Muertes por accidentes de tránsito
¡Es inútil! Debemos darnos cuenta de que no basta tener buena voluntad y emplear medios de toda clase para evitar muertes inútiles; es indispensable la educación a los panameños para que cada uno se haga responsable de sus hechos y se amolde a lo que debe o no llevar a cabo. Por otro lado, si ellos se mataran solos y dejaran a los demás en paz, dolería igual, pero los inocentes quedan vivos para llegar a ocupar posiciones positivas y beneficiosas para el país y su familia.
Tenemos que reconocer la labor desplegada por las autoridades de tránsito, antes y durante los días de carnaval. Cuánto dijeron a través de los medios de comunicación aconsejando, haciendo llamados a la cordura, colocaron radio patrullas a lo largo de la carretera, y vigilaban como era su obligación; sin embargo, la irresponsabilidad hacía que esos panameños, una vez pasado el carro de policía, pisaban el acelerador y vamos con la velocidad, enemiga de la vida.
Cuando leí que en 48 horas de carnaval iban 12 muertos por accidente de tránsito, me entristecí porque no avanzamos; mis compatriotas no controlan sus emociones, su inseguridad y su inmadurez hasta cometer suicidio y homicidios con esa arma en potencia que es un auto. Entonces, vale la pena estudiar las causas de este comportamiento y hacer que psicólogos y sociólogos nos digan el resultado de un estudio profundo del mismo. Ambas escuelas de la Universidad de Panamá debieran imponerse como obligación hacer esa investigación, parte de su trabajo y estudio. No podemos continuar con esta situación inadmisible y cruzarnos de brazos sólo con comentarios, dolor y luto en las familias afectadas.
Desde hace años he insistido en la necesidad de incluir en los currículums de las escuelas secundarias una materia que se llame Educación Vial. Para mí es tan necesaria e importante como la Historia y la Geografía. Al que maneja, al peatón y para todos sería beneficioso conocer desde jóvenes las reglas de tránsito y, sobre todo, los derechos y obligaciones de los conductores y de quienes cruzan las calles y carreteras.
He visto buses de transporte público detenerse en la autopista a dejar pasajeros, lo que está prohibido; luego, esas personas cruzan la autopista totalmente despistados del peligro que significa y de que están violando las reglas. Para qué hablar de buses de pasajeros y taxis, y los autos particulares. Pero, la labor no debe ser sólo del gobierno, a través de las autoridades de Tránsito y el Ministerio de Educación llevando a cabo una reforma educativa que incluya ésta y otras materias parecidas. La educación debe venir también del hogar, de los padres que enseñen teóricamente y con ejemplos a sus hijos sobre cómo hacer bien las cosas, cómo actuar con responsabilidad, cómo respetar lo establecido y respetarse a sí mismos. No diré que la educación de antaño era superior a la actual; tampoco diré que las personas éramos más responsables, porque sería llover sobre mojado. Sin embargo, sí diré que la vida ha cambiado radicalmente y, por lo tanto, es necesario modernizar la educación en todo sentido, modernizar las infraestructuras necesarias para que se desarrollen los adelantos actuales.
Un poroto grande para el tránsito, por el esfuerzo que desplegó en carnavales y un repudio a los panameños insensatos, irreverentes por falta de respeto a lo instituido y por un "poco me importa" con las consecuencias posteriores a los errores cometidos. Es hora de que comencemos a investigar seriamente para encontrar resultados, aunque no nos agraden y dar soluciones en todos los sectores correspondientes. Volvamos a la educación.
Tenemos que reconocer la labor desplegada por las autoridades de tránsito, antes y durante los días de carnaval. Cuánto dijeron a través de los medios de comunicación aconsejando, haciendo llamados a la cordura, colocaron radio patrullas a lo largo de la carretera, y vigilaban como era su obligación; sin embargo, la irresponsabilidad hacía que esos panameños, una vez pasado el carro de policía, pisaban el acelerador y vamos con la velocidad, enemiga de la vida.
Cuando leí que en 48 horas de carnaval iban 12 muertos por accidente de tránsito, me entristecí porque no avanzamos; mis compatriotas no controlan sus emociones, su inseguridad y su inmadurez hasta cometer suicidio y homicidios con esa arma en potencia que es un auto. Entonces, vale la pena estudiar las causas de este comportamiento y hacer que psicólogos y sociólogos nos digan el resultado de un estudio profundo del mismo. Ambas escuelas de la Universidad de Panamá debieran imponerse como obligación hacer esa investigación, parte de su trabajo y estudio. No podemos continuar con esta situación inadmisible y cruzarnos de brazos sólo con comentarios, dolor y luto en las familias afectadas.
Desde hace años he insistido en la necesidad de incluir en los currículums de las escuelas secundarias una materia que se llame Educación Vial. Para mí es tan necesaria e importante como la Historia y la Geografía. Al que maneja, al peatón y para todos sería beneficioso conocer desde jóvenes las reglas de tránsito y, sobre todo, los derechos y obligaciones de los conductores y de quienes cruzan las calles y carreteras.
He visto buses de transporte público detenerse en la autopista a dejar pasajeros, lo que está prohibido; luego, esas personas cruzan la autopista totalmente despistados del peligro que significa y de que están violando las reglas. Para qué hablar de buses de pasajeros y taxis, y los autos particulares. Pero, la labor no debe ser sólo del gobierno, a través de las autoridades de Tránsito y el Ministerio de Educación llevando a cabo una reforma educativa que incluya ésta y otras materias parecidas. La educación debe venir también del hogar, de los padres que enseñen teóricamente y con ejemplos a sus hijos sobre cómo hacer bien las cosas, cómo actuar con responsabilidad, cómo respetar lo establecido y respetarse a sí mismos. No diré que la educación de antaño era superior a la actual; tampoco diré que las personas éramos más responsables, porque sería llover sobre mojado. Sin embargo, sí diré que la vida ha cambiado radicalmente y, por lo tanto, es necesario modernizar la educación en todo sentido, modernizar las infraestructuras necesarias para que se desarrollen los adelantos actuales.
Un poroto grande para el tránsito, por el esfuerzo que desplegó en carnavales y un repudio a los panameños insensatos, irreverentes por falta de respeto a lo instituido y por un "poco me importa" con las consecuencias posteriores a los errores cometidos. Es hora de que comencemos a investigar seriamente para encontrar resultados, aunque no nos agraden y dar soluciones en todos los sectores correspondientes. Volvamos a la educación.