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Necesidades para la sociedad


Educación y empleo son requisitos en los que debe trabajar el nuevo gobierno para disminuir la insatisfacción e inconformidad general. Estos son relevantes en la sociedad, ya que todo individuo debe hacer uso de su derecho al gozar de necesidades básicas que tienden a transformarse en vitales. En este siglo no podemos obviar las necesidades básicas para la sociedad, porque se encuentran dentro del ciclo de estudio primario en donde se explica que el ser sin distinción alguna es privilegiado por contar con ellas y de ir transformándolas hasta lograr la actualización que nos brinda la modernización.
La educación es una obligación medida hoy desde el factor utilidad. Se refiere al aprendizaje de modales externos de persona, su adaptación, reglas de urbanidad y cortesía; conocimientos adquiridos que pondremos en práctica mediante doctrinas, normas y hábitos que se nos inculcan en la familia, la escuela y la sociedad. Lo educativo se desarrolla para satisfacer una necesidad social de participar en el proceso de formación apoyándonos de varias herramientas. Por ello, el término debe ser profundizado al presentarse con sentido visionario y futurista. Al hombre, como individuo de la sociedad, debe brindársele la oportunidad de poder acceder al mundo de la modernización, para que no sea objeto del analfabetismo que cada día nos oprime sin encontrar respuestas a nuestras preguntas y ni reaccionar por lo que sucede en nuestro entorno.
El empleo se encuentra vinculado al factor educación respondiendo a características positivas. Todo individuo tiene derecho a aspirar a un trabajo, que constituye la fuente más digna de obtención de ingresos y la forma más adecuada para lograr su desarrollo integral. Es el Estado el obligado a elaborar políticas económicas para promoverlo y a asegurar a al trabajador las condiciones para obtener una existencia decorosa.
La corrupción se tiene que erradicar y no hay que considerarla como conducta apropiada del ser.
Sheikh Jalal, de 60 años, una de las autoridades religiosas más respetadas de Faluya, fue soltado el 28 de abril -en el marco de los acuerdos celebrados con los insurgentes- de la prisión de Abou Ghraib, donde estuvo detenido siete meses. Este sufi, que predica tanto la legitimidad de la resistencia como la necesidad del perdón, dice que a él nunca lo golpearon, contrariamente a lo que le ocurrió a su hijo: "Le rompían sillas en la espalda; fue soltado diez después, pero sigue sufriendo por esos golpes."
Dice también que muchos de sus compañeros de detención fueron "golpeados y humillados brutalmente; llevados desnudos de los interrogatorios" a las tiendas de detención, donde todo el tiempo "tenían hambre y sed, mientras que los detenidos por delitos del orden común comían como en palacio". Cuando se le preguntó si era cierto que los estadounidenses arrancaban las uñas, él respondió que no lo creía; "fue con Sadam cuando hacían eso".
El tampoco vio a las mujeres que supuestamente, "los estadounidenses detenían cuando no podían encontrar a sus maridos". Pero sí está seguro de que se encuentran en Abou Ghraib, "en las peores celdas, subterráneas y sin luz".

101 años de Panamá América

 
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