Necesidades del Seguro Social
Los problemas que confronta el Seguro Social no son filosóficos, son reales y no es justo que los miremos con ojos emparchados, sin cariño o sólo con cariño, pero sin objetividad. No sé hasta dónde muchas personas se han percatado de la realidad de la institución y la necesidad de salvarla. Las autoridades máximas del Seguro deben comprender que la situación hay que mirarla en forma integral, complejamente como complejos son sus problemas.
Cuando alguien dice que hay que reformar un artículo de la Ley Orgánica y no toda la Ley, sobre permitir que sus fondos puedan colocarse en entidades bancarias privadas, nacionales o extranjeras, porque así crecerían sus fondos, deja de ver el bosque por mirar los árboles. Si pensamos que la solución del Seguro está en aumentar sus ingresos y por lo tanto, sea necesario crear nuevos empleos para tener más cotizantes, dejamos de ver la realidad que hay en el exceso de egresos que mantienen desequilibradas las finanzas del Seguro, y no queremos ver que 15 mil empleados son una planilla sustanciosa, así como que el Seguro ha servido para reclutar personas solamente porque son políticas. Y así se va llenando la institución de tanta gente innecesaria sólo por cumplir compromisos de campaña.
Si recordamos que incluir a los beneficiarios dándoles todos los servicios médicos que se dan a los asegurados fue una idea poco genial que perjudicó enormemente al seguro, quitándole responsabilidades al Ministerio de Salud que no cumplió más nunca como es debido con sus obligaciones constitucionales, estamos en la realidad.
No señores, existen diferentes ángulos desde los cuales debe mirarse al Seguro. ¿Qué será de las jubilaciones si continuamos en este camino? Solamente con saber que la edad que viven las personas hoy es superior a antes y que el renglón de Pensión, Vejez y Muerte tiene que desembolsar durante más años esas pensiones y jubilaciones, sería suficiente para buscarle alternativa a lo que tenemos hoy.
Yo no hablaría de privatizar una institución que ha sido el nervio motor y central de la tranquilidad social que hay en el país. Es una quietud para la gente humilde saber que puede ir al Seguro y encuentra lo que busca y necesita para su salud. Nos permite vivir plácidamente sabiendo que, cuando llegue la hora, según la ley, de jubilarnos, tenemos una institución que nos paga lo que acumulamos y a lo que tenemos derecho. Mientras el seguro cumpla con sus obligaciones, la gente se tranquiliza. Lo malo es cuando va en busca de medicinas, de atención médica, de radiografías y les dicen que no hay.
¿Qué me cuentan de la corrupción? Mientras más pasos hay que cumplir para hacer las compras, más posibilidades de coimas, de compras fraudulentas, de desorganización en saber las necesidades reales del Seguro y no comprar en exceso para que te den algo bajo cuerda. Mientras se nombre personal por política y no por preparación y capacidad, privará la ineficiencia entre los empleados y el rendimiento será casi nulo. Mientras los empleados del Seguro piensen que al nombrarlos se les da carta para buscar dinero extra y no se les enseñe a tratar bien a la gente que la atención médica es lo básico del Seguro; mientras los empleados no vendan cupos a la gente humilde que se levanta de madrugada para que les den la oportunidad de ser atendidos por los médicos, no salvaremos esa institución que tanto queremos y de la cual fui parte durante más de treinta años, cuando el Seguro era una tácita de oro y sus autoridades tenían la mentalidad de actuar correctamente.
Me enteré de unos escándalos de la administración pasada que realmente no pensé que pudieran darse. Y yo me pregunto, ¿es que los empleados públicos tienen la mentalidad del mal comportamiento en cuanto ocupan uno de ellos? ¿es que no hay capacidad de honestidad y de querer dar lo mejor de sí mismos?
Muchos panameños piensan en su presente, en cuánto les tocará o qué beneficios puedan sacar. Pero, no piensan en un futuro que ellos ven lejano, y que será su paz en la vejez. El Seguro es de todos. Debemos salvarlo y no hundirlo.
Cuando alguien dice que hay que reformar un artículo de la Ley Orgánica y no toda la Ley, sobre permitir que sus fondos puedan colocarse en entidades bancarias privadas, nacionales o extranjeras, porque así crecerían sus fondos, deja de ver el bosque por mirar los árboles. Si pensamos que la solución del Seguro está en aumentar sus ingresos y por lo tanto, sea necesario crear nuevos empleos para tener más cotizantes, dejamos de ver la realidad que hay en el exceso de egresos que mantienen desequilibradas las finanzas del Seguro, y no queremos ver que 15 mil empleados son una planilla sustanciosa, así como que el Seguro ha servido para reclutar personas solamente porque son políticas. Y así se va llenando la institución de tanta gente innecesaria sólo por cumplir compromisos de campaña.
Si recordamos que incluir a los beneficiarios dándoles todos los servicios médicos que se dan a los asegurados fue una idea poco genial que perjudicó enormemente al seguro, quitándole responsabilidades al Ministerio de Salud que no cumplió más nunca como es debido con sus obligaciones constitucionales, estamos en la realidad.
No señores, existen diferentes ángulos desde los cuales debe mirarse al Seguro. ¿Qué será de las jubilaciones si continuamos en este camino? Solamente con saber que la edad que viven las personas hoy es superior a antes y que el renglón de Pensión, Vejez y Muerte tiene que desembolsar durante más años esas pensiones y jubilaciones, sería suficiente para buscarle alternativa a lo que tenemos hoy.
Yo no hablaría de privatizar una institución que ha sido el nervio motor y central de la tranquilidad social que hay en el país. Es una quietud para la gente humilde saber que puede ir al Seguro y encuentra lo que busca y necesita para su salud. Nos permite vivir plácidamente sabiendo que, cuando llegue la hora, según la ley, de jubilarnos, tenemos una institución que nos paga lo que acumulamos y a lo que tenemos derecho. Mientras el seguro cumpla con sus obligaciones, la gente se tranquiliza. Lo malo es cuando va en busca de medicinas, de atención médica, de radiografías y les dicen que no hay.
¿Qué me cuentan de la corrupción? Mientras más pasos hay que cumplir para hacer las compras, más posibilidades de coimas, de compras fraudulentas, de desorganización en saber las necesidades reales del Seguro y no comprar en exceso para que te den algo bajo cuerda. Mientras se nombre personal por política y no por preparación y capacidad, privará la ineficiencia entre los empleados y el rendimiento será casi nulo. Mientras los empleados del Seguro piensen que al nombrarlos se les da carta para buscar dinero extra y no se les enseñe a tratar bien a la gente que la atención médica es lo básico del Seguro; mientras los empleados no vendan cupos a la gente humilde que se levanta de madrugada para que les den la oportunidad de ser atendidos por los médicos, no salvaremos esa institución que tanto queremos y de la cual fui parte durante más de treinta años, cuando el Seguro era una tácita de oro y sus autoridades tenían la mentalidad de actuar correctamente.
Me enteré de unos escándalos de la administración pasada que realmente no pensé que pudieran darse. Y yo me pregunto, ¿es que los empleados públicos tienen la mentalidad del mal comportamiento en cuanto ocupan uno de ellos? ¿es que no hay capacidad de honestidad y de querer dar lo mejor de sí mismos?
Muchos panameños piensan en su presente, en cuánto les tocará o qué beneficios puedan sacar. Pero, no piensan en un futuro que ellos ven lejano, y que será su paz en la vejez. El Seguro es de todos. Debemos salvarlo y no hundirlo.