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Nación y Universidad


LUEGO DE una exigua participación de sus estamentos las autoridades de la Universidad de Panamá (UP) han dado por culminado el plebiscito que sobre la ley orgánica de la institución han promovido con vehemencia.
Ante tal circunstancia se hizo caso omiso de la posición sustentada por la Asociación de Profesores de la Universidad de Panamá (APUDEP) y de la Auténtica Asociación de Profesores de la Universidad de Panamá (AAPUDEP), gremios que generalmente sustenta posiciones distales, pero que en esta coyuntura hicieron pública su oposición al acto.
Medios de comunicación y sectores de la sociedad civil se expresaron en forma similar o con cautela recomendaron, al igual que lo hicieron muchos universitarios, que se tomase en consideración que faltando dos días para culminar el semestre e iniciar los exámenes finales, se debía posponer en aras de un debate el acto plebiscitario.
De todos es conocido el resultado y a pesar del mismo, se quiere promover a todo vapor el acto reformatorio, evitando el cruce de ideas y la participación de la sociedad en la tarea de concebir el destino de la principal universidad del país.
Hasta la fecha, se ha profundizado la división de los universitarios y la UP emerge como la única perdedora.
La dinámica en torno a la UP ha tomado un nuevo cauce. Severas críticas han sido presentadas por el Panamá América a partir del 9 de diciembre, en dichas notas se ataca a la institución y se cuestiona personalmente al rector de la misma diciendo: "Hace pocas semanas, su rector, Gustavo García de Paredes, hizo celebrar, a puertas cerradas, entre profesores, docentes, estudiantes y administrativos, un referéndum para dizque reformar sus estatutos. No hubo tal, sino más de lo mismo: endurecer el control que sobre sus organismos de poder ejercen bandas malsanas que la explotan para su beneficio personal".
La respuesta que presentaron las autoridades prevé un acre enfrentamiento, cuyo final desconocemos, pero por el momento aleja lo fundamental y nos somete a la rudeza de una debate distante de lo esencial.
La circunstancia de este careo, ha abierto opciones para algunos cuyo odio acendrado se potencia en medio de las contradicciones y las críticas, que nadie niega puedan ser en algunas ocasiones justas y necesarias, pero negar el aporte de la UP al desarrollo de este país, es además de miopía un acto de mezquindad, porque independiente del sentir que nos merezcan los métodos de ésta o cualquier otra administración, ello nunca será óbice para alentar a quienes sólo verán satisfechas sus afanes cuando se reduzca a escombros el gran capital de la juventud panameña. Doloroso y lamentable es saber que en uno de los Consejos Académicos posteriores al plebiscito, uno de los ideólogos de la degradación que se vive en algunos sectores de la UP, requirió que los decanos de aquellas facultades donde triunfó el NO, deberían renunciar.
Esta ignominia no prosperó y nadie con sensatez e inteligencia avaló su irracionalidad, pero nos advierte de hechos lamentables de grupos que aspiran a una universidad cautiva, prisionera de sus apetitos. El proyecto de ley debe ser debatido en el marco de la amplitud de la sociedad a la cual la Universidad se debe y dado que los universitarios estamos dando evidencias que no estamos asumiendo esa responsabilidad y que no hay condiciones para un debate profundo en su seno, será a nivel de la Asamblea Legislativa que se debe promover la confrontación de ideas que hasta la fecha se ha eludido. La discusión sobre la Universidad no puede ser una actividad endogámica, sectaria y dogmática, este proceder, no importa el producto, viola el sentido histórico de su razón de ser.
Debemos trascender los personalismos y entender que la UP es sin eufemismos una institución fundamental y emblemática de la nación panameña, de allí que su destino no puede ser concebido en el ámbito cerrado y hermético de salas que escuchan el eco de sus necesidades y la medida de sus ambiciones como las aspiraciones de toda una república. Desconocer la experiencia acumulada es un lujo que nadie puede permitirse, por ello ignorar el aporte del proyecto de ley de 1992, las recomendaciones del Primer y del Magno Congreso Universitario, así como el proyecto presentado en el 2003, ante el Consejo General Universitario, todos fruto de reflexiones, análisis y discusiones que incorporaron, como es el caso de las conclusiones que se entregaron del Magno Congreso, representantes de la sociedad civil y de la vida académica y científica del país. Negar todo ese bagaje sólo nos empobrece.
El proyecto presentado presenta graves lagunas y no implica ninguna transformación al estilo de vida que ha caracterizado a la UP, es por el contrario, una síntesis de lugares comunes y proposiciones en muchos casos carentes de definición, que además promueven la invisibilización de los docentes. Documentos como los suscritos por el Dr. Eduardo Flores y el Dr. Ornell Urriola y las múltiples expresiones recogidas en medios radiales y televisivos, recalcando las críticas y rechazos que surgieron de los senos de las juntas de facultad y departamentales.
A lo interno, la Universidad es debate, es confrontación de ideas, es el escenario para la búsqueda permanente de los ideales de la verdad, la belleza y la perfección, es el centro formativo de ciudadanas y ciudadanos y el mayor laboratorio de análisis conductual y el puente entre la adolescencia y la adultez. Las universidades sin contradicciones son entes muertes, por ello, nadie puede arrogarse el papel de censor y menos, descalificar como enemigos a quienes cuestionan y critican con responsabilidad académica y respeto las arrogancias que exuda el poder. Extramuros la Universidad es sujeto y objeto de la voluntad de sus patrocinadores, en este caso la Nación, eludir esta responsabilidad es condenar su visión al fracaso. No se trata de una confrontación por el poder y de perseverar por siempre en la UP, se trata de elaborar una ley que debe facilitar y permitir que la inteligencia, la investigación, la generación del conocimiento y la integridad que debe subyacer en el alma misma de los procesos educativos de nivel superior reinen en los campus, centros regionales y extensiones, marginando la pobreza de espíritu, la molicie y la improductividad, esa tarea sólo es posible con el concurso de todos.
(*) Escritor y Profesor Titular de la Universidad de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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