Museo de la Zona del Canal
En reciente visita al Museo del Canal Interoceánico de Panamá, me percaté de uno de los esfuerzos más interesantes y loables, que en materia de historia, cultura e identidad nacional, han realizado un grupo singular de sobresalientes panameños, agrupados en el Patronato que lo administra, junto al apoyo recibido de parte del Gobierno Nacional y Municipal, la empresa privada, gobiernos extranjeros y la contribución desinteresada de particulares.
El hecho de ser hijo de inmigrante que llegó a este país atraído por la fuente de empleo que siempre significó el Canal de Panamá, especialmente durante el período de la Segunda Guerra Mundial, entidad en la que encontró ocupación en la Compañía del Canal de Panamá, bajo el Gobierno Federal de los Estados Unidos, me otorgó la ventaja de poder conocer desde "adentro", siendo muy niño, el funcionamiento de algunas instituciones de la Zona del Canal, prevalecientes en la década del cincuenta y de las cuales me quedan muchas anécdotas.
Los comisariatos a los cuales tuvieron acceso mis padres (recuerdo el de La Boca), antes de que se les quitará el privilegio de compras, el Silver Roll y el Gold Roll que tanto me habló mi padre (Q.e.p.d.), los "luncheonette" (donde las dependientes de color solo se dirigían a uno en idioma inglés, aunque supieran hablar español), los restaurantes segregados para blancos y no blancos, igualmente las playas, y otras muchas instancias que pude conocer, amén de la diferencia marcada de urbanismo existente entre la ciudad de Panamá y lo que se conoce todavía como Balboa, en el actual corregimiento de Ancón, los correos, las iglesias protestantes y templo de masones, los High School, la "Corte", los radiopatrullas zoneítas con sus "cops", el Teen Club, el Hospital Gorgas (en el cual estuve alguna vez hospitalizado), los bancos, tiendas de juguetes, campos de juego, etc., eran apenas una parte del asentamiento foráneo.
El enclave colonial establecido en Panamá, por los Estados Unidos de América, en consecuencia de la segregación del territorio nacional que le permitió el Tratado Hay Buneau Varilla, en pleno nacimiento de la República, posibilitó la entronización de una real colonia en esta parte del Istmo Centroamericano, con todas las instituciones, algunas antes mencionadas, a las que se le añadían la presencia de un ejército, de proporciones desbordantes, localizado en múltiples bases militares. A todo este conjunto de instituciones anglosajonas, su Gobernador, las autoridades civiles y militares, y su población localizada en el territorio adyacente a las riberas del Canal de Panamá, se le conoció política y geográficamente como Canal Zona (Zona del Canal), mejor conocida por los panameños como "La Zona".
A esta "Zona", la cual las nuevas generaciones de panameños (del último cuarto del presente siglo) no conocieron y obviamente las futuras, es lo que me inclina a pensar que esta parte de la historia de Panamá no puede ser puesta de lado. El actual Museo del Canal Interoceánico cumple un magnífico cometido, pero como está concebido (especialmente para destacar lo relativo a la vía interoceánica), no le es posible abordar lo que constituyó el enclave canalero, sus instituciones, símbolos, huellas, legado cultural y demás, por lo que pienso que el Museo de la Zona del Canal llenaría este vacío históricocultural en nuestro medio.
Si bien la Zona del Canal existió por la construcción del Canal de Panamá y las condiciones políticas, sociales, económicas e históricas objetivas de la época, un Museo del Canal Interoceánico no recoge, necesariamente, la historia de lo que fue la Zona del Canal, ya que es parte de hechos y, sobre todo, períodos históricos totalmente distintos. En este caso el excelente equipo del Patronato del Museo del Canal Interoceánico podría contribuir, dado su éxito y experiencia alcanzada, junto al Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Cultura, a la concreción de un proyecto de esta naturaleza.
De los historiadores he reconocido la expresión de que aquellos pueblos que no preservan su historia están prestos a repetirla.
El hecho de ser hijo de inmigrante que llegó a este país atraído por la fuente de empleo que siempre significó el Canal de Panamá, especialmente durante el período de la Segunda Guerra Mundial, entidad en la que encontró ocupación en la Compañía del Canal de Panamá, bajo el Gobierno Federal de los Estados Unidos, me otorgó la ventaja de poder conocer desde "adentro", siendo muy niño, el funcionamiento de algunas instituciones de la Zona del Canal, prevalecientes en la década del cincuenta y de las cuales me quedan muchas anécdotas.
Los comisariatos a los cuales tuvieron acceso mis padres (recuerdo el de La Boca), antes de que se les quitará el privilegio de compras, el Silver Roll y el Gold Roll que tanto me habló mi padre (Q.e.p.d.), los "luncheonette" (donde las dependientes de color solo se dirigían a uno en idioma inglés, aunque supieran hablar español), los restaurantes segregados para blancos y no blancos, igualmente las playas, y otras muchas instancias que pude conocer, amén de la diferencia marcada de urbanismo existente entre la ciudad de Panamá y lo que se conoce todavía como Balboa, en el actual corregimiento de Ancón, los correos, las iglesias protestantes y templo de masones, los High School, la "Corte", los radiopatrullas zoneítas con sus "cops", el Teen Club, el Hospital Gorgas (en el cual estuve alguna vez hospitalizado), los bancos, tiendas de juguetes, campos de juego, etc., eran apenas una parte del asentamiento foráneo.
El enclave colonial establecido en Panamá, por los Estados Unidos de América, en consecuencia de la segregación del territorio nacional que le permitió el Tratado Hay Buneau Varilla, en pleno nacimiento de la República, posibilitó la entronización de una real colonia en esta parte del Istmo Centroamericano, con todas las instituciones, algunas antes mencionadas, a las que se le añadían la presencia de un ejército, de proporciones desbordantes, localizado en múltiples bases militares. A todo este conjunto de instituciones anglosajonas, su Gobernador, las autoridades civiles y militares, y su población localizada en el territorio adyacente a las riberas del Canal de Panamá, se le conoció política y geográficamente como Canal Zona (Zona del Canal), mejor conocida por los panameños como "La Zona".
A esta "Zona", la cual las nuevas generaciones de panameños (del último cuarto del presente siglo) no conocieron y obviamente las futuras, es lo que me inclina a pensar que esta parte de la historia de Panamá no puede ser puesta de lado. El actual Museo del Canal Interoceánico cumple un magnífico cometido, pero como está concebido (especialmente para destacar lo relativo a la vía interoceánica), no le es posible abordar lo que constituyó el enclave canalero, sus instituciones, símbolos, huellas, legado cultural y demás, por lo que pienso que el Museo de la Zona del Canal llenaría este vacío históricocultural en nuestro medio.
Si bien la Zona del Canal existió por la construcción del Canal de Panamá y las condiciones políticas, sociales, económicas e históricas objetivas de la época, un Museo del Canal Interoceánico no recoge, necesariamente, la historia de lo que fue la Zona del Canal, ya que es parte de hechos y, sobre todo, períodos históricos totalmente distintos. En este caso el excelente equipo del Patronato del Museo del Canal Interoceánico podría contribuir, dado su éxito y experiencia alcanzada, junto al Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Cultura, a la concreción de un proyecto de esta naturaleza.
De los historiadores he reconocido la expresión de que aquellos pueblos que no preservan su historia están prestos a repetirla.