Narcosubversión y derechos humanos
Human Rights Watch (HRW) es una prestigiosa organización cuya actividad es por demás respetada, debido a sus magníficos objetivos, repercusión internacional y ponderado trabajo. En extensa carta-informe dirigida al jefe de las FARC, textualmente expresa: " Hemos llegado a concluir que las FARC son responsables de asesinatos y secuestros de civiles, tomas de rehenes, uso de niños soldados, celebración de pseudo-juicios, tratamiento cruel e inhumano de combatientes capturados, desplazamiento forzado de civiles, empleo de armas prohibidas, tales como cilindros de gas que causan estragos indiscriminados y provocan terribles heridas, ataques a trabajadores e instalaciones médicas, violación flagrante de las normas más básicas de respeto por la vida humana".
La respuesta del cabecilla de aquellos bandoleros fue la siguiente: "Ni a mí ni al Estado Mayor nos han enviado este material". No obstante, la prensa informó que la referida misiva fue entregada por un emisario que llegó a la casa de las FARC, en pleno centro de San Vicente del Caguán, además fue remitida por correo electrónico, desplegada en la página Internet de HRW y dada a conocer universalmente por las agencias internacionales de noticias. Esto constituye otra prueba de la prepotencia y el cinismo de la narcoguerrilla que tiene en jaque a Colombia, precisamente por haberla dejado llegar a los niveles de virulencia y poderío que hoy ostenta a extremos de condicionar al Gobierno de Pastrana y haber recibido, graciosamente, decenas de miles de kilómetros cuadrados donde proliferan, en la actualidad, plantaciones y laboratorios ilícitos.
La degradación del conflicto colombiano es evidente. Las FARC utilizan métodos del más abyecto primitivismo. No faltan quienes dicen que no hay que extrañarse de este particular, por cuanto los narcosubversivos no están efectuando nada distinto de lo que siempre han venido haciendo.
Diarias e incontables son las pruebas de las abiertas violaciones a los derechos humanos que perpetran las FARC, dentro de esa repudiable línea de conducta que mantiene en jaque a la andina y sufrida nación. Existen reveladores testimonios como el siguiente que pertenece a la Alta Comisionada de la ONU para los DD.HH.: "La guerrilla ha recurrido a la tortura antes de dar muerte a desertores o supuestos auxiliadores de los grupos paramilitares. Así, en el municipio de Mapiripán (Meta), un comandante de las FARC dio muerte a un guerrillero indígena Guahibo, quien iba a desertar con dos fusiles. Este fue atado a un palo y torturado con una navaja, mientras le decían que así se castigaba a los traidores a la revolución. El Ejército denunció varios casos en los cuales la guerrilla mutiló a miembros de la fuerza pública antes de darles muerte".
¿ Qué otra cosa puede esperarse de forajidos que cometen todo tipo de atrocidades, como atacar ambulancias o centros hospitalarios? Ni siquiera los religiosos escapan a esa ola de salvajismo: será difícil olvidar el vil asesinato de tres misioneros norteamericanos que previamente fueron secuestrados, mientras se encontraban cumpliendo ejemplar labor en la tribu indígena U wa, agobiada por la pobreza, la marginación social y las enfermedades. El jefe de la cuadrilla oriental de las FARC, Germán Briceño Suárez, mejor conocido por su alias de Grannobles, fue quien ordenó estos crímenes y que los cuerpos de las víctimas sean abandonados en territorios de Venezuela, según una fuente por demás seria como lo es la Organización de Naciones Unidas.
En momentos que escribo este artículo la prensa informa que Alan Jara Urzola, ex gobernador del departamento del Meta, fue plagiado una vez que guerrilleros de las FARC le sacaron a la fuerza de un vehículo de las Naciones Unidas. En este punto conviene recordar lo que manda el Derecho Internacional: los vehículos de la ONU, a igual que las oficinas y casas de las embajadas son inviolables, gozan de inmunidad diplomática, por cuanto se los considera áreas extraterritoriales. En esta línea de crasas arbitrariedades, ¿podrán esos sujetos respetar fonteras y soberanías si atacan hasta ambulancias de la Cruz Roja?
A ello se debe añadir la naturaleza transnacional del narcotráfico, aliado inseparable de los alzados en armas a los que provee de ingentes cantidades de dinero turbio, a cambio de la defensa de sus execrables intereses. Es por eso que no pocos analistas de la realidad continental hablan de una guerrilla rica a la que, en verdad, no le interesa ningún proceso de paz sino ir por la obscura ruta que siguen hasta apropiarse del poder en Colombia, para inaugurar el narco-Estado comunista que públicamente han anunciado, a fin de proyectarse con estos reprochables comportamientos a toda América.
Lógicamente, los países vecinos a la agobiada república son los que primeramente se localizan en el área de mayor riesgo, tanto por su ubicación geográfica como por la dinámica expansionista del narcotráfico y del cruel activismo de sus virulentos socios.
La respuesta del cabecilla de aquellos bandoleros fue la siguiente: "Ni a mí ni al Estado Mayor nos han enviado este material". No obstante, la prensa informó que la referida misiva fue entregada por un emisario que llegó a la casa de las FARC, en pleno centro de San Vicente del Caguán, además fue remitida por correo electrónico, desplegada en la página Internet de HRW y dada a conocer universalmente por las agencias internacionales de noticias. Esto constituye otra prueba de la prepotencia y el cinismo de la narcoguerrilla que tiene en jaque a Colombia, precisamente por haberla dejado llegar a los niveles de virulencia y poderío que hoy ostenta a extremos de condicionar al Gobierno de Pastrana y haber recibido, graciosamente, decenas de miles de kilómetros cuadrados donde proliferan, en la actualidad, plantaciones y laboratorios ilícitos.
La degradación del conflicto colombiano es evidente. Las FARC utilizan métodos del más abyecto primitivismo. No faltan quienes dicen que no hay que extrañarse de este particular, por cuanto los narcosubversivos no están efectuando nada distinto de lo que siempre han venido haciendo.
Diarias e incontables son las pruebas de las abiertas violaciones a los derechos humanos que perpetran las FARC, dentro de esa repudiable línea de conducta que mantiene en jaque a la andina y sufrida nación. Existen reveladores testimonios como el siguiente que pertenece a la Alta Comisionada de la ONU para los DD.HH.: "La guerrilla ha recurrido a la tortura antes de dar muerte a desertores o supuestos auxiliadores de los grupos paramilitares. Así, en el municipio de Mapiripán (Meta), un comandante de las FARC dio muerte a un guerrillero indígena Guahibo, quien iba a desertar con dos fusiles. Este fue atado a un palo y torturado con una navaja, mientras le decían que así se castigaba a los traidores a la revolución. El Ejército denunció varios casos en los cuales la guerrilla mutiló a miembros de la fuerza pública antes de darles muerte".
¿ Qué otra cosa puede esperarse de forajidos que cometen todo tipo de atrocidades, como atacar ambulancias o centros hospitalarios? Ni siquiera los religiosos escapan a esa ola de salvajismo: será difícil olvidar el vil asesinato de tres misioneros norteamericanos que previamente fueron secuestrados, mientras se encontraban cumpliendo ejemplar labor en la tribu indígena U wa, agobiada por la pobreza, la marginación social y las enfermedades. El jefe de la cuadrilla oriental de las FARC, Germán Briceño Suárez, mejor conocido por su alias de Grannobles, fue quien ordenó estos crímenes y que los cuerpos de las víctimas sean abandonados en territorios de Venezuela, según una fuente por demás seria como lo es la Organización de Naciones Unidas.
En momentos que escribo este artículo la prensa informa que Alan Jara Urzola, ex gobernador del departamento del Meta, fue plagiado una vez que guerrilleros de las FARC le sacaron a la fuerza de un vehículo de las Naciones Unidas. En este punto conviene recordar lo que manda el Derecho Internacional: los vehículos de la ONU, a igual que las oficinas y casas de las embajadas son inviolables, gozan de inmunidad diplomática, por cuanto se los considera áreas extraterritoriales. En esta línea de crasas arbitrariedades, ¿podrán esos sujetos respetar fonteras y soberanías si atacan hasta ambulancias de la Cruz Roja?
A ello se debe añadir la naturaleza transnacional del narcotráfico, aliado inseparable de los alzados en armas a los que provee de ingentes cantidades de dinero turbio, a cambio de la defensa de sus execrables intereses. Es por eso que no pocos analistas de la realidad continental hablan de una guerrilla rica a la que, en verdad, no le interesa ningún proceso de paz sino ir por la obscura ruta que siguen hasta apropiarse del poder en Colombia, para inaugurar el narco-Estado comunista que públicamente han anunciado, a fin de proyectarse con estos reprochables comportamientos a toda América.
Lógicamente, los países vecinos a la agobiada república son los que primeramente se localizan en el área de mayor riesgo, tanto por su ubicación geográfica como por la dinámica expansionista del narcotráfico y del cruel activismo de sus virulentos socios.