Mujeres y tabaco
El 31 de mayo se conmemora el Día Mundial sin Tabaco, fecha estipulada por la Organización Mundial de la Salud (O M S) para promover una mayor conciencia acerca de esta adicción tan dañina a la humanidad.
En América Latina, Estados Unidos, y Canadá, la prevalencia del tabaquismo en la población durante los años de l996 y 1999 se situó en un 40% para Chile y un 22 % para Colombia, pero ello no se ha detenido en esas cifras; estudios recientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) evidencian que el cigarrillo ha contribuido a un cambio regional en las principales causas de muerte.
En la actualidad en nuestra región, mueren más personas por afecciones no transmisibles, derivadas por el tabaquismo, que por otras enfermedades transmisibles y lo peor de esto es que todo indica que si no cambiamos el ritmo de nuestros estilos de vida ello irá en aumento.
De acuerdo con algunas ponderaciones, se estima que en los países subdesarrollados fuman un 48% de los varones y un 7% de las mujeres; en los países industrializados lo hacen el 42% de los hombres y el 24 % de las damas, denotando un marcado aumento en la población femenil, sobre todo porque estudios recientes señalan que mientras que el consumo del tabaquismo en los varones tiende a disminuir en las mujeres ha incrementado. De hecho la cantidad de mujeres que fuman hoy día es superior a la de hace 50 años, aunque también vale destacar que en las mujeres adultas han ido disminuyendo su incidencia; no obstante las niñas, adolescentes y jóvenes lo han incrementado de manera alarmante, igual que en los niveles de droga y alcohol, cuya inserción es cada vez a edades más temprana.
Si bien es cierto la adicción de las mujeres al tabaquismo no supera a la de los hombres, ya en nuestras sociedades nos hemos planteado el vencimiento de los obstáculos hacia las metas, con la desventaja de que a las mujeres nos cuesta más dificultad vencer la adicción que a los hombres.
Según un estudio de Sante Canada entre las razones por las que se fuman se esgrimían: necesidad de sentirse aceptadas; deseos de parecer relajados o adultos; controlar las emociones negativas, control de peso. El mismo estudio señala como razones para que las mujeres sigan fumando: dependencia de la nicotina; influencia de la madre, hermanos(as); esbeltez; influencia de la publicidad; precario estatus socioeconómico; baja instrucción, sobrecarga laboral; jefas de familia monoparentales (stres-conflictos de prioridades) inequidad de género; control de la rabia; adaptación a múltiples roles.
Con la emancipación femenina las mujeres han logrado una mayor incorporación al mundo laboral, pero ello le ha exigido grandes adaptaciones en el ámbito público y privado, sobre todo porque la carga de trabajo ha aumentado, en tanto las tareas del hogar y la crianza de los hijos, siguen siendo virtualmente un asunto referido con exclusividad a la condición femenina. En consecuencia, y tal como los describe Sante, requiere del manejo de múltiples roles y prioridades; así como las normas del éxito, que ya no son las mismas, debido a los cambios. De allí que fumar "lo usen a menudo como un valioso medio para adaptarse y parece ayudar a soportar las desigualdades de género" amén de mantener la belleza, esbeltez, independencia éxito y control. Dejar de hacerlo implica una fuerte convicción, confianza en sí misma, apoyo terapéutico, farmacológico y consideraciones de género. (Agenda Salud 18 ISIS Int.).
En América Latina, Estados Unidos, y Canadá, la prevalencia del tabaquismo en la población durante los años de l996 y 1999 se situó en un 40% para Chile y un 22 % para Colombia, pero ello no se ha detenido en esas cifras; estudios recientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) evidencian que el cigarrillo ha contribuido a un cambio regional en las principales causas de muerte.
En la actualidad en nuestra región, mueren más personas por afecciones no transmisibles, derivadas por el tabaquismo, que por otras enfermedades transmisibles y lo peor de esto es que todo indica que si no cambiamos el ritmo de nuestros estilos de vida ello irá en aumento.
De acuerdo con algunas ponderaciones, se estima que en los países subdesarrollados fuman un 48% de los varones y un 7% de las mujeres; en los países industrializados lo hacen el 42% de los hombres y el 24 % de las damas, denotando un marcado aumento en la población femenil, sobre todo porque estudios recientes señalan que mientras que el consumo del tabaquismo en los varones tiende a disminuir en las mujeres ha incrementado. De hecho la cantidad de mujeres que fuman hoy día es superior a la de hace 50 años, aunque también vale destacar que en las mujeres adultas han ido disminuyendo su incidencia; no obstante las niñas, adolescentes y jóvenes lo han incrementado de manera alarmante, igual que en los niveles de droga y alcohol, cuya inserción es cada vez a edades más temprana.
Si bien es cierto la adicción de las mujeres al tabaquismo no supera a la de los hombres, ya en nuestras sociedades nos hemos planteado el vencimiento de los obstáculos hacia las metas, con la desventaja de que a las mujeres nos cuesta más dificultad vencer la adicción que a los hombres.
Según un estudio de Sante Canada entre las razones por las que se fuman se esgrimían: necesidad de sentirse aceptadas; deseos de parecer relajados o adultos; controlar las emociones negativas, control de peso. El mismo estudio señala como razones para que las mujeres sigan fumando: dependencia de la nicotina; influencia de la madre, hermanos(as); esbeltez; influencia de la publicidad; precario estatus socioeconómico; baja instrucción, sobrecarga laboral; jefas de familia monoparentales (stres-conflictos de prioridades) inequidad de género; control de la rabia; adaptación a múltiples roles.
Con la emancipación femenina las mujeres han logrado una mayor incorporación al mundo laboral, pero ello le ha exigido grandes adaptaciones en el ámbito público y privado, sobre todo porque la carga de trabajo ha aumentado, en tanto las tareas del hogar y la crianza de los hijos, siguen siendo virtualmente un asunto referido con exclusividad a la condición femenina. En consecuencia, y tal como los describe Sante, requiere del manejo de múltiples roles y prioridades; así como las normas del éxito, que ya no son las mismas, debido a los cambios. De allí que fumar "lo usen a menudo como un valioso medio para adaptarse y parece ayudar a soportar las desigualdades de género" amén de mantener la belleza, esbeltez, independencia éxito y control. Dejar de hacerlo implica una fuerte convicción, confianza en sí misma, apoyo terapéutico, farmacológico y consideraciones de género. (Agenda Salud 18 ISIS Int.).