"Muerte por la libertad"
Debe haber sido doloroso y traumático, sin duda, para el niño de sólo 6 años, Elián González, que en menos de dos meses vio a su madre morir ahogada (en el intento de darle libertad a su menor hijo), sobrevivió por horas y horas aferrado a un neumático, y luego es la disputa central sobre su situación migratoria de devolución o no a Cuba.
Luego de haber sido rescatado, el pasado 25 de noviembre, en aguas del Caribe como único sobreviviente de un grupo de náufragos cubanos, que huían del régimen unipersonal que se aplica en la isla, en busca de libertad, la cual está considerablemente coartada por las leyes del Estado cubano.
Consideramos que, aunque la decisión final sobre el tema deben tomarlas las autoridades de Estados Unidos, debe considerarse si su retorno a Cuba conlleva el bienestar o el interés superior del menor contemplado en la Convención de Derechos del Niño de la ONU. Aunado a ello, también habría que tomarse en cuenta, aunque está muerta, el deseo que llevó a su madre a cruzar el mar Caribe al huir del régimen imperante en la isla; que ofreció a cambio su vida en el intento de darle a su hijo la libertad y ofrecerle un mundo más libre, justo y humano, donde no se coarte las libertades en todas sus formas, como ocurre en la isla caribeña, desde hace 40 años.
Y es que en Cuba, los padres no pueden tomar libremente decisiones sobre la educación de sus hijos. Que estos están condenados a quedar marginados en el desarrollo de su vida si no entran a formar parte de los denominados Pioneros Comunistas o en su defecto, son enviados a las llamadas Escuelas en el Campo, donde tienen que trabajar en labores agrícolas.
Creemos que sería injusto por decir lo menos, para este niño de 6 años, que luego de perder a su madre y a su padrastro en su intento de huir de la isla, regida por un partido autoritario, también este niño golpeado por la desgracia, tenga que perder su recién estrenada libertad, que al parecer parece ser el único legado dejado por su madre.
Luego de haber sido rescatado, el pasado 25 de noviembre, en aguas del Caribe como único sobreviviente de un grupo de náufragos cubanos, que huían del régimen unipersonal que se aplica en la isla, en busca de libertad, la cual está considerablemente coartada por las leyes del Estado cubano.
Consideramos que, aunque la decisión final sobre el tema deben tomarlas las autoridades de Estados Unidos, debe considerarse si su retorno a Cuba conlleva el bienestar o el interés superior del menor contemplado en la Convención de Derechos del Niño de la ONU. Aunado a ello, también habría que tomarse en cuenta, aunque está muerta, el deseo que llevó a su madre a cruzar el mar Caribe al huir del régimen imperante en la isla; que ofreció a cambio su vida en el intento de darle a su hijo la libertad y ofrecerle un mundo más libre, justo y humano, donde no se coarte las libertades en todas sus formas, como ocurre en la isla caribeña, desde hace 40 años.
Y es que en Cuba, los padres no pueden tomar libremente decisiones sobre la educación de sus hijos. Que estos están condenados a quedar marginados en el desarrollo de su vida si no entran a formar parte de los denominados Pioneros Comunistas o en su defecto, son enviados a las llamadas Escuelas en el Campo, donde tienen que trabajar en labores agrícolas.
Creemos que sería injusto por decir lo menos, para este niño de 6 años, que luego de perder a su madre y a su padrastro en su intento de huir de la isla, regida por un partido autoritario, también este niño golpeado por la desgracia, tenga que perder su recién estrenada libertad, que al parecer parece ser el único legado dejado por su madre.