Muerte por uranio
A un militar en situación de guerra se le paga para que sepa matar y sepa morir, así de claramente horroroso es el asunto porque toda guerra es, de alguna manera, una negación de la inteligencia humana, una involución de salvajismo animal y un rechazo a la vida.
Soldados serbios y de la OTAN están muriendo fuera de combate por causas relacionadas con leucemia u otras formas persistentes de contaminación radiactiva y tóxica tras los conflictos armados de Bosnia (1995) y Kosovo (1999), en donde fueron utilizados proyectiles recubiertos de uranio empobrecido.
Sólo en el conflicto de Kosovo de 1999 la OTAN lanzó más de 30 mil proyectiles provistos cada uno con 300 gramos de uranio empobrecido, con el fin de aumentar la capacidad de penetración de blindajes, mientras que 10 mil fueron los utilizados contra los serbios en Bosnia entre 1994 y 1995 por la aviación de EE.UU que ya los había usado durante la guerra contra Irak durante la llamada operación "Tormenta del Desierto".
En las últimas semanas se han confirmado oficialmente casos del enfermos y muertos por leucemia: en soldados de Portugal, un muerto, Italia, 8 militares muertos y 10 casos sospechosos; Bélgica con 4 muertos, 2 en Holanda, 4 soldados franceses infectados, un ex-ingeniero del ejército británico manifiesta los síntomas del llamado "Síndrome de los Balcanes". Los ecologistas, por su parte, sostienen que el uranio empobrecido provoca leucemia, malformaciones y problemas de esterilidad.
En España el representante de la Oficina del Defensor del Soldado explicó que ese organismo está llevando los casos de dos familias afectadas, una de ellas de un soldado en Zaragoza que regresó de Kosovo en julio y murió en octubre y el de un joven soldado que está recibiendo tratamientos de quimioterapia. En Irak, más de 250 mil ciudadanos padecen y mueren a consecuencia de enfermedades de difícil diagnóstico, conocidas como "Síndrome del Golfo", muy similar al de los Balcanes.
En septiembre del año pasado, el científico estadounidense Asaph Durarakovic, especialista en medicina nuclear y ex-experto del Pentágono, afirmó que el uranio empobrecido utilizado en Irak, habría ocasionado el llamado "Síndrome del Golfo" que afectó a más de 100 mil veteranos estadounidenses, canadienses y británicos, quienes presentan como síntomas dolores musculares, pérdida de la memoria y del sueño y fatiga crónica. Más de 320 toneladas de uranio empobrecido fueron utilizados por EE.UU en la Guerra del Golfo.
Cuando un proyectil de ese tipo impacta contra su objetivo el 70% de su revestimiento de uranio empobrecido arde y se oxida, volatizándose en micropartículas altamente tóxicas y radiactivas que pueden ser ingeridas o inhaladas tras quedar depositadas en el suelo o al ser transportadas a kilómetros de distancia, afectando también la cadena alimenticia, el ganado y las aguas.
En su informe técnico presentado por el ejército norteamericano en 1995 se señala que "si el uranio empobrecido penetra el cuerpo tiene la potencialidad de provocar graves consecuencia médicas, tanto químicas como radiológicas". El uranio empobrecido 236 y 238 se aloja en los pulmones, riñones, hígado y otros órganos internos y las sustancias que producen su degradación (Torio 234, protactinio y otros isótopos de uranio) emiten radiaciones ALFA y BETA que provocan muerte celular y mutaciones genéticas causantes, al cabo de los años, cáncer en los individuos expuestos y de malformaciones congénitos en sus descendientes.
El diario mexicano "La Jornada", en su editorial del pasado 5 de enero apunta que: "La incuestionable hegemonía militar de EE.UU; líder de facto de la OTAN, consolidada en IRAK y KOSOVO mediante tecnología de puntas, con bombas de alta precisión capaces de destruir un objetivo sin afectar a seres humanos, se enfrenta a una ironía bélica de la historia que puede manchar de muerte sus publicitadas guerras "limpias" o "humanitarias".
Las distintas organizaciones pacifistas, ecológicas y humanitarias del mundo se preguntan cuál es la opinión del Tribunal de Crímenes de Guerra sobre este asunto. Finalmente, como indicó recientemente un articulista del diario español "EL PAIS", no se juzgan las pacificaciones ni los humanitarismos. Sobre todo cuando estas balas están disparadas por la democracia y por la libertad, y ya se ve lo que han conseguido: Milosevic no se ha ido por la fuerza, sino por unas elecciones libres, bien vigiladas y con resultados rápidos para que no haya trampas.
