Narración o gritos
Con motivo del juego de fútbol entre la selección de Panamá y El Salvador que trasmitió un canal de televisión, tenemos que hacer una crítica constructiva con relación al periodista asignado para narrar ese partido de fútbol. Ese comunicador se pasó gritando en vez de narrar el mismo. Sus gritos impedían que los oyentes y televidentes pudieran entender lo que expresaba en torno a las incidencias del juego; era tan alto su griterío que tuvimos que bajar el volumen de la televisión. Igualmente, cuando mencionaba a un jugador le acortaba su nombre o lo mencionaba haciendo alusión únicamente a su apodo, que muchas veces sólo él conocía. Todo indica que él entiende que el que más grita, mejor narra; lo cual, sin ser especialista en el tema, estoy seguro que es una completa equivocación.
El televidente que observa un partido espera contar con un narrador que, de manera clara, diáfana y objetiva, relate los sucesos que se generan en el juego, pero como narradores como el que hacemos referencia, tomamos la decisión, por el volumen altísimo de su voz, observar únicamente el vídeo y no escuchar el audio.
Considero, sin ofender a nadie, que es necesario un curso de alocución para este tipo de narradores, el cual entiendo que es dictado en algunas universidades en nuestro medio.
La claridad de lo que se relata es un elemento esencial en cualquier narración. La euforia y los gritos dejémoslos para los fanáticos. Amanecerá y veremos