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Mujeres y VIH/SIDA


CON EL LEMA "Contra el estigma y la discriminación", este 1 de diciembre se conmemora el Día Internacional de lucha contra el SIDA, fecha que debe servir para que tanto la población como el gobierno tomen conciencia de la gravedad de esta mortal plaga que ha causado 25 millones de muertos y 40 millones de personas infectadas en el mundo.
A pesar que las estadísticas a nivel global siguen indicando a la población masculina, urbana y con prácticas homosexuales o bisexuales como los mayores infectados por el VIH
SIDA, esta brecha se acorta más entre los géneros, pues las mujeres representando casi la mitad de los 40 millones de personas adultas infectadas. Sin embargo, no observamos que la especificidad del VIH/SIDA en las mujeres esté reconocido y mucho menos considerado un aspecto prioritario en las políticas públicas de salud para atender y prevenir la epidemia.
Las evidencias revelan que las mujeres son más vulnerables a la infección, ya que durante una relación sexual, tienen el doble de riesgo de infectarse con el virus que un hombre, siendo las jóvenes más vulnerables a la enfermedad. Las mujeres disponen de menor capacidad para protegerse a sí mismas y tienen menos probabilidades de recibir tratamiento y cuidados si se contagian.
La discriminación y la desigualdad de poder que tradicionalmente ha desfavorecido a las mujeres, sumado a la dificultad de muchas de ellas para acceder a la educación, a la información o la atención adecuada de la salud, son factores combinados para formar un cuadro de escasa capacidad para visibilizar su situación y negociar derechos, tanto en la vida doméstica como en el ámbito público, estando la mayoría de las mujeres de la región latinoamericana en una situación de gran vulnerabilidad frente a la posibilidad de contagio del VIH/SIDA.
Las principales causas del contagio en las mujeres son las características físicas y biológicas, la coerción y la violencia de género, la dependencia económica de los hombres, la falta de educación; la incapacidad de negociar o de exigir relaciones sexuales más seguras con sus parejas y la falta de métodos de prevención del VIH controlados por las mujeres, además de las fallas en los enfoques de prevención y atención mejor intencionados, que consideran a las mujeres como agentes transmisoras del virus -y no como víctimas-, en sus vertientes más clásicas: como "madres", transmitiendo el virus a su bebé -cuyos derechos prevalecen por sobre los de la madre-, o como "prostituta" que contagia a otros hombres que a su vez contagiarán a sus parejas.
Hay poca conciencia en la ciudadanía y en las autoridades sanitarias sobre la vulnerabilidad y el derecho a la salud de las mujeres en tanto tales y, lamentablemente, con frecuencia también en las propias mujeres.
Sabemos que revertir esta situación, es un reto de tiempo y de resistencia; no resulta fácil cambiar quinientos años de relaciones de poder ni acabar con desigualdades sociales; pero también somos conscientes que la pandemia del VIH/SIDA no esperará a que esta utopía sea una realidad. Se requiere de intervenciones inmediatas y efectivas que no admiten aplazamiento, no sólo por parte de las autoridades que tienen la toma de decisiones sobre estos problemas, sino por parte de quienes están más cerca de las personas afectadas.
El abordaje del VIH/SIDA debe concebirse como un continuo que incluye no sólo la prevención y la atención, sino además, con un enfoque desde la perspectiva género; tarea en la que las propias mujeres deben dar el paso previo de empoderarse, teniendo presente que la lucha empieza en cada uno y una de nosotros, eliminando el estigma y la discriminación hacia las personas infectadas.

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