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Mujeres y crisis económica


Según el programa ” Aristegui”en CNN, hace escasos días se realizó en Ciudad de México, una conferencia internacional sobre Género y Crisis Económica, promovida por organismos mundiales. Entrevistadas tres conspicuas representantes del evento, señalaron las previsibles consecuencias de esta crisis para las mujeres, cuyo número poblacional alcanza cifras mayores a la mitad del planeta.

No obstante, la superioridad numérica abundantemente conocida; con independencia de los niveles educativos superiores que distinguen al género femenino, en muchos de los segmentos profesionales; de los significativos avances en materia de igualdad y equidad, aún el camino recorrido está empedrado de obstáculos y desatinos .

Las mujeres continuamos a pesar de las mejoras consignadas, evidenciando altos niveles de vulnerabilidad y maltrato; ocupando los peores puestos de trabajo en concepto de ocupación, funciones, jerarquías y/o salarios. Ello a despecho de que en América Latina, qué decir Panamá, un significativo porcentaje de las mismas se ubican a la cabeza de los hogares; constituyendo, con harta frecuencia, las únicas proveedoras de los mismos.

Muchas de nuestras mujeres, demasiadas, carecen de las condiciones económicas que les aseguren una adecuada calidad de vida para ellas y sus familias, habida cuenta del rol protagónico, y a veces solitario, que juegan en la crianza y socialización de la prole; lo que implica consecuencias negativas para la sociedad y sus miembros, sobre todo si confrontan problemas de carácter social y económicos.

También somos las mujeres las que padecemos la mayor incidencia en los altos niveles de desempleo/empleo informal, intensificados durante las crisis económicas, como la que actualmente azota el planeta; sustentado, quizás, en la peregrina tesis de que los hombres son los principales y/o únicos generadores de los ingresos de la familia.

Las mujeres tenemos que sobrevivir a contravía de los principios y derechos más elementales de convivencia social. Mantenernos en los empleos representa asiduamente exponernos a situaciones sutiles o abiertas de acoso sexual, laboral o ambos; porque aunque al respecto existen normas y leyes que “nos protegen”, muchas féminas han intentado hacerlas válidas con desafortunadas consecuencias, pues los mecanismos de ejercicio de las mismas, no han logrado los afinamientos requeridos para su efectivo funcionamiento, lo que también impide controlar, contrarrestar y eliminar los niveles de violencia de los cuales son víctimas propiciatorias. Como prueba al calce, revisemos los índices injustificados de femicidios físicos, sociales y morales que confrontan.

En Panamá y en muchos de nuestros países, no se cumple con los reglamentos internacionales establecidos, relativos a los porcentajes femeninos de representación política partidista y gubernativa, porque el poder derivado de los partidos políticos es eminentemente masculino: ”la quinta esencia del patriarcado”. Nuestra economía, androgénica, nos reserva la peor parte.

101 años de Panamá América

 
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