Nabot
Cada dos años se nos regala en el Primer Libro de los Reyes, la historia de la viña de Nabot en el contexto del ciclo de Elías.
Aparecen en el "dramatis personae" Elías, el Rey Ahab, Jezabel, y Nabot.
Es la historia siempre repetida del abuso del fuerte contra el débil. Es la funesta historia del comportamiento humano de la mujer con su maquiavelismo imperdonable que aun hoy día de vez en cuando percibimos que se repite. Es la historia de la valentía de lo que debe ser un profeta, como Elías y la suerte de la víctima.
El Libro de los Reyes capítulo 21, en el ciclo de Elías, del capítulo 17 nos habla de la actividad profética de Elías.
Mi intención no es hablar del gran profeta Elías y su final misterioso en un carro de fuego, sino compartir mis impresiones sobre este pasaje tan vívido y tan hodierno.
Elías fungió como profeta en tiempo del reinado de Ahab (874-853) con quien tuvo una guerra fría y a quien espetó su injusticia en el caso de la viña de Nabot.
La historia, en síntesis, para los que no la conocen: Este personaje Nabot, un desconocido es la víctima del episodio. Tenía una viña en un pequeño terreno. Ahab, el rey de Israel, se aficiona del terreno ajeno, y curiosamente teniendo el poder de las armas no actúa de inmediato con la usurpación militar, sino que trata de negociar con Nabot. Este rehusa la propuesta por razones de una muy arraigada tradición. Ahab se deprime y se resiste a alimentarse. Su esposa Jezabel, hija de un señor de Sidón, princesa fenicia, de carácter dominante e influyente sobre la mente de su esposo. Al verlo abatido por no conseguir su cometido con Nabot. Craneó una funesta solución, acusar a Nabot de haber maldecido a Yahvé y al Rey, lo cual era una burda mentira, y consiguió dos testigos para avalar su estrategia, lo consiguió ante los tribunales y Nabot fue apedreado y muerto, con lo cual Ahab consiguió el terreno de la viña que tanto deseaba. Repugnante crimen contado en el Sagrado Libro.
Elías que era perseguido por Jezabel, salió de su escondite o retino y le echó en cara a Ahab su pecado y las maldiciones que se le seguirían a él, a su mujer y a sus hijos.
Pensemos en lo que está ocurriendo con nuestros pobres campesinos y sus tierras hoy que estamos en la onda inmobiliaria. ¿Cuántos Nabot? ¿Cuántos Ahab? ¿Cuántas Jezabel?
¿Quién va a ser el Elías de hoy defendiendo esos pobres despojados de sus tierras junto al mar tan condiciadas?