Muestra de solidaridad
Año tras año, el Club 20-30 viene derrochando solidaridad humana hacia quienes sufren, sobre todo los niños de escasos recursos, a través de la teletón que lleva su nombre. El pueblo panameño, a su vez, brinda en cada uno de esos eventos admirables muestras de respaldo y desprendimiento; y el que acaba de concluir no fue la excepción. El fenómeno merece ser analizado, porque constituye alentadora señal de que nuestra sociedad puede ser capaz de unirse para la consecución de grandes metas.
Recordemos que, producto de infinitos abusos y engaños, el pueblo suele ser escéptico y no cree en nada ni en nadie. Por esa razón, tremendas fuerzas constructivas y creativas subyacen en el subconsciente colectivo, en estado latente; y raras veces salen a flote, dando la impresión falsa de constituir una colectividad amorfa, egoísta e indolente hacia el sufrimiento o carencia ajena.
Pero no es así. Los panameños hemos dado sobradas muestras de que, cuando la causa es justa y hay credibilidad de liderazgo, la solidaridad se desparrama generosa a favor del prójimo. Muestra de eso son, además de la teletón, las donaciones y ayudas brindadas por las trágicas inundaciones en Prados del Este. Pero se dan también a diario innumerables casos de solidaridad colectiva canalizada hacia la solución de problemas particulares, como los de niños pobres que necesitan alguna costosa operación. Esta última no es la situación ideal, porque el efecto de la ayuda no tiene el impacto colectivo deseable y se expone al natural desgaste. La teletón, en cambio, es solidaridad para todos y, por tanto, infinitamente más beneficiosa.
Credibilidad, liderazgo y poder de convocatoria son, pues, elementos claves para el éxito. Pero también lo es la organización, sin la cual se desperdiciarían recursos. Nos queda, sin embargo, una sugerencia, y esta es la transparencia. La realización del evento debe ser seguida de la publicación de un informe, como se requiere para el gasto del Gobierno, con merecida mención de quienes participaron y de los donantes.
Recordemos que, producto de infinitos abusos y engaños, el pueblo suele ser escéptico y no cree en nada ni en nadie. Por esa razón, tremendas fuerzas constructivas y creativas subyacen en el subconsciente colectivo, en estado latente; y raras veces salen a flote, dando la impresión falsa de constituir una colectividad amorfa, egoísta e indolente hacia el sufrimiento o carencia ajena.
Pero no es así. Los panameños hemos dado sobradas muestras de que, cuando la causa es justa y hay credibilidad de liderazgo, la solidaridad se desparrama generosa a favor del prójimo. Muestra de eso son, además de la teletón, las donaciones y ayudas brindadas por las trágicas inundaciones en Prados del Este. Pero se dan también a diario innumerables casos de solidaridad colectiva canalizada hacia la solución de problemas particulares, como los de niños pobres que necesitan alguna costosa operación. Esta última no es la situación ideal, porque el efecto de la ayuda no tiene el impacto colectivo deseable y se expone al natural desgaste. La teletón, en cambio, es solidaridad para todos y, por tanto, infinitamente más beneficiosa.
Credibilidad, liderazgo y poder de convocatoria son, pues, elementos claves para el éxito. Pero también lo es la organización, sin la cual se desperdiciarían recursos. Nos queda, sin embargo, una sugerencia, y esta es la transparencia. La realización del evento debe ser seguida de la publicación de un informe, como se requiere para el gasto del Gobierno, con merecida mención de quienes participaron y de los donantes.