Muerta la democracia: ¿Sobrevivirá Occidente?
NO HACE FALTA decir que la democracia fue el mejor sistema político posible. Los Estados Unidos tuvieron, desde su fundación, el raro privilegio de contar con una de las mejores. Pero bajo la doctrina Monroe y a partir de la presidencia de Richard Nixon se comenzó a envenenar el sistema. Algo que el misterioso asesinato de los Kennedy ya había dejado flotando en el aire. Recuerdo aquellos días y en especial el notorio encubrimiento del complot en las omisiones del informe Warren.
Luego vino el affaire Irán-Contras en la época del desmemoriado Reagan y el siniestro Plan Cóndor de Kissinger-Pinochet. Después, el inconcebible, vergonzoso y humillante juicio político a Clinton por mentir en una cuestión privada de faldas -como desde los tiempos de George Washington las ha habido (leer Burr de Gore Vidal)- un triste hecho, mucho más trivial y menos trascendente que un asunto de estado tan grave como ha sido la mentira para justificar la invasión a Irak sobre unas armas de destrucción masiva que hoy sabemos sólo existieron en las mentes febriles de la extrema derecha del Partido Republicano.
Democracia que tanto la prisión de Abu Ghraib como el limbo legal fabricado en Guantánamo y la GESTAPO flotante de los vuelos secretos de la CIA, terminaron por liquidar. Sus estertores mortecinos comenzaron cuando la Corte Suprema desautorizó el recuento de votos ordenado por la Corte Suprema del Estado de la Florida y consolidó el fraude entregándole el poder a los republicanos de Bush que ya habían perdido en el recuento nacional, pero que por una rendija legal obsoleta, la del Colegio Electoral y sus máquinas manipuladoras, decretaron solemnemente la derrota del demócrata Albert Gore. Así, en lo que ha sido considerado como un golpe de Estado "constitucional", el candidato más votado terminó siendo vetado por la ley.
Si en Venezuela, Ecuador o Bolivia se hubiera hecho lo mismo, hoy estarían en la lista negra de la ONU y serían considerados países "menos favorecidos" en la autoritaria relación comercial que impone Estados Unidos a los gobiernos que no son de su agrado, o que no se someten fácilmente a sus caprichos y deseos. Sólo México siguió el mal ejemplo de su vecino apoyado en el silencio cómplice de los otros socios comerciales de la región, incluido nuestro gobierno y su tradicional metamorfismo político. Acorde con su legendaria y engañosa filosofía partidaria, la del juega vivo, donde siempre habrá allí un candidato del color adecuado para cada elección que se presente.
En la mañana del 9/11, mientras se destruían los cimientos de las Torres Gemelas y con ellos los de la libertad ciudadana -el corazón mismo de la democracia- con la lectura de un libro de cuentos, en una escuela de párvulos, se la estaba enterrando bajo la confundida mirada de un presidente atontado y sin reflejos ante una emergencia nacional varias veces advertida.
En los Estados Unidos la victoria del terrorismo está a la vista, pues en lugar de combatirlo con el Estado de derecho lo hicieron con las armas del miedo y la mentira. Allí se conculcan libertades fundamentales bajo la infausta teoría fascista de la seguridad nacional. Ahora todo el mundo sospecha de todo el mundo. Viajar es una odisea. Nadie sabe si será la próxima víctima de un acto terrorista o de una persecución gubernamental gratuita. La mayoría de los muertos en esta "guerra preventiva" fueron ciudadanos inocentes. Todos sospechan de las instituciones, pues los poderes constitucionales son utilizados para fines políticos y comerciales. La diferencia con otros autoritarismos constitucionales de la región reside en que el capitalismo neoliberal estadounidense sostiene económicamente al poder militar mientras el aparato político y la industria bélica son bendecidos desde las tribunas evangélicas en un sistema político-empresarial-religioso que prácticamente mantiene secuestrada la voluntad del pueblo de los Estados Unidos de América expresada en las últimas elecciones legislativas.
De este lado del Río Grande las izquierdas astutas se han avispado de tal modo que, aprovechándose de la natural concupiscencia capitalista, donde no existe otra moral que la ganancia a cualquier costo y donde no se pregunta quién paga ni quién compra; bajo una "libre competencia" donde siempre ganan los ganadores y siempre pierden los perdedores, los petrodólares han cambiado de color, ahora son verdes tirando a rojo naranja. Como el dios del mercado no tiene banderas ni credo ideológico, han utilizado la democracia para terminar de socavarla.
El numen que vaga por mis sueños me ha revelado que el nuevo sistema que remplace a la señora de la política será copia fiel de la plutocracia empresarial que, como un tsunami global, nos invade y somete. Las repúblicas no serán ya de los ciudadanos, sino de los tenedores de acciones.
El Pacto Social pasará a ser la Constitución Nacional. El Tribunal Electoral será reemplazado por un simple notario que testimonie la autenticidad de las acciones y de los "proxy". La Junta Directiva ocupará el lugar dejado por los diputados. Ésta, en representación de los accionistas mayoritarios, decidirá la remoción o reelección del Gerente Patrio en un sistema similar al de Microsoft, ENRON o la ACP. Para entonces, PEDEVESA será líder en un planeta convertido en una gigantesca sociedad anónima de responsabilidad ilimitada. La paradoja de este nuevo sistema, es que para llegar a ser un empresario honesto y socialmente responsable se necesitará ser revolucionario.
Perdida entonces la identidad nacional y obsoleta la cédula de identidad, ¿votaremos con tarjeta de crédito?
(drjcal@psi.net.pa)
Luego vino el affaire Irán-Contras en la época del desmemoriado Reagan y el siniestro Plan Cóndor de Kissinger-Pinochet. Después, el inconcebible, vergonzoso y humillante juicio político a Clinton por mentir en una cuestión privada de faldas -como desde los tiempos de George Washington las ha habido (leer Burr de Gore Vidal)- un triste hecho, mucho más trivial y menos trascendente que un asunto de estado tan grave como ha sido la mentira para justificar la invasión a Irak sobre unas armas de destrucción masiva que hoy sabemos sólo existieron en las mentes febriles de la extrema derecha del Partido Republicano.
Democracia que tanto la prisión de Abu Ghraib como el limbo legal fabricado en Guantánamo y la GESTAPO flotante de los vuelos secretos de la CIA, terminaron por liquidar. Sus estertores mortecinos comenzaron cuando la Corte Suprema desautorizó el recuento de votos ordenado por la Corte Suprema del Estado de la Florida y consolidó el fraude entregándole el poder a los republicanos de Bush que ya habían perdido en el recuento nacional, pero que por una rendija legal obsoleta, la del Colegio Electoral y sus máquinas manipuladoras, decretaron solemnemente la derrota del demócrata Albert Gore. Así, en lo que ha sido considerado como un golpe de Estado "constitucional", el candidato más votado terminó siendo vetado por la ley.
Si en Venezuela, Ecuador o Bolivia se hubiera hecho lo mismo, hoy estarían en la lista negra de la ONU y serían considerados países "menos favorecidos" en la autoritaria relación comercial que impone Estados Unidos a los gobiernos que no son de su agrado, o que no se someten fácilmente a sus caprichos y deseos. Sólo México siguió el mal ejemplo de su vecino apoyado en el silencio cómplice de los otros socios comerciales de la región, incluido nuestro gobierno y su tradicional metamorfismo político. Acorde con su legendaria y engañosa filosofía partidaria, la del juega vivo, donde siempre habrá allí un candidato del color adecuado para cada elección que se presente.
En la mañana del 9/11, mientras se destruían los cimientos de las Torres Gemelas y con ellos los de la libertad ciudadana -el corazón mismo de la democracia- con la lectura de un libro de cuentos, en una escuela de párvulos, se la estaba enterrando bajo la confundida mirada de un presidente atontado y sin reflejos ante una emergencia nacional varias veces advertida.
En los Estados Unidos la victoria del terrorismo está a la vista, pues en lugar de combatirlo con el Estado de derecho lo hicieron con las armas del miedo y la mentira. Allí se conculcan libertades fundamentales bajo la infausta teoría fascista de la seguridad nacional. Ahora todo el mundo sospecha de todo el mundo. Viajar es una odisea. Nadie sabe si será la próxima víctima de un acto terrorista o de una persecución gubernamental gratuita. La mayoría de los muertos en esta "guerra preventiva" fueron ciudadanos inocentes. Todos sospechan de las instituciones, pues los poderes constitucionales son utilizados para fines políticos y comerciales. La diferencia con otros autoritarismos constitucionales de la región reside en que el capitalismo neoliberal estadounidense sostiene económicamente al poder militar mientras el aparato político y la industria bélica son bendecidos desde las tribunas evangélicas en un sistema político-empresarial-religioso que prácticamente mantiene secuestrada la voluntad del pueblo de los Estados Unidos de América expresada en las últimas elecciones legislativas.
De este lado del Río Grande las izquierdas astutas se han avispado de tal modo que, aprovechándose de la natural concupiscencia capitalista, donde no existe otra moral que la ganancia a cualquier costo y donde no se pregunta quién paga ni quién compra; bajo una "libre competencia" donde siempre ganan los ganadores y siempre pierden los perdedores, los petrodólares han cambiado de color, ahora son verdes tirando a rojo naranja. Como el dios del mercado no tiene banderas ni credo ideológico, han utilizado la democracia para terminar de socavarla.
El numen que vaga por mis sueños me ha revelado que el nuevo sistema que remplace a la señora de la política será copia fiel de la plutocracia empresarial que, como un tsunami global, nos invade y somete. Las repúblicas no serán ya de los ciudadanos, sino de los tenedores de acciones.
El Pacto Social pasará a ser la Constitución Nacional. El Tribunal Electoral será reemplazado por un simple notario que testimonie la autenticidad de las acciones y de los "proxy". La Junta Directiva ocupará el lugar dejado por los diputados. Ésta, en representación de los accionistas mayoritarios, decidirá la remoción o reelección del Gerente Patrio en un sistema similar al de Microsoft, ENRON o la ACP. Para entonces, PEDEVESA será líder en un planeta convertido en una gigantesca sociedad anónima de responsabilidad ilimitada. La paradoja de este nuevo sistema, es que para llegar a ser un empresario honesto y socialmente responsable se necesitará ser revolucionario.
Perdida entonces la identidad nacional y obsoleta la cédula de identidad, ¿votaremos con tarjeta de crédito?
(drjcal@psi.net.pa)