Nada definitivo aún
P ese a la victoria de Barack Obama en Carolina del Sur, nada sorpresivo ha ocurrido en las primarias demócratas. Tres factores han decidido la votación: la amplia mayoría afro estadounidense; la nutrida membresía afro que copó al Partido Demócrata desde los años ‘60 después que Lyndon B. Johnson firmó el Civil Rigths; y tercero, el factor catalizador del discurso del cambio y del ¡sí se puede!, que está caracterizando el discurso de Obama. "En unos nueve días, -dijo tras su victoria- casi la mitad de la nación tendrá la oportunidad de unirse a nosotros diciendo que estamos cansados de la forma en que se hacen las cosas usualmente en Washington, tenemos hambre de cambio y estamos listos para creer de nuevo". Es un mensaje que llega a los afros, a una amplia juventud norteamericana y a sectores descontentos que reclaman espacio y oportunidades pero, sobre todo, esperanza.
Pero las propuestas de Obama aparecen consignadas también en el discurso de Hillary Clinton. De hecho, el mayor logro que ella puede exhibir en estas votaciones es haber llegado en segundo lugar y no en tercera posición, lo que hubiera sido devastador.
La misma lógica que ha adoptado la votación en el sur, permite proyectar un voto favorable para la señora Clinton, en el resto del país. Su discurso, aunque identificado un poco más con el “stablishment”, también propone cambios que quizás sean más tolerables que los señalados por Obama, para una sociedad que como la norteamericana es mayoritariamente tradicional. Tal condición no echará de lado los postulados de su discurso, pero sí deja una amplia posibilidad a Hillary el 5 de febrero próximo, durante el “súper martes”, cuando las votaciones se registren en 22 Estados. La victoria de Obama en Carolina del Sur no puede verse como definitiva, pero sí deja claro que en EE.UU. él encarna el surgimiento de un nuevo liderazgo.