Soldados serbios y de la OTAN están muriendo fuera de combate por causas relacionadas con leucemia u otras formas persistentes de contaminación radiactiva y tóxica tras los conflictos armados de Bosnia (1995) y Kosovo (1999), en donde fueron utilizados proyectiles recubiertos de uranio empobrecido.
Sólo en el conflicto de Kosovo de 1999 la OTAN lanzó más de 30 mil proyectiles provistos cada uno con 300 gramos de uranio empobrecido, con el fin de aumentar la capacidad de penetración de blindajes, mientras que 10 mil fueron los utilizados contra los serbios en Bosnia entre 1994 y 1995 por la aviación de EE.UU que ya los había usado durante la guerra contra Irak durante la llamada operación "Tormenta del Desierto".
En las últimas semanas se han confirmado oficialmente casos del enfermos y muertos por leucemia: en soldados de Portugal, un muerto, Italia, 8 militares muertos y 10 casos sospechosos; Bélgica con 4 muertos, 2 en Holanda, 4 soldados franceses infectados, un ex-ingeniero del ejército británico manifiesta los síntomas del llamado "Síndrome de los Balcanes". Los ecologistas, por su parte, sostienen que el uranio empobrecido provoca leucemia, malformaciones y problemas de esterilidad.
En España el representante de la Oficina del Defensor del Soldado explicó que ese organismo está llevando los casos de dos familias afectadas, una de ellas de un soldado en Zaragoza que regresó de Kosovo en julio y murió en octubre y el de un joven soldado que está recibiendo tratamientos de quimioterapia. En Irak, más de 250 mil ciudadanos padecen y mueren a consecuencia de enfermedades de difícil diagnóstico, conocidas como "Síndrome del Golfo", muy similar al de los Balcanes.
En septiembre del año pasado, el científico estadounidense Asaph Durarakovic, especialista en medicina nuclear y ex-experto del Pentágono, afirmó que el uranio empobrecido utilizado en Irak, habría ocasionado el llamado "Síndrome del Golfo" que afectó a más de 100 mil veteranos estadounidenses, canadienses y británicos, quienes presentan como síntomas dolores musculares, pérdida de la memoria y del sueño y fatiga crónica. Más de 320 toneladas de uranio empobrecido fueron utilizados por EE.UU en la Guerra del Golfo.
Cuando un proyectil de ese tipo impacta contra su objetivo el 70% de su revestimiento de uranio empobrecido arde y se oxida, volatizándose en micropartículas altamente tóxicas y radiactivas que pueden ser ingeridas o inhaladas tras quedar depositadas en el suelo o al ser transportadas a kilómetros de distancia, afectando también la cadena alimenticia, el ganado y las aguas.
En su informe técnico presentado por el ejército norteamericano en 1995 se señala que "si el uranio empobrecido penetra el cuerpo tiene la potencialidad de provocar graves consecuencia médicas, tanto químicas como radiológicas". El uranio empobrecido 236 y 238 se aloja en los pulmones, riñones, hígado y otros órganos internos y las sustancias que producen su degradación (Torio 234, protactinio y otros isótopos de uranio) emiten radiaciones ALFA y BETA que provocan muerte celular y mutaciones genéticas causantes, al cabo de los años, cáncer en los individuos expuestos y de malformaciones congénitos en sus descendientes.
El diario mexicano "La Jornada", en su editorial del pasado 5 de enero apunta que: "La incuestionable hegemonía militar de EE.UU; líder de facto de la OTAN, consolidada en IRAK y KOSOVO mediante tecnología de puntas, con bombas de alta precisión capaces de destruir un objetivo sin afectar a seres humanos, se enfrenta a una ironía bélica de la historia que puede manchar de muerte sus publicitadas guerras "limpias" o "humanitarias".
Las distintas organizaciones pacifistas, ecológicas y humanitarias del mundo se preguntan cuál es la opinión del Tribunal de Crímenes de Guerra sobre este asunto. Finalmente, como indicó recientemente un articulista del diario español "EL PAIS", no se juzgan las pacificaciones ni los humanitarismos. Sobre todo cuando estas balas están disparadas por la democracia y por la libertad, y ya se ve lo que han conseguido: Milosevic no se ha ido por la fuerza, sino por unas elecciones libres, bien vigiladas y con resultados rápidos para que no haya trampas.