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Navidad, respuesta de Dios a la corrupción


El mundo celebra la Navidad, cada cual se divierte a su manera sin tomar en cuenta al autor de la Salvación: "Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros".
Es la fiesta de la diversión, donde el consumo desigual es lo característico, donde si osas hablar del Dios -parece paradójico- que revela al mundo "Su voluntad de paz para con los hombres en la persona del Cristo que nació en el pesebre de Belén", eres un anormal.
Nuestros días son semejantes al Israel del desierto cuando salió a divertirse, a celebrar sus fiestas, dejando tras de sí a Moisés sólo en el monte de la conversación con Dios. Un mundo que celebra la "Nativitate" desdeñando al cumpleañero, porque desconocen el significado de esta expresión:
Nati: Nacimiento (ha nacido un Salvador)
Vita: Vida (En él estaba la vida)
Te: Ti (Os ha nacido)
Vita: Esta es la Vida Eterna
Te: que te conozcan a Ti el Dios verdadero
Nati: y a Jesucristo a quien has enviado.
Cuando los hombres salen a divertirse dejando relegado a Dios a un segundo plano, surge el fenómeno de la corrupción.
Desde el momento en que el Shadai vio al pueblo que él había redimido de la esclavitud de Egipto, en esa aptitud le dijo a Moisés: "Anda desciende, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido". Dándonos a entender que la corrupción es un mal de los pueblos que marchan sin tomar en cuenta a Dios, porque él dijo: "Tu pueblo Moisés", estos pueblos muestran una clara conducta marcada por tres cosas inmanente al corazón del hombre que convive en sociedad: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida.
En los días de Noe, Dios intervino en el mundo para destruirlo, debido a que la corrupción era el plato fuerte del día: "Toda carne había corrompido su camino sobre la tierra" y "toda tendencia de los pensamiento de su corazón era de continuo solo el mal"; igual en los días de Lot, "comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, y edificaban hasta el día que Lot salió de Sodoma (...)Lc. 17:28.
El hombre al caer en la tentación de vivir de espalda a Dios, siguió el camino de lo que Satanás le ofrecía a través del sentido visual y el paladar: Ver y comer. Desde entonces, el mundo vive condicionado a estos dos sentidos que desencadenan el resto de las conductas que Dios denomina corrupción: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
La corrupción es insuflada por estas pasiones humanas que afectan el ámbito político, social y económico, descomponiendo las sociedades y las culturas, trayendo otras formas de injusticias e inmoralidades, ocasionando crímenes y asesinatos, violencia y toda clase de impunidad; marcando la marginalidad, la exclusión y el miedo entre los más pobres. Afecta a la administración de justicia, los procesos electorales, el pago de impuestos, las relaciones económicas y comerciales nacionales e internacionales, la comunicación social. Está presente en la esfera pública como en la privada; y una y otra se necesitan y complementan. Se liga al narcotráfico, al comercio de armas, al soborno, a la venta de favores y decisiones, al tráfico de influencias, al enriquecimiento ilícito, al comercio de la fe en las Iglesias; utilizando legítimamente el poder en provecho propio desdeñando el bien común.
La corrupción ha estado presente en la historia humana, en nuestros días ha alcanzado tales extremos, que los verbos: descomponer, depravar, dañar, viciar, pervertir, sobornar y cohechar, no son suficientes para designar esta pandemia de la sociedad, convertida en anticultura generalizada y que nace en el corazón del hombre que vive a espalda de Dios.
Por esas razones, Dios interviene en el mundo con el nacimiento de Jesús, cuando se cernía en la desesperación del abuso del poder político y el oscurantismo religioso -al igual que en nuestros día-. Estos pretendían que sus vidas cambiarían al librarse del imperio corrupto de Roma y el dominio religioso de Jerusalén. Por eso hoy tenemos Navidad, porque nos nació un Salvador para redimirnos del verdadero cautiverio la "Corrupción del corazón".
La corrupción está estrechamente ligada al hedonismo - vida de los placeres-, estilo de vida que se desarrollaba en los día del nacimiento de Jesús, desde el Palacios de Herodes hasta la más insignificante aldea. El mundo de entonces vivía en una oscuridad total y el Señor intervino una vez más, no para destruirlo, sino para mostrarnos su amor, implorando la conversión del hombre al Cristo que nació en Belén en extrema pobreza rodeado de una "mula y un buey" para mostrarnos su humildad y muriendo entre "dos bandidos" para darnos su amor y perdón.
La corrupción está enquistada en cada hombre sin fe, que soslaya a Dios de su corazón, es un problema que indica que la Nativitate no ha tocado ese corazón.
Feliz Navidad con Cristo en el Corazón.

101 años de Panamá América

 
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