default

Narcotráfico


Pocos medios prestaron atención a la respuesta que diera el presidente colombiano Andrés Pastrana, a las autoridades antinarcóticos de Estados Unidos, a raíz del reciente apresamiento en Fort Lauderdale, Florida, de una aeronave de la Fuerza Aérea Colombiana, colmada en bolsas de cocaína.
Preguntó el mandatario colombiano, por qué se apresuraron los de la DEA a detener sólo a la tripulación del avión, sin dejar correr un tanto más la operación, para permitir, en coordinación con su gobierno, apresar a los de más arriba en ambos países y desmantelar a toda la organización, en vez de cortar sus tentáculos a tan bajo nivel.
Cierto es que el Comandante de la Fuerza Aérea colombiana renunció; pero es obvio que se trata de un desagravio meramente simbólico, puesto que la organización de narcotraficantes enquistada en las fuerzas armadas de Colombia y también en Estados Unidos, continúa intacta a altas esferas, perdiendo tan sólo algunos de sus "rasos" fáciles de reemplazar.
Porque no puede ser que esa haya sido la primera vez que se emplea ese modus operandi para llevar drogas de uno a otro país; como tampoco puede ser que no existan autoridades y personal del aeropuerto de destino, presta a dar a la mercancía calurosa bienvenida, mediante su ingreso a la cadena de comercialización hasta su reventa al detal en las calles norteamericanas.
Las narcomafias tienen en los pobres sus mulas, matones, vendedores minoristas y cobradores favoritos. Pero desde allí hacia arriba, se erige una pirámide que involucra a gente de todas las capas sociales y estratos económicos.
Una gran empresa o un hombre adinerado, es el lavador perfecto que despierta menos suspicacia por su sólo status. Pero uno de clase media, es ideal para servir de pantalla a pequeños negocios que en poco tiempo reportan grandes ganancias y extraordinario crecimiento, aunque siempre estén vacíos.
Malos banqueros, agentes de bienes raíces inescrupulosos, vendedores de megaproyectos, políticos y funcionarios corruptos, nadie está a salvo de la tentación del dinero fácil.
Una vez el dinero es lavado, presentado como fruto de un negocio lícito, queda listo para ser reinvertido en nuevos proyectos, mientras más grandes y ambiciosos mejor, no importa tanto las ganancias como el pretexto para reportarlas en libros y justificar el manejo de grueso efectivo. Para una empresa así, las generosas donaciones y el solicitar préstamos, aunque no los necesite, no son sino mera cubierta.
La cantidad de riqueza mal habida acumulada es tal, que puede infiltrar directivos de grandes empresas, financiar campañas políticas, tener sus diputados, sus jueces, sus abogados, contadores, banqueros y administradores.
El cruel sistema funciona implacable y eficiente en todos los países; y no nos toca sino estar alertas y recurrir a la cooperación internacional contra un enemigo demasiado poderoso, que todo lo permea y corrompe.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América