Mujeres que migran
La feminización de la migración es un fenómeno de alcance mundial, del que Panamá no se escapa. El crecimiento económico que experimenta con el desarrollo de mega-proyectos, por ejemplo, la ampliación del Canal, el sector inmobiliario que trae consigo la presencia de inversionistas que usan a nuestro país como lugar de negocios, o para residencia temporal o permanente, quienes demandan la atención de personal doméstico; nuestra estabilidad socio-económica y política, entre otros, resultan ingredientes atractivos para muchas mujeres que aspirar a vivir una calidad de vida que no disfrutan en sus países y, en pos de ese sueño, se trasladan aquí para trabajar.
Muchas nacionales de Colombia, Nicaragua, Ecuador y República Dominicana se han integrado al país a laborar, básicamente, en actividades que refuerzan su condición de género, por ejemplo, la prestación de cuidados a adultos/as mayores y personas menores de edad, servicios de belleza, preparación y venta de alimentos, entre otros. Esta realidad supone de nuestra población una reacción que cuestiona la presencia creciente de estas mujeres y que demanda la aplicación efectiva de acciones orientadas a salvaguardar los derechos de los/as trabajadoras nacionales.
Pero, por otro lado, organismos internacionales dan fe de las severas violaciones que en sus derechos pueden sufrir las mujeres que se desplazan trans-fronteras y que se agravan básicamente por la condición migratoria irregular de la persona extranjera, circunstancia que se puede ver incrementada en virtud de la debilidad del sistema de inspección laboral en espacios familiares, sitios donde trabajan muchas mujeres no nacionales (labores de cuido), quienes pueden ser víctimas de explotación y abuso psicológico, físico, patrimonial y sexual.
No dejo pasar por el alto la realidad que experimentan las mujeres nacionales que trabajan en los almacenes, centros comerciales, restaurantes, y otros. Entrar a analizar este universo demandaría otro espacio de reflexión particular. Aclaro, aunque no solamente las mujeres migrantes pueden sufrir de precarias condiciones laborales, es un hecho cierto que por su condición particular (irregular aún más) pueden estar en una situación de mayor vulnerabilidad para hacer valer sus derechos.
En ese sentido, es fundamental que las políticas públicas que se adopten e implementen en el tema migratorio, cuenten con perspectiva de género, ya que es la única manera de poder dimensionar con claridad la incidencia y abordaje hacia la población migrante femenina que viene a nuestro país desarrollando, de esa forma, líneas de acción que procuren garantizar los derechos laborales de las mujeres panameñas y extranjeras.
Quisiera compartir con ustedes lo siguiente: el INADEH cuenta con una población matriculada, de la cual el 60% son mujeres. Además, nos graduamos más damas que caballeros en centros universitarios. A pesar de lo cual, la brecha salarial se mantiene y no alcanzamos porcentajes significativos en la ocupación de puestos de poder dentro de los organigramas empresariales e institucionales.
El camino por transitar es largo y sinuoso, pero hemos dado pasos importantes.