Necesitamos consumidores activos
En muchas situaciones adversas, los consumidores culpan a los demás de todos sus problemas, sin considerar el papel que desempeñan como protagonista del mercado.
Entre los casos en que el consumidor busca un pretexto para hallar a un culpable de sus dificultades, se refleja de esta manera: Si adquiere un producto defectuoso es porque alguien no cumplió con revisarlo debidamente antes de colocarlo a la venta; si encuentra un producto que compró recientemente, a mejor precio en otro establecimiento, critica al gobierno; si descubre que al comprar un televisor a crédito había firmado un contrato que lo obligaba a pagar intereses muy elevados, responsabiliza a quien supuestamente debió evitar que pusiera su firma en el documento o contrato. En pocas palabras, para el consumidor cualquiera tiene la culpa de lo que le sucede, menos él mismo.
Es una realidad que en cada transacción, el consumidor está presente