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Necesidad de una tercería patriótica


Todos debemos mantenernos bien alertas, perseverantemente, observando con mucho detenimiento si el abuso del poder que ha demostrado nuestra primera mujer presidenta continúa empeorando. Sencillamente porque eso es lo que conviene al país. Estoy de acuerdo que es saludable señalar las acciones positivas que hace el presente gobierno. Son más visibles las reparaciones de calles y, por ahora, debemos reconocer que las partidas circuitales no volverán.
A la par, nadie olvida que la alternativa es el PRD y que, por ejemplo, en una cuenta bancaria del candidato a presidente legislativo de este combo se depositaron unos siete cheques de planilla legislativa, a nombre de su hermano, que ya había fallecido. Al descubrirse el asunto se supone que el dinero fue restituido al fisco.
Por otra parte, tampoco es fácil olvidar que la corrupción tipo PRD, en mayor o menor grado, ha enseñado también sus tentáculos en la presente administración arnulfista. Es más que evidente que la mayoría de los asesores de lujo han hecho mutis y que los "maleantes" permanecen como si nada. De modo que la disyuntiva torrijismo-arnulfismo es muy poco atractiva. De ahí que se mencione con frecuencia la necesidad de que surja una verdadera tercera fuerza. Bien sabemos que estos "tercios" nunca han tenido éxito y, más bien, las más de las veces han resultado ser una tremenda desilusión, por no decir mentira, basura o porquería.
Faltan unos 20 meses para las elecciones de 2004, algunos dirán que es muy temprano en el juego. Sin embargo, la corrupción astronómica, de vieja data, no parece que dará su brazo a torcer. Por lo tanto, la ciudadanía consciente, que anhela mejores días para todos los que vivimos en esta tierra bendita, debe mantener su demanda de que de una vez por todas se opere un cambio de verdad y que esa reforma sea mucho más que un "slogan" politiquero.
Hoy día se habla de candidatos presidenciales que no son más que más de lo mismo, valga la redundancia. Por ahora, agrego. Uno es el hijo de un ex narcodictador que tuvo algunas cosas supuestamente buenas, en un mar de imperfecciones. Ojalá que su hijo sea mucho mejor, si es que llega. Otro, con un buen curriculum vitae, se debate entre "terciar" o llegar a la meta asido de la cola de un sistema político que obviamente no sirve, a pesar de las enseñanzas de 26 años de narcodictadura y una cruenta invasión.
No creo necesario entrar en pormenorizaciones. La historia nos enseña que lo que más conviene a Panamá es una tercería en discordia que se aleje lo más posible de la politiquería que mantiene al país accionando en arenas movedizas.
Admito, este deseo es impráctico dado que el sistema actual retiene un poder enorme. No obstante, nos toca a todos luchar por mejorar la calidad de vida de los que habitamos en este querido terruño. Pienso principalmente en las futuras generaciones.
Ojalá tenga yo la dicha de estar presente cuando esto ocurra, lo cual es muy dudoso. Por lo pronto las acciones más imperativas, de reciente data, tienen nombres extraños: CEMIS, Panama Ports, poderes estatales que no sean 3 en 1 y que colaboren armónicamente, mameyes, "durodólares". Y todo estos problemas, y muchos más, deben ser afrontados con mayor arrojo e integridad si es que vamos a mejorar nuestra democracia. Obsérvese que no pido la perfección.
En fin, no puedo perder la esperanza de que surja una tercería que en actitud y acción sobrepase las ejecutorias de los politiqueros que todos conocemos. Apoyemos esa tercería y sigamos soñando porque Panamá es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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