Muévelo, muévelo
Interesante, sin duda, la agilidad y la fiesta que exhiben los estudiantes en el nuevo programa televisado que ha puesto a competir a los colegios de nivel secundario. Saludable, porque queda demostrado ante la faz nacional la buena salud de la que gozan, la forma tan exacta como asumen los movimientos sin perder la concentración o arriesgar un fémur, una tibia o un peroné, o sin que se les disloque una vértebra de la nuca. Total, eso de estar estudiando tanto es tan aburrido que de alguna manera había que salvar la energía juvenil.
Además, se trata de un concurso que los prepara para la vida, la del baile o la bohemia, porque es evidente que, salvo los grados en los movimientos, poco o nada tiene que ver el bendito concurso con la física, la matemática o algún poema de Ricardo Miró. Pero claro, para qué, si con la violencia que la propia TV les brinda, no es literatura lo que necesitan, mucho menos hablar de Isaac Newton o Benjamín Franklyn.
Más allá de los pensamientos o el razonamiento, lo que urge mover es aquello que los lleva al paraíso o les permite montar un cartel... en el baile de la vida. Muévelo, muévelo..., que la raíz cuadrada del futuro generacional o del país, es lo que menos importa.