Murió Camilo José Cela
En la mañana del 17 de enero pasado, en la Clínica Centro, donde había estado recluido por cierto tiempo por aflicciones cardiopulmonares, en Madrid, capital de España, Unión Europea, dejó de existir Camilo José Cela. Tenía 85 años. En 1989 había adquirido fama mundial al ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Para España era un tesoro. Camilo José Cela Trulock nació en el pueblo de Iria Flavia, La Coruña, en medio de la primera guerra mundial, de madre inglesa y padre español. De joven le tocó luchar del lado de Francisco Franco. Al final de la guerra, en Madrid, trató de seguir la carrera de medicina; después estudió derecho y por último literatura.
A la edad de 26 publicó "La familia de Pascual Duarte"; obra ignorada al principio y después censurada por la iglesia católica y el gobierno de Franco, pero que, paulatinamente y a pesar de su censura, habría de convertirse en una popular novela y el libro español más traducido a lenguas extranjeras con excepción del Quijote. A los 35, en 1951, sacó a la luz otro éxito: "La colmena".
Dentro de su patria, y a pesar de haber sido escogido como miembro de la Real Academia en 1956, Cela no recibió el reconocimiento que se merecía sino hasta después de viejo. En 1987, a los 71 años, fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias y en 1995, después de haber aplicado innumerables veces, fue escogido ganador del premio Cervantes.
111 Cela fue un escritor controversial. Por un tiempo, durante la dictadura franquista, funcionó como censor. Irónico, pues varias de sus obras sufrirían eventualmente la censura del gobierno.
Cela fue un escritor controversial. Por un tiempo, durante la dictadura franquista, funcionó como censor. Irónico, pues varias de sus obras sufrirían eventualmente la censura del gobierno. Sus respuestas, cuando lo entrevistaban, eran a menudo crudas y desconcertantes. En 1999 un reportero le preguntó quiénes eran los que le habían hecho más daño a la literatura, y su respuesta fue tajante: "los editores".
(Cuando en Madrid leí esa osada contestación, me reí bastante. En mi país había una editora, muy amigable por cierto, que de vez en cuando me decía: "Profesor, le vamos a hacer unos "cambiecitos" a su artículo y después se lo publicamos". Cada vez que oía eso de "cambiecitos" me entraba terror.)
En 1998, otra vez en lenguaje crudo, se expresó mal de los homosexuales durante una entrevista. La reacción de los grupos "gay" no se hizo esperar, y los medios de comunicación españoles hicieron bulla al respecto. (Hicieron bulla usando la palabra "gay" un millar de veces, por supuesto, ya que en España les encanta importar palabras inglesas. Incidentalmente, la traducción literal de "gay" que es "alegre" no tiene sentido cuando se refiere a un homosexual; y tampoco en inglés: ¿porqué alguien "alegre" tiene que ser homosexual, y viceversa?)
Una vez, en Granada, España, cenando a las once de la noche con una estudiante panameña y bajo una espectacular vista de La Alhambra árabe, mencioné a Cela. Entre la deliciosa comida y el vino tinto, la conversación pasó de Cela a algo inexplicable: el buen número de premios Nobel alcanzados por autores que escriben en español. Del viejo continente lo han ganado Echegaray, Benavente, Jiménez, Aleixandre, y recientemente Cela. Del nuevo, lo han obtenido Mistral, Asturias, Neruda, García Márquez, y Paz.
Después del idioma inglés, el español es el que ha tenido mayor representación entre los premios Nobel de literatura. El inglés predomina debido a la gran riqueza industrial en el presente siglo de Estados Unidos y la mancomunidad británica. En cambio, comparado con el mundo angloparlante, el mundo de habla hispana es pobre y por ende produce menos escritores.
Pero aún así, la literatura hispana tiene gran trascendencia. El éxito del español es tal vez debido al hecho que, entre todas las lenguas europeas, es la única que tiene influencia árabe. Se podría decir que España fascina a sus visitantes precisamente porque es el menos europeo de los países de Europa. El menos europeo y el más árabe. Y por dos siglos después de la reconquista y el descubrimiento del nuevo mundo, esa pequeña nación controló el imperio más extenso que hasta entonces se hubiera visto.
En Egipto he escuchado música muy similar al flamenco español. En Túnez, para mi sorpresa, he oído a gente del lugar hablando esa lengua, a pesar de que la mayoría se expresa en árabe (y la clase educada ocasionalmente en francés, por aquello de la era colonial). Según parece, hace quinientos años, cuando los cristianos expulsaron a los moros de la Península Ibérica, muchas familias expulsadas se radicaron en Túnez, pero mantuvieron sus lazos con la región española y no olvidaron el idioma. En el aeropuerto de la capital de esa nación me atendió una muchacha en perfecto español (lo había refinado en Madrid, según me explicó.)
Pero volvamos a Cela, el genial y controversial novelista. Buena parte de su obra la produjo en Palma de Mallorca (preciosa capital de las Islas Baleares de perennes cielos azules), donde vivió 35 años con su primera esposa, Rosario Conde. A mediados de la década de los 80, sin embargo, se divorció de Rosario, y se unió a una periodista 40 años más joven que él: Marina Castaño.
Camilo José Cela sólo tuvo un hijo, fruto de su primer matrimonio. Ese hijo, Camilo José Cela Conde (hoy profesor en la Universidad de las Islas Baleares), recibió de sus padres, después del divorcio, una pintura por el afamado artista Joan Miró. Como en Europa esas pinturas se aprecian mucho, los medios españoles cubrieron con escándalo el paradero del cuadro, cuando, además de ser objeto de una disputa entre padre e hijo, se supo que el hijo lo había ofrecido a varias colecciones oficiales de Palma de Mallorca antes de que alguien lo sacara de territorio español.
Según los reportajes, un comerciante de arte barcelonés estafó a Cela Conde y sacó el Miró de España vendiéndolo apresuradamente por una pitanza de cien mil dólares a una galería italiana. Mal negocio: Hoy en día ese miró está avaluado en cerca de un millón de dólares. Parte de su rápida apreciación, naturalmente, se debe al hecho que una vez perteneció al famoso escritor. (Dicho sea de paso, ¿qué se hizo el valioso Murillo que tenía en su palacio el poderoso dictador panameño Manuel Antonio Noriega?)
El escritor Cela vivió sus últimos años, a pesar de sus achaques propios de la vejez, cómodamente. Manejaba un Rolls Royce, con el cual recorría su país. Era buscado por artistas de cine, profesores, políticos y académicos, y perseguido por reporteros. El rey Juan Carlos, su amigo, le otorgó el título de Marqués de Iria Flavia. Su segunda esposa le salió buena y le manejaba bien todos sus asuntos.
En 1989, en Estocolmo, durante una recepción de gala para todos los galardonados con el Premio Nobel ese año, la reina de Suecia se le acercó y le preguntó cómo se sentía. Con una sonrisa, Cela respondió: "jodido pero contento".
*Profesor en la Universidad de San Francisco, Estados Unidos.
A la edad de 26 publicó "La familia de Pascual Duarte"; obra ignorada al principio y después censurada por la iglesia católica y el gobierno de Franco, pero que, paulatinamente y a pesar de su censura, habría de convertirse en una popular novela y el libro español más traducido a lenguas extranjeras con excepción del Quijote. A los 35, en 1951, sacó a la luz otro éxito: "La colmena".
Dentro de su patria, y a pesar de haber sido escogido como miembro de la Real Academia en 1956, Cela no recibió el reconocimiento que se merecía sino hasta después de viejo. En 1987, a los 71 años, fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias y en 1995, después de haber aplicado innumerables veces, fue escogido ganador del premio Cervantes.
111 Cela fue un escritor controversial. Por un tiempo, durante la dictadura franquista, funcionó como censor. Irónico, pues varias de sus obras sufrirían eventualmente la censura del gobierno.
Cela fue un escritor controversial. Por un tiempo, durante la dictadura franquista, funcionó como censor. Irónico, pues varias de sus obras sufrirían eventualmente la censura del gobierno. Sus respuestas, cuando lo entrevistaban, eran a menudo crudas y desconcertantes. En 1999 un reportero le preguntó quiénes eran los que le habían hecho más daño a la literatura, y su respuesta fue tajante: "los editores".
(Cuando en Madrid leí esa osada contestación, me reí bastante. En mi país había una editora, muy amigable por cierto, que de vez en cuando me decía: "Profesor, le vamos a hacer unos "cambiecitos" a su artículo y después se lo publicamos". Cada vez que oía eso de "cambiecitos" me entraba terror.)
En 1998, otra vez en lenguaje crudo, se expresó mal de los homosexuales durante una entrevista. La reacción de los grupos "gay" no se hizo esperar, y los medios de comunicación españoles hicieron bulla al respecto. (Hicieron bulla usando la palabra "gay" un millar de veces, por supuesto, ya que en España les encanta importar palabras inglesas. Incidentalmente, la traducción literal de "gay" que es "alegre" no tiene sentido cuando se refiere a un homosexual; y tampoco en inglés: ¿porqué alguien "alegre" tiene que ser homosexual, y viceversa?)
Una vez, en Granada, España, cenando a las once de la noche con una estudiante panameña y bajo una espectacular vista de La Alhambra árabe, mencioné a Cela. Entre la deliciosa comida y el vino tinto, la conversación pasó de Cela a algo inexplicable: el buen número de premios Nobel alcanzados por autores que escriben en español. Del viejo continente lo han ganado Echegaray, Benavente, Jiménez, Aleixandre, y recientemente Cela. Del nuevo, lo han obtenido Mistral, Asturias, Neruda, García Márquez, y Paz.
Después del idioma inglés, el español es el que ha tenido mayor representación entre los premios Nobel de literatura. El inglés predomina debido a la gran riqueza industrial en el presente siglo de Estados Unidos y la mancomunidad británica. En cambio, comparado con el mundo angloparlante, el mundo de habla hispana es pobre y por ende produce menos escritores.
Pero aún así, la literatura hispana tiene gran trascendencia. El éxito del español es tal vez debido al hecho que, entre todas las lenguas europeas, es la única que tiene influencia árabe. Se podría decir que España fascina a sus visitantes precisamente porque es el menos europeo de los países de Europa. El menos europeo y el más árabe. Y por dos siglos después de la reconquista y el descubrimiento del nuevo mundo, esa pequeña nación controló el imperio más extenso que hasta entonces se hubiera visto.
En Egipto he escuchado música muy similar al flamenco español. En Túnez, para mi sorpresa, he oído a gente del lugar hablando esa lengua, a pesar de que la mayoría se expresa en árabe (y la clase educada ocasionalmente en francés, por aquello de la era colonial). Según parece, hace quinientos años, cuando los cristianos expulsaron a los moros de la Península Ibérica, muchas familias expulsadas se radicaron en Túnez, pero mantuvieron sus lazos con la región española y no olvidaron el idioma. En el aeropuerto de la capital de esa nación me atendió una muchacha en perfecto español (lo había refinado en Madrid, según me explicó.)
Pero volvamos a Cela, el genial y controversial novelista. Buena parte de su obra la produjo en Palma de Mallorca (preciosa capital de las Islas Baleares de perennes cielos azules), donde vivió 35 años con su primera esposa, Rosario Conde. A mediados de la década de los 80, sin embargo, se divorció de Rosario, y se unió a una periodista 40 años más joven que él: Marina Castaño.
Camilo José Cela sólo tuvo un hijo, fruto de su primer matrimonio. Ese hijo, Camilo José Cela Conde (hoy profesor en la Universidad de las Islas Baleares), recibió de sus padres, después del divorcio, una pintura por el afamado artista Joan Miró. Como en Europa esas pinturas se aprecian mucho, los medios españoles cubrieron con escándalo el paradero del cuadro, cuando, además de ser objeto de una disputa entre padre e hijo, se supo que el hijo lo había ofrecido a varias colecciones oficiales de Palma de Mallorca antes de que alguien lo sacara de territorio español.
Según los reportajes, un comerciante de arte barcelonés estafó a Cela Conde y sacó el Miró de España vendiéndolo apresuradamente por una pitanza de cien mil dólares a una galería italiana. Mal negocio: Hoy en día ese miró está avaluado en cerca de un millón de dólares. Parte de su rápida apreciación, naturalmente, se debe al hecho que una vez perteneció al famoso escritor. (Dicho sea de paso, ¿qué se hizo el valioso Murillo que tenía en su palacio el poderoso dictador panameño Manuel Antonio Noriega?)
El escritor Cela vivió sus últimos años, a pesar de sus achaques propios de la vejez, cómodamente. Manejaba un Rolls Royce, con el cual recorría su país. Era buscado por artistas de cine, profesores, políticos y académicos, y perseguido por reporteros. El rey Juan Carlos, su amigo, le otorgó el título de Marqués de Iria Flavia. Su segunda esposa le salió buena y le manejaba bien todos sus asuntos.
En 1989, en Estocolmo, durante una recepción de gala para todos los galardonados con el Premio Nobel ese año, la reina de Suecia se le acercó y le preguntó cómo se sentía. Con una sonrisa, Cela respondió: "jodido pero contento".
*Profesor en la Universidad de San Francisco, Estados Unidos.