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Mujeres somos y adelante vamos


Y hablando nuevamente sobre educación, aún no hemos aprendido a clasificar a la mujer, a darle el lugar que merece y a terminar, por medios educativos, con la discriminación. Digo que es educativo porque las madres enseñamos a los niños y niñas a diferenciarse en sus posiciones, desde tierna edad.
Para las niñas son los trajes lindos; para los niños los juegos rudos. Para las niñas la belleza; para los niños la astucia y la inteligencia. O es, acaso, que la inteligencia femenina no cuenta. ¡Qué les parece! Pues sepan que son iguales. ¿Sabes? -le digo a mi nieta mayor- eres linda, pero eres más inteligente. Total, la belleza física se marchita y la inteligencia nos acompada durante toda la vida.
En fin; cuando llegan a la escuela los maestros y maestras, no tienen el cuidado de impartir una educación igual a ambos sexos. Las grandes diferencias son desagradables y son perjudiciales para lo que buscamos con nuestras luchas. A pesar de esto, las alumnas ocupan los primeros puestos y muestran más interés en el aprendizaje.
¿Qué sucede? A los varones les inculcan que ellos son los mejores y que no tienen mayores obligaciones. A las hembras se les obliga a demostrar sus habilidades y a defenderse de cualquier cosa que los hombres puedan hacerle en la vida. A los niños no se les enseña Educación para el Hogar, tal vez porque piensan que se volverán homosexuales, y no es cierto; ni tampoco lo es que la niña se vuelva lesbiana si aprende Educación Industrial. Es hora de que el Ministerio de Educación iguale las imágenes y los escritos de los libros para evitar esa diferenciación. ¿Es que el único papel de la mujer es ser madre? Ya aquellos tiempos pasaron a la historia.
El estereotipo de la mujer femenina es la que camina sobre algodones, habla por el colmillo sin decir ninguna frase profunda. La feminidad consiste en arreglar la casa y cuidar los niños porque si te inmiscuyes en las faenas públicas te vuelves marimacha. ¡Equivocación garrafal! Ser una gran mujer envuelve tantas facetas que hace compleja la definición.
Si la mujer es tan inteligente, tan eficiente y capacitada, creen que es la excepción que confirma la regla. ¡Qué va! Existen más mujeres superiores que hombres superiores, no que se lo crean sino que lo sean de verdad. No sé si se han percatado de que a los hombres les agrada conversar con mujeres cultas, inteligentes, con preparación. Si esto es cierto, tenemos que dejar de hablar de empleadas y de los problemas de los niños para tener mejor comunicación entre hombres y mujeres.
Existe una mujer con la que me encanta hablar porque tiene una conversación variada, amena, amplia y conoce y analiza diversos temas: es mi hermana Marta. Tanto lo hacemos de empleadas como de política, ecología, literatura, y nos da mucho gusto conversar.
Es educación lo que nos falta; es autoeducación que no la encontramos en las aulas; es observación; es cultivarse leyendo; es crear conciencia de nuestros derechos igualitarios; es atrevernos a hacer uso de ese derecho y que pongamos en práctica lo aprendido para lograr una sociedad equitativa; es formar nuevas generaciones con nuevos parámetros; es lograr el estereotipo de la mujer de verdad.

101 años de Panamá América

 
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