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Nazaret y el Plan Colombia


La aguda y grave crisis política y militar que vive en estos momentos Colombia, ya está dando muestras concretas de su extensión hacia áreas fuera de su territorio nacional. Prueba contundente de ello es el ataque por parte de fuerzas irregulares a la comunidad emberá de Nazaret, en la región fronteriza de Darién. Este hecho a activado con mucha más fuerza el debate sobre qué cosas debe hacer el gobierno para que nuestro país no se vea involucrado en un conflicto que únicamente es un asunto interno de Colombia y que debe ser resuelto y dirimido por los colombianos. Además, sobre cuáles deben ser las iniciativas que debe asumir el gobierno panameño, primero para garantizar la seguridad de la población panameña que vive sobre la región limítrofe de Panamá y Colombia, segundo sobre las acciones que en la arena internacional debe desarrollar el Gobierno Nacional, apuntando hacia dos direcciones: a) Propiciar y estimular un movimiento regional de pacificación convocando a todos los países que conforman la cadena fronteriza que rodea a Colombia. b) Apoyar las negociaciones de paz entre el gobierno y todos los grupos armados ( FARC, ELN, AUC), con el objeto de garantizar la seguridad de nuestra población y nuestra integridad territorial.
Coincido con algunos analistas en que ninguna de estas acciones significaría por parte de Panamá, involucrarse en el conflicto que es responsabilidad exclusiva de los colombianos. Las mismas son necesarias por cuanto que nuestro país es el eslabón más débil de la cadena fronteriza por la carencia de una fuerza militar capaz, desde el punto de vista logístico y táctico, de defender una frontera sumamente compleja y complicada. Semanas atrás, los medios de prensa han difundidos las amenazas de los grupos paramilitares contra los miembros de nuestra fuerza pública y la población civil en la región. Esto hace todavía más obligante que el gobierno asuma posiciones mucho más realistas y sin caer en actitudes provocadoras como "Lo que traen llevarán"; converse con todos los sectores involucrados en el conflicto bélico y demostrar, a través de estas acciones, nuestra neutralidad territorial y la voluntad de los panameños de que el pueblo colombiano alcance la paz.
A nuestro juicio, el Plan Colombia es una estrategia sin solución; Colombia se ha convertido, desde hace algún tiempo, en uno de los ejes de la política exterior norteamericana. Esto me parece cierto porque existen dos elementos que hacen a este país acreedor de este protagonismo: El problema del narcotráfico y la consideración de Colombia como amenaza de la seguridad hemisférica por un desbordamiento del conflicto armado hacia los países vecinos, como ocurrió, precisamente, con la comunidad emberá de Nazaret. Ante ese hecho, tenemos que plantearnos la interrogante: ¿Qué tenemos que hacer los panameños, junto al gobierno, ante este terrible problema? El gobierno debe entender, en primera instancia, que toda acción que pretenda diseñar y ejecutar tiene que surgir del consenso nacional, lo que permitirá lograr una salida panameña y latinoamericana a la crisis y sin injerencias externas en nuestros asuntos.
El gobierno debe esforzarse en convocar a una cumbre, aquí en Panamá, con los presidentes de los países limítrofes y con el propio presidente colombiano para conformar allí el grupo amazónico- bolivariano. El momento y escenario propicio para esta reunión por la paz en la subregión podría ser la cumbre iberoamericana. Esto evidenciaría el interés de Panamá en coadyuvar en los esfuerzos de toda la sociedad colombiana para su pacificación. El Plan Colombia es un hecho desconocido para una gran mayoría de colombianos, incluso pobladores de las regiones directamente vinculadas al conflicto escasamente lo conocen. Este plan esta siendo visto por algunos sectores en el exterior con mucha reserva, se está aplicando en un país cuya situación está caracterizada por la violación de los derechos humanos, por el escalonamiento del conflicto armado y la crisis económica más grave de todos los tiempos. No podemos descartar la posibilidad de que ocurran otros Nazaret, por ello reiteramos nuestra preocupación en cuanto a iniciar esfuerzos que permitan un consenso nacional y reafirmemos nuestra condición de país soberano y autodeterminado.

101 años de Panamá América

 
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