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Narcos en acción


Todos aquí sabemos que con respecto al flujo de cocaína que entraba y pasaba por Panamá en los años 80, contenía un control de distribución interna por los estamentos de seguridad de los militares que “sapeaban” al competidor para quedar bien con los gringos, pero había luz verde para el que pagara por el traslado de su carga.

Con esos controles había mayor traslado de esta mercancía ilícita hacia el norte y menos se quedaba en Panamá para su consumo. Pero, al principio de los 90, después de la invasión con los militares en desbandada y su jefe tras las rejas, las cosas cambian drásticamente con respecto al consumo interno de cocaína en el país.

Para esos momentos, la forma del consumo de la coca cambia y se empieza a fumar e inhalar el “Crack”, o la nefasta piedra, triplicando sus efectos inmediatos en el cuerpo del consumidor con alta desesperación, lo que la hace famosa con fuertísima demanda; y hace que los precios de la misma caigan drásticamente. Por lo que ahora el desarrollo del mercado está en el volumen y cantidad, mas no en su calidad. Esta nueva modalidad de consumo triplica las ventas y los narcos colombianos buscan rutas alternativas dirigidas desde el punto más estratégico con que cuentan, y es exactamente Panamá en democracia, sin militares y sin información para combatirlos, totalmente sin controles, pues carecemos de la información compartida con los colombianos que tenían Noriega y su combo.

Ahora, desprotegidos (en el medio), nos quedamos a merced de esos grupos con mucho dinero que corrompen a una población sin estima, carente de valores, con un desempleo altísimo, después de tanta corrupción, y a merced de una potencia extranjera en este sentido, pues la importantísima información estratégica se había ido a la cárcel y volado al extranjero.

Panamá sin fronteras, se convierte en el punto clave de los productores y exportadores de Colombia, utilizando nuestro suelo como puerto de bodegaje, re-empaque y el nuevo lugar para buscar rutas alternas por tierra, aire y mar, utilizando la nueva modalidad de las lanchas rápidas y aviones desechables. Con esto establecen nuevas marcas record de trasiego de esta mercancía nefasta, invadiendo nuestros pueblos, con esta nueva forma de consumo de cocaína, ahora llamada “Piedra”, creando nuevos mercados para el consumo interno con cifras nunca antes conocidas en nuestro país. Ahora, inclusive, la forma de pago para transportistas y distribuidores ya no es la moneda, sino el mismo polvo.

Esa situación conlleva resultados muy nefastos para la familia panameña. Por otro lado, organizaciones no gubernamentales como la fundación PRO VIDA salimos en su momento a la palestra publica a través de los diferentes medios de comunicación social en programas y reportajes televisivos, escritos y radiales; sin embargo, los gobiernos de turno hacían caso omiso de esta situación que estaba incrementándose rápidamente, porque una golondrina sola no hace el verano.

El problema de consumo de drogas y su distribución no se resuelve desde una organización o desde el despacho de las primeras damas, como lo enfrentaron erróneamente los gobiernos en los 90, quedando evidenciado categóricamente que el tráfico y consumo de estupefacientes se convierten en la raíz de la inseguridad ciudadana, pues los traficantes establecen su crimen organizado y los consumidores sus grupos pandilleros, obteniendo el premio mayor que para unos es el dinero sucio y para los otros es el polvo, ambos enfrentados a los mismos finales de camino, que son la cárcel, el manicomio y la muerte.

Me duele tener que decir que en guerra avisada no muere soldado. Hoy por hoy vemos claramente los resultados de la ineptitud desarrollarse en Panamá, una juventud carente de valores éticos, morales y espirituales, donde se hace casi imposible caminar por el sendero del bien, cuando hay una historia de corrupción tan fuerte como la nuestra, viviendo diariamente en un juega vivo eterno. Es muy difícil decir que NO a la maligna tentación del dinero fácil. Se hace imperativa la más rigurosa necesidad de implementar en el país una estructura para la prevención educativa, que informe a los jóvenes y a sus padres sobre la naturaleza del problema de las drogas y a donde lleva.

101 años de Panamá América

 
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