Mujeres en la política
El devenir político nos indica grandes probabilidades de que el destino de nuestra nación sea dirigido una vez más por una mujer que ocupará un lustro, el cargo presidencial.
La figura de la mujer en la política de unos años atrás nos hace recordar a Margaret Tatcher, Benazir Bhutto, mujeres incomparables que un día en el destino de sus naciones dejaron a su paso ideales y grandes luchas, y una simiente de esperanza para otras mujeres que vieron en ellas cumplirse el anhelo de alcanzar el reconocimiento de sus derechos y la seguridad de un mañana más esperanzador para sus hijos.
En nuestro presente Angela Merker, Cristina Kishner y Michelle Bachelette, que surgen como figuras que dirigen e intentan conciliar ideas sexistas con respecto a la política y a las relaciones internacionales que conllevan inteligencia, suspicacia y destreza de sus partes para el logro de agendas de Estado y para la satisfacción de las necesidades de sus pueblos.
Encuentra nuestra política un antecedente imperecedero que marcará por siempre la historia panameña, y es en una mujer que por primera vez ocupa el Organo Ejecutivo, en la figura de Mireya Moscoso ,quien por el beneficio del voto popular, logra la cúspide de los poderes públicos.
Mañana podrá ocupar ese mismo soleo presidencial Balbina Herrera que, sin que entremos a debatir si tiene más o menos méritos que nuestra antecesora, merece reconocérsele el mismo, por desear lograrlo, por esperar alcanzarlo y por, posiblemente, hacerlo realidad.
La participación femenina en la política cuenta, al comparar épocas anteriores, con la fe de un pueblo puesta en la figura de una mujer reconociéndole capacidad y destreza para ocupar y conducir los destinos de una nación.
Hoy, alejados del sexismo, del machismo, la mujer emerge del anonimato como un recurso pleno de inteligencia y sentido común para alcanzar tan alta distinción que en una mujer encuentra el ingrediente perfecto para aspirar a ese sitial.
Como mujeres sumemos elogios, restemos críticas a nuestra representante femenina política poniendo de lado nuestros intereses y reconozcamos su amplio trabajo y trayectoria probada a lo largo de estos años; que, aunque algunos no apoyemos la idea, toca reconocer que tiene los atributos ganados y comprobados para llegar.
Hacerlo bien debe ser su meta, mejorar nuestro futuro, su norte; aprovechar nuestros recursos con el interés sano y honesto del beneficio de todos los panameños, su mayor ideal.