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Narcotráfico y gobernabilidad



Los retoños del narcotráfico, los llamados "tumbadores", que no son más que macabros "hamponzuelos" criollos dedicados al robo de droga y dinero, con sus respectivo saldo de sangre, han proliferado de tal manera en el país que ya pueden ser considerados una epidemia social, de profundas y complejas raíces.
La pregunta obligada es, ¿Cómo permitimos que germinara en nuestra sociedad semejante fenómeno criminal? En algunos casos los generó el sistema mismo, pues se trata de ex informantes de las fuerzas antinarcóticos, nacionales y extranjeras, o ex agentes policiales que fueron seducidos por el dinero fácil que se usa como carnada en el mundo resbaladizo del narcotráfico. Como los traficantes de drogas en propiedad, podrían estar adquiriendo ramificaciones en todos los niveles de poder, y sus fortunas, según recientes informes oficiales, alcanzan sumas millonarias en Panamá. Estos "tumbadores" están alcanzando la dimensión peligrosa que tienen los capos internacionales. Matan, secuestran, roban, sobornan. Sus actos delictivos se proyectan ad infinitum, pues para sobrevivir deben carcomer el tejido social en el que actúan, y con ello provocan un desequilibrio social y político preocupante.
El crimen organizado y el narcotráfico, con modalidades como la de los "tumbadores" y sabrá cuáles otras que surjan en el futuro próximo si no se pone freno a lo que hoy vivimos, son factores que debilitan al Estado y amenazan la gobernabilidad. Ahí la importancia de encarar el fenómeno con todos los recursos posibles, sin límites de tiempo y esfuerzo creativo.
Tener hampones como éstos en la calle, corrompiendo todo a su paso, pone a la comunidad en pleno en situación de desventaja y vulnerabilidad. Las consecuencias pueden ser dolorosas.

101 años de Panamá América

 
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