Narcotráfico y relaciones internacionales
Colombia y México son dos grandes referentes de la incidencia corrosiva del narcotráfico. Al primero, se lo considera centro de las siete plagas: narcotráfico, lavado de dinero, violencia armada, terrorismo, secuestros, sobornos e impunidad, fenómenos vinculados entre sí.
Según la autorizada apreciación de monseñor Pedro Rubiano, es una crisis nacional convertida en pesadilla, resultado de muchos años de inmoralidad y falta de respeto a los demás. Otro respetable líder explicó que la historia colombiana fue dividida por el narcotráfico y que no hay que mirarla antes y después de la llegada de los españoles. A las FARC se las identifica como narcoterroristas, debido a las repudiables actividades que llevan a cabo y que constituyen serias y palpables amenazas no sólo para los vecinos de Colombia: Ecuador, Venezuela, Panamá, Perú y Brasil, sino para todos los países centroamericanos que se localizan en la ruta de las drogas ilícitas, con los consiguientes y nocivos efectos.
En el segundo, se considera al narcotráfico como un imperio comandado por virulentos malandrines que están eclipsando a los colombianos, con quienes tienen estrechos nexos. Una muestra de este nefasto poder encarnó Amado Carrillo Fuentes, máximo cabecilla del Cartel de Juárez, al que sus compinches le llamaban “el señor de los cielos”, por sus numerosos aviones con droga que surcaban clandestinamente el espacio aéreo de América. A qué extremos se habrá llegado que dos de los jefes policiales encargados de combatir a esta plaga social se hallan presos, por cuanto los capos les sobornaban millonariamente. En solo 15 meses, el narcotráfico en México ocasionó 6200 asesinatos.
Desde Colombia hacia el norte, operan directamente los más grandes carteles de la cocaína del mundo, por separado y también juntos, por ello siguen produciéndose flagrantes atropellos a la soberanía, fronteras y derechos humanos, a más de violencia y corrupción. ¿Alguna nación será impermeable a este mal?
Los gobiernos, en aplicación de aquel principio de la ONU, de que el narcotráfico es un problema de responsabilidad compartida, deben intensificar iniciativas y esfuerzos para enfrentar a este colosal y transnacional cáncer de la sociedad contemporánea. En diversos campos, y especialmente en éste, los pueblos pobres o subdesarrollados requieren urgentemente el apoyo económico y tecnológico de las naciones prósperas, ya que el narcotráfico posee toneladas de billetes sucios que les posibilita su ilimitada expansión.
México, de arraigados sentimientos nacionalistas y por su sensata política internacional, va a beneficiarse, en el 2009, de 700 millones de dólares para su lucha en contra del narcotráfico, de los cuales 80 millones llegarán como helicópteros Black Hawk para cuidar la explosiva frontera. Este prioritario asunto ha sido consolidado con motivo de la reciente visita a la República azteca de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton.
Las relaciones internacionales bien cimentadas configuran la atmósfera apropiada para alcanzar triunfos sobre el narcotráfico y sus delitos asociados; de no ser así, todos los esfuerzos serían inútiles, dadas las características de la globalización y subterránea influencia de los narcos.