Mujer, iglesia y sociedad
"Mi voz clama perdón a vosotras, mujeres de toda la tierra por la brutalidad, incomprensión, desprecio, prepotencia y discriminación que, durante tantísimos siglos, hasta nuestros días, hemos empleado contra vosotras, madres, esposas, hijas, hermanas y asistentas familiares". Juan Pablo II
Qué mejores palabras para encabezar nuestra opinión editorial de hoy en seguimiento de la celebración de La Semana de la Mujer y qué mejor interlocutor que el Papa Wotjila, quien ha planteado públicamente una demanda de perdón muy especial hacia las mujeres admitiendo las culpas cometidas por la Iglesia en su estado de marginación social.
Probablemente una de las mayores fuentes de la injusticia cometida contra la mujer tiene su origen en la interpretación de la Biblia, y especialmente en los pasajes de San Pablo sobre la sumisión que ésta debe al hombre. Consciente de esta realidad el actual papa Juan Pablo II al llegar al final del segundo milenio incluyó el pecado cometido contra las mujeres en su examen de conciencia sobre la actuación de la Iglesia a través de los siglos.
Con motivo de este movimiento de mea culpa liderizado por el Papa, ha surgido una nueva lectura en femenino de la Biblia corrigiendo al propio San Pablo cuando habla de "sumisión de la mujer" al hombre así como en las referencias al hombre como "dueño de la mujer", al pecado de Eva, o al hecho de que ésta fuera creada después que el hombre.
Afortunadamente el desarrollo de la humanidad nos ha permitido colocar estas expresiones bíblicas a la luz de la situación sociocultural del momento y corregir implicaciones que, sin pretenderlo, se convirtieron en motivo de inaceptable desigualdad social entre hombre y mujer. Por ello en este momento el Papa nos anima a reescribir la historia con objetividad y valentía, reconociendo que las mujeres han contribuido, en igual medida que los hombres, al desarrollo humano a pesar de sufrir condiciones más desfavorables y nos propone incentivar la participación femenina favoreciendo la presencia de la mujer sin ninguna discriminación en las consultas y elaboración de decisiones.
Todavía nos queda un largo camino que recorrer en el rescate de los derechos femeninos y en la aceptación de su participación social, pero la posición del Papa se convierte en motivo de inspiración iluminando el futuro de la humanidad, con la esperanza de justicia al umbral del tercer milenio.
Qué mejores palabras para encabezar nuestra opinión editorial de hoy en seguimiento de la celebración de La Semana de la Mujer y qué mejor interlocutor que el Papa Wotjila, quien ha planteado públicamente una demanda de perdón muy especial hacia las mujeres admitiendo las culpas cometidas por la Iglesia en su estado de marginación social.
Probablemente una de las mayores fuentes de la injusticia cometida contra la mujer tiene su origen en la interpretación de la Biblia, y especialmente en los pasajes de San Pablo sobre la sumisión que ésta debe al hombre. Consciente de esta realidad el actual papa Juan Pablo II al llegar al final del segundo milenio incluyó el pecado cometido contra las mujeres en su examen de conciencia sobre la actuación de la Iglesia a través de los siglos.
Con motivo de este movimiento de mea culpa liderizado por el Papa, ha surgido una nueva lectura en femenino de la Biblia corrigiendo al propio San Pablo cuando habla de "sumisión de la mujer" al hombre así como en las referencias al hombre como "dueño de la mujer", al pecado de Eva, o al hecho de que ésta fuera creada después que el hombre.
Afortunadamente el desarrollo de la humanidad nos ha permitido colocar estas expresiones bíblicas a la luz de la situación sociocultural del momento y corregir implicaciones que, sin pretenderlo, se convirtieron en motivo de inaceptable desigualdad social entre hombre y mujer. Por ello en este momento el Papa nos anima a reescribir la historia con objetividad y valentía, reconociendo que las mujeres han contribuido, en igual medida que los hombres, al desarrollo humano a pesar de sufrir condiciones más desfavorables y nos propone incentivar la participación femenina favoreciendo la presencia de la mujer sin ninguna discriminación en las consultas y elaboración de decisiones.
Todavía nos queda un largo camino que recorrer en el rescate de los derechos femeninos y en la aceptación de su participación social, pero la posición del Papa se convierte en motivo de inspiración iluminando el futuro de la humanidad, con la esperanza de justicia al umbral del tercer milenio.