¿Multilateralidad o multipolaridad?
Mientras se sigue destapando la inmundicia moral del Irak de Sadam Hussein, se abre una ventana de oportunidades y de cambios no sólo en ese país,sino en todo Medio Oriente. La libertad y la autodeterminación digna del pueblo iraquí sufren un camino tortuoso, pero imparable, y que augura grandes cambios a mediano y largo plazo en esa región oscura del mundo.
El ataque a la sede de las Naciones Unidas fortalece retroactivamente la posición de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña de contrarrestar definitivamente a un régimen íntimamente ligado al terrorismo internacional; buscar las causas de este cobarde e irracional atentado en la intervención militar de marzo de este año es desviar el debate y perderse en la esencia de lo que es el terrorismo: una brutal ideología del antidiálogo y de la destrucción de la sociedad civilizada. Con este lamentable suceso quedó demostrado que las huestes del ex dictador de Irak estaban, están y estarán disponibles y anuentes a perfeccionar sus técnicas de cómo arrinconar, destruir y arrodillar al mundo entero si tuvieran el poder militar de hacerlo.
El angelismo político no es la herramienta adecuada para combatir este asunto tan espinoso (agentes del servicio secreto del ex sátrapa Hussein fueron mantenidos como vigilantes de la sede de la ONU en ese país).
Con la crisis de Irak se abrió un debate muy interesante cómo el mundo civilizado, en especial las potencias occidentales encabezadas por EU, tienen que encarar el problema de la amenaza terrorista a nivel global.
Hay quienes abogaron por una necesaria multipolaridad, para equilibrar a la "hiperpotencia" norteamericana y coadyuvar a un mundo más "justo". Este alegato fue promulgado por Francia, apoyada por Alemania, Rusia y un par de países europeos de tradición francófila-socialdemócrata, a la que el secretario de Defensa de EU llamó "la vieja Europa"; resaltando con esto las diferencias dentro de ese continente, en torno al modelo socioeconómico y político a seguir para conducir los destinos de esa porción del mundo y, por qué no reconocerlo, del resto del mundo.
En Europa hay dos frentes o bloques que se han ido perfilando sutilmente y que acarrean tensiones en algunas ocasiones entre por un lado, EU, Gran Bretaña y ahora Polonia, las repúblicas bálticas, Eslovaquia y otra decena de países que están alcanzando niveles aceptables de desarrollo implementando la versión liberal del capitalismo anglosajón; y por otro, Francia, Bélgica y otros que buscan imponer en los foros el antiamericanismo como bandera política de avanzada, cuyo fin es repotenciar a Francia desde su posición intransigente, alimentada por su nostalgia imperial. Polonia es un buen ejemplo de una amenaza a esa hegemonía francoalemana al lograr este país, con reformas de mercado, evolucionar positivamente en los ámbitos social y económico.
El concepto de multipolaridad francés es incongruente, falaz e impráctico para la paz mundial, sostiene Condolezza Rice, consejera de seguridad del presidente Bush. En primer lugar, porque multipolaridad significa de antemano varios polos y tiende a fomentar la contraposición de intereses dentro del bloque de naciones democráticas; multipolaridad implica parálisis, neutralización mutua y, por ende, conflictos potenciales entre aliados históricos ante los peligros del mundo como el terrorismo global.
Al crearse la falsa visión de un mundo en equilibrio ganan los violentos que están a ultranza contra ambos supuestos polos; sacan ventaja quienes no tienen escrúpulos morales para asesinar vidas inocentes y poner en peligro de verdad la estabilidad y el equilibrio de la sociedad libre. Es impráctico, por otra parte, hablar de multipolaridad porque material y fácticamente es casi imposible lograr igualar a EU que sólo como país, tiene más que la suma de todos los aspirantes a conformar un "polo opuesto" en el terreno tanto militar como económico. Esto será así por varias décadas en adelante (algunos analistas dicen que hasta el 2050 al 2075).
Ante la arrogancia franco-alemana a nivel de la ONU con la absurda tesis de la multipolaridad aflorada por la crisis de Irak; y que no buscaba más que fortalecer a Francia y no desarmar al terrorismo, se impone la multilateralidad, es decir la cooperación y la sinergia en el combate al terrorismo y la pobreza moral y material de gran parte de la humanidad. Es una manera más efectiva e inteligente de neutralizar al gigante mundial de turno y sus posibles excesos. De esta manera, los incivilizados no lograrán sus objetivos de golpear impíamente a la sensatez humana.
La humanidad ha logrado las conquistas técnicas necesarias para autodestruirse. ¿Quién nos enseñará a dominar nuestro dominio?
Hay que globalizar las luchas sociales. La internacionalización de la economía podría significar una enorme ventaja para los intercambios materiales, sociales y culturales entre las personas y los pueblos. Hoy atormenta a las víctimas del desempleo, a los jóvenes que se preguntan por su porvenir, a los pueblos excluidos de la producción, a las naciones sometidas a reajustes, a la desregulación del trabajo, a la erosión de los sistemas de seguridad social y a la eliminación de las redes de protección de los más débiles. Para despertar la esperanza hay que organizar la resistencia.
Es tiempo de afirmar que hay lugar para la esperanza y que el único sentido del vivir es poder ser uno mismo queriendo lo que hacemos, único camino para poder hacer lo que queramos. Al fin y al cabo, en eso consiste la felicidad.
*Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM).
(fajardo@ccinf.ucm.es)
El ataque a la sede de las Naciones Unidas fortalece retroactivamente la posición de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña de contrarrestar definitivamente a un régimen íntimamente ligado al terrorismo internacional; buscar las causas de este cobarde e irracional atentado en la intervención militar de marzo de este año es desviar el debate y perderse en la esencia de lo que es el terrorismo: una brutal ideología del antidiálogo y de la destrucción de la sociedad civilizada. Con este lamentable suceso quedó demostrado que las huestes del ex dictador de Irak estaban, están y estarán disponibles y anuentes a perfeccionar sus técnicas de cómo arrinconar, destruir y arrodillar al mundo entero si tuvieran el poder militar de hacerlo.
El angelismo político no es la herramienta adecuada para combatir este asunto tan espinoso (agentes del servicio secreto del ex sátrapa Hussein fueron mantenidos como vigilantes de la sede de la ONU en ese país).
Con la crisis de Irak se abrió un debate muy interesante cómo el mundo civilizado, en especial las potencias occidentales encabezadas por EU, tienen que encarar el problema de la amenaza terrorista a nivel global.
Hay quienes abogaron por una necesaria multipolaridad, para equilibrar a la "hiperpotencia" norteamericana y coadyuvar a un mundo más "justo". Este alegato fue promulgado por Francia, apoyada por Alemania, Rusia y un par de países europeos de tradición francófila-socialdemócrata, a la que el secretario de Defensa de EU llamó "la vieja Europa"; resaltando con esto las diferencias dentro de ese continente, en torno al modelo socioeconómico y político a seguir para conducir los destinos de esa porción del mundo y, por qué no reconocerlo, del resto del mundo.
En Europa hay dos frentes o bloques que se han ido perfilando sutilmente y que acarrean tensiones en algunas ocasiones entre por un lado, EU, Gran Bretaña y ahora Polonia, las repúblicas bálticas, Eslovaquia y otra decena de países que están alcanzando niveles aceptables de desarrollo implementando la versión liberal del capitalismo anglosajón; y por otro, Francia, Bélgica y otros que buscan imponer en los foros el antiamericanismo como bandera política de avanzada, cuyo fin es repotenciar a Francia desde su posición intransigente, alimentada por su nostalgia imperial. Polonia es un buen ejemplo de una amenaza a esa hegemonía francoalemana al lograr este país, con reformas de mercado, evolucionar positivamente en los ámbitos social y económico.
El concepto de multipolaridad francés es incongruente, falaz e impráctico para la paz mundial, sostiene Condolezza Rice, consejera de seguridad del presidente Bush. En primer lugar, porque multipolaridad significa de antemano varios polos y tiende a fomentar la contraposición de intereses dentro del bloque de naciones democráticas; multipolaridad implica parálisis, neutralización mutua y, por ende, conflictos potenciales entre aliados históricos ante los peligros del mundo como el terrorismo global.
Al crearse la falsa visión de un mundo en equilibrio ganan los violentos que están a ultranza contra ambos supuestos polos; sacan ventaja quienes no tienen escrúpulos morales para asesinar vidas inocentes y poner en peligro de verdad la estabilidad y el equilibrio de la sociedad libre. Es impráctico, por otra parte, hablar de multipolaridad porque material y fácticamente es casi imposible lograr igualar a EU que sólo como país, tiene más que la suma de todos los aspirantes a conformar un "polo opuesto" en el terreno tanto militar como económico. Esto será así por varias décadas en adelante (algunos analistas dicen que hasta el 2050 al 2075).
Ante la arrogancia franco-alemana a nivel de la ONU con la absurda tesis de la multipolaridad aflorada por la crisis de Irak; y que no buscaba más que fortalecer a Francia y no desarmar al terrorismo, se impone la multilateralidad, es decir la cooperación y la sinergia en el combate al terrorismo y la pobreza moral y material de gran parte de la humanidad. Es una manera más efectiva e inteligente de neutralizar al gigante mundial de turno y sus posibles excesos. De esta manera, los incivilizados no lograrán sus objetivos de golpear impíamente a la sensatez humana.
La humanidad ha logrado las conquistas técnicas necesarias para autodestruirse. ¿Quién nos enseñará a dominar nuestro dominio?
Hay que globalizar las luchas sociales. La internacionalización de la economía podría significar una enorme ventaja para los intercambios materiales, sociales y culturales entre las personas y los pueblos. Hoy atormenta a las víctimas del desempleo, a los jóvenes que se preguntan por su porvenir, a los pueblos excluidos de la producción, a las naciones sometidas a reajustes, a la desregulación del trabajo, a la erosión de los sistemas de seguridad social y a la eliminación de las redes de protección de los más débiles. Para despertar la esperanza hay que organizar la resistencia.
Es tiempo de afirmar que hay lugar para la esperanza y que el único sentido del vivir es poder ser uno mismo queriendo lo que hacemos, único camino para poder hacer lo que queramos. Al fin y al cabo, en eso consiste la felicidad.
*Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM).
(fajardo@ccinf.ucm.es)