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Mudanza


Es decir cambiar las referencias topográficas del país, dentro de las ciudades algo que a muchos les ocurre. A veces y no se cuándo, es agradable por las expectativas que se crean, a veces cuesta por los años de haberse acostumbrado a la rutina del pasaje diario.

Hace tiempo, un slogan que decía “Con mi misma gente en el mismo ambiente” y causaba hilaridad porque a pocas personas les complace cambiar de vecindario, de panadería, supermercado, farmacia, todo lo que está al alcance de la mano y cuando te mudas a ver dónde hay una parada de buses, dónde queda la estación de policía, etc... dónde está el templo católico, si hay.

Queda demostrado de que el hombre es un animal de costumbres, la costumbre se define como repetición de hábitos, el hábito es modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes u originado por tendencias instintivas. Así se explican muchas descripciones que hacemos de los seres humanos en general y de los de algún país en particular. Las buenas costumbres no se improvisan como tampoco las malas. Ambas son resultado de la repetición de actos. Vencer una costumbre o adquirir una buena costumbre la expresamos nosotros coloquialmente diciendo que equivale a “ensillar un gallote”. Hay situaciones en que hay que mudarse y así en nuestra ciudad desde el punto de vista de las estructuras físicas de colegios oficiales y particulares se han dado mudanzas o cambios, el Bolívar, Saint Mary’s, la ESNO, María Inmaculada, Las Esclavas, San Agustín y otros. Ahora le toca al famoso Colegio Javier. Este colegio desde su fundación ha funcionado primero en el Casco Viejo junto al mar, luego en Perejil (Perry’s Hill) y ahora desde el mes de abril funcionará en las áreas revertidas en Clayton.

Esto supone una traumática mudanza. ¿Qué va a suceder con las estructuras que albergaron la primaria y la secundaria? Los nuevos dueños por compra de los terrenos, decidirán, pero todo indica que desaparecerán. Con los escombros y caliches se irán tantos recuerdos de esfuerzos por disciplinar académica, religiosa y humanamente a aquellos miles de estudiantes de Panamá que alegraron las aulas con su niñez y juventud y que sudaron las reválidas y los que protagonizaron encuentros futbolísticos, baloncesto, soft ball, y por qué no, confrontaciones boxísticas. Pasen las cosas antiguas y que sea todo nuevo. Reza un himno de Santo Tomás de Aquino. Entraremos en otra fase histórica de la vida colegial. Nuevos nombres de rectores, directores y directoras, profesores y maestras. Muchos repiten algo que suena a perogrullada: “Ya el colegio no es lo mismo”, pero ni siquiera uno es lo mismo. No solo el Javier, ni tampoco los otros colegios. Caben discusiones, pero los ideales son los mismos, distintos los actores, variables las épocas.

101 años de Panamá América

 
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