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Nadie sabe para quién trabaja


Cuando ya la batalla del Fondo Fiduciario parecía haber terminado al declarar unos de los vicepresidentes del actual gobierno que el mencionado fondo sería respetado, ahora vuelven a la carga algunos partidarios de la Sra. Moscoso.
Esta vez anuncian con gran fanfarria, haber dado con la fórmula perfecta: usar el Fondo para reducir la deuda externa. Ciertamente, la deuda externa al igual que el Fondo, nos pertenece a todos por igual; hasta allí todo muy bien.
¿Pero por qué este inusitado interés en la deuda externa y en reducir la misma a costa de unos dineros que representan nuestro único e incipiente ahorro nacional? ¿Por qué no empezar por demostrar la buena fe del gobierno en reducir el gasto público, a manera de ejemplo: vendiendo el lujoso avión presidencial, reduciendo los escandalosamente altos emolumentos de los cónsules, eliminando las costosas partidas circuitales y reduciendo muchos otros gastos innecesarios.
La respuesta a estas preguntas no es difícil de encontrar: se necesitan urgentemente fondos para sufragar el lanzamiento de la tan anunciada agenda social en la cual tienen fincadas sus esperanzas políticas el partido gobernante y sus aliados.
Al reducir la deuda, el servicio de la misma se reducirá también, con lo cual el gobierno de turno dispondrá de más dinero para gastar en su ya mencionada agenda. Si se reduce la deuda, el crédito de Panamá se ampliará e igualmente se aumentará la capacidad de endeudamiento del gobierno; y si la historia nos ha enseñado algo, éste echará manos a más préstamos, continuando así el círculo vicioso en que estamos atrapados hace ya muchos años.
Se ha dicho hasta el cansancio que el Fondo Fiduciario, que en buena hora se creó, representa una gran cuenta de ahorros de todos los panameños, presentes y futuros. El producto de las ventas de las empresas estatales y de las áreas revertidas ingresa al Fondo y éste crece y se robustece en la media que estos bienes van desapareciendo de nuestra columna de activos. Esta es la razón de ser del Fondo, y la idea medular es que algo quede a los futuros panameños después de agotado el festín.
Es muy importante que los legisladores o quienes sean los que han de cargar con la responsabilidad de liquidar el Fondo, tengan muy claro que hay una gran diferencia entre lo que representa el Fondo y lo que representa el gobierno de turno.
El primero es una gran cuenta de ahorros de todos los panameños, con vigencia indefinida; el segundo representa la voluntad política de un grupo que abanderó una candidatura presidencial exitosa, con un mandato constitucional de sólo cinco años, y que si bien es cierto ganó las elecciones y se le reconoce su buena voluntad, dicho grupo dista mucho de representar el sentir de todos los panameños.
El Fondo se percibe como algo que nos pertenece a todos, cosa que nunca podría decirse ni del pasado gobierno de Pérez Balladares y su PRD, ni del presente de Moscoso y su PA.
¿Por qué entonces, hay que conceder al actual gobierno la potestad de gastar los ahorros de todos nosotros? ¿Tiene el actual gobierno el monopolio de la sabiduría para determinar sin equivocarse cuáles son nuestras verdaderas necesidades sociales y en qué orden de prioridades deben acometerse? ¿Cuál será el precio político que tendrán que pagar los que aprueben la liquidación del Fondo si con los vaivenes de la política, antes del próximo torneo electoral, los índices de aprobación de la gestión presidencial de la Sra. Moscoso desciendan a niveles minoritarios, o sea que la mayoría desapruebe de sus iniciativas?...
Para ese entonces es posible que el sufrido Fondo Fiduciario de Fideicomiso haya desaparecido, sin pena ni gloria. Resulta el colmo de la ironía que los ahorros que logró acumular el tan criticado pasado gobierno, hoy sirvan para llevar adelante los propósitos políticos de la presente administración. Cierto es que nadie sabe para quién trabaja.

101 años de Panamá América

 
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