes se concentró en asignaturas como Español y Ciencias Naturales; mientras que materias como Matemáticas y Ciencias Sociales obtuvieron las puntuaciones más bajas.
De acuerdo con el documento, la pobreza en la que está sumergido el estudiante contribuye a que los mejores resultados se den en las escuelas particulares y los peores en las oficiales.
Sin embargo, para el Ministerio de Educación esta evaluación no se ajusta a la realidad. Para Néstor Aguirre, del Departamento de Estadística de la Dirección Nacional de Planeamiento Educativo, la misma investigadora invalida su informe cuando en su introducción señala “debi-lidades importantes” en la selección de la muestra, falta de preparación de los maestros y la extensa aplicación de la prueba que fatigó a los estudiantes.
Aminta Peilcot, de la Dirección Nacional de Planeamiento Educativo del MEDUC, al igual que Aguirre, desestimó el escrito ya que en su opinión en Latinoamérica no existen estándares o indicadores para medir la calidad de la educación.
El Ing. Néstor Aguirre indicó en cambio que Panamá, a nivel regional, goza de los mejores índices educativos. Señaló que en preescolar hay 25 alumnos por cada docente; en primaria igual, mientras que en premedia y media 20 y 17 estudiantes por docentes, respectivamente, cuando el estimado es de 35.
En certificación de los docentes tampoco se está mal. Un 65% de los maestros de preescolar son graduados de la Normal de Santiago o tienen una licenciatura; 77% de los docentes de primaria son licenciados; en premedia 86% tienen un título universitario y en media 83% está graduado y especializado en la materia. Indicadores todos que miden la calidad de la educación.
Muy diferente es la opinión del ex ministro de Educación, Pablo Thalassinos, para quien “nuestra educación necesita urgentemente de un tratamiento nacional. Tiene que ser una educación vinculante con la realidad del país. Con las necesidades del sector productivo, que es en donde ese alumno va a ser su cliente primordial y se ganará su sustento”.
Debemos recurrir a todos los recursos humanos y políticos para lograr los cambios”.
Indicó que, por un lado, los educadores panameños son los mejores pagados de América Latina. Y, por el otro, tenemos el peor sistema de escogencia de los educadores y su repartición en el país.
El ex funcionario piensa que los educadores son reticentes al cambio, pero no todos. “Creo que la resistencia está más en la dirigencia gremial, que desean tener más control, o no perderlo, como es natural. Por eso hicieron que se derogara la ley de descentralización.
Desde el sector empresario, Modaldo Tuñón, presidente de la Comisión de Educación de la Asociación de Ejecutivos de Empresas (APEDE), señaló que las políticas educativas de Panamá no tienen “efectividad”.
Los niveles de enseñanza están bajos, por lo que estima que se debe hacer una inversión mayor y de mejor calidad en ciencia y tecnología.
Según el doctor, el bajo nivel de educación y la falta de impulso en áreas de la ciencia y tecnología han llevado al estancamiento económico del país.
"Se busca un joven que analice los problemas, los rediseñe y le dé un valor agregado. Un alumno mal preparado va a desplazar su oportunidad de trabajo.” dijo. Tuñón se refiere al Informe del Progreso Educativo de Panamá 2002. Según este estudio el proceso de reforma educativa en el país ha sido caracterizado por altos niveles de politización, pérdida de continuidad y niveles de calidad técnica variable.
En el 2003 se matricularon en todo el sistema educativo panameño 745,595 estudiantes. Para este año se estima una matrícula de 773,092 alumnos, lo que representa un crecimiento del 3.7 por ciento. A nivel preescolar hay matriculados 74,463 estudiantes; en la primaria 414,904 alumnos; en pre media 155,143 estudiantes y en la media 96,085. En la educación superior hay matriculados 126,476 estudiantes, siendo las que tienen mayor matrícula la Universidad de Panamá (69,156) y la Universidad Tecnológica de Panamá ( 15,735). La Universidad Santa María La Antigua cuenta con 4,375 estudiantes y la Universidad Autónoma de Chiriquí con 8,301. Los educadores panameños son los cuarto mejores pagados en América Latina según un estudio del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL). En Panamá hay 388 escuelas, de las cuales 3,400 son primarias y 400 secundarias. Existen 40 mil e-ducadores en la planilla estatal y para el 2004 se han nombrado 3,200 maestros y profesores. Más del 60 por ciento de las escuelas en Panamá son multigrados y , muchas de ellas, son ranchos o improvisadas chozas . Existen 15 gremios de educadores en todo el país. Según la dirección de Planeamiento Educativo del Ministerio de Educación, la tasa de fracasos durante el año pasado fue de 7 por ciento a nivel de las escuelas primarias y la deserción escolar superó el 2 por ciento. A nivel de secundaria la tasa de repetición llega al 5 por ciento. En Panamá hay 20 universidades (4 oficiales y 16 particulares) y u-nos 22 centros de educación no universitaria, 10 bajo la administración del Estado. El promedio de años de escolaridad en la población de 25 años en nuestro país según PREAL es de 8.68 años. Los más pobres estudian un promedio de 4 años, mientras que los más adinerados lo hacen por 14 años. Anualmente, cada alumno de primaria le cuesta al Estado B/.644 y el de secundaria B/.1.800.