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Navidad con esperanza


Estas Navidades deparan a Panamá el mejor de los regalos de los últimos tiempos, el de la esperanza. Hemos tenido años muy malos, en los que la economía nacional tocó fondo, para empezar a recuperarse realmente a partir del presente que está por terminar. Todas las encuestas así lo registran y, fuera de ellas, eso se percibe por las calles, tiendas, almacenes y en los hogares mismos. El panameño ha empezado otra vez a sonreír.
En cierta medida, es un milagro propio de la época, porque hemos padecido escándalo tras escándalo, que habla de una corrupción galopante, combinada con un desempleo que apenas desciende una décima, un empleo informal que colma las calles y una pobreza que aflige a un tercio de nuestros compatriotas. La delincuencia tampoco ha estado mejor. La inseguridad sigue siendo la segunda mayor preocupación ciudadana después de la falta de trabajo.
Pero el turismo ha crecido con fuerza, a ritmo de dos dígitos por año, haciendo crecer la inversión en hoteles, casinos, restaurantes, discotecas, sitios de recreo y toda la infraestructura del sector, generadora de empleos formales e informales. Las tiendas y el comercio han recobrado la vida. La industria de la construcción está jalando a la Nación con un crecimiento que sobrepasa el 35% este año. Cierto, es coyuntural, producto del último año con exoneraciones ventajosas, pero de todos modos allí está, generando con fuerza miles de empleos para gente de bajo y medio estrato.
La campaña política también promete cambios, con nuevas figuras políticas en el ruedo y la reedición de una vieja, pero prestigiosa de antaño. Las alternativas no arrojan otra vez el amargo sabor del “más de lo mismo”. Porque no se diga que no hay cambio alguno con el joven Martín Torrijos corriendo como favorito, ni con la candidatura igual joven de José Miguel Alemán, por más que sea oficialista. Igual ocurre con Ricardo Martinelli, que en su madurez es un distinguido y exitoso empresario, que augura cambios, independientemente de sus oportunidades. Y no menos interesante es la figura del ex presidente Guillermo Endara, quien ofrece superar su primer buen gobierno de reconstrucción.
Pero más que todo está el calor humano y la música. El panameño cantado tantas veces por tantos trovadores nativos y extranjeros de ayer y hoy está de vuelta a la alegría y al color. Es el espíritu que se requiere para hacer andar este país hacia metas superiores. Y el año próximo lo haremos, aunque tengamos que ponerlo todo de cabeza para retomar el buen paso de nuevo. Acabaremos y denunciaremos la corrupción. Exigiremos cuentas a gritos a los funcionarios que manejan los haberes y asuntos públicos, que son nuestros. Y reclamaremos nuestros derechos con los puños cerrados. Sólo que esta vez, con esperanza.
(* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute. (c) www.aipenet.com)

101 años de Panamá América

 
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