Murcia y el futuro
David Murcia Guzmán ha dado a los panameños la oportunidad de expresar ante el mundo su rechazo al lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Nadie en el exterior ni en el interior que haya seguido de cerca el caso debe tener, a estas alturas, la menor duda de la energía con que los panameños defienden su reputación y atacan a quienes, desde oscuras, tramas tratan de corromper al país.
Aunque la lupa ha examinado más a unos que a otros, no queda dudas de que en Panamá no tiene cabida ni es de buen recibo por parte de la gente decente -la mayoría de la población- ni el lavado ni el tendido de dólares de dudosa procedencia.
La acuciosidad con que principalmente los medios y autoridades han dado seguimiento al tema no deja dudas tampoco de que una vez pasadas las elecciones, todos los involucrados en el caso a los que se prueben sus vínculos y autorías, deberán ir derechito a la cárcel.
Ojalá sea así, porque, desafortunadamente, en Panamá se ha establecido la costumbre de que los casos álgidos relucen en campañas electorales y duermen el sueño eterno cuando éstas finalizan. Es como si existiera el tácito acuerdo de que en elecciones todo se vale, y el olvido es moneda común tan pronto cesa la jornada electoral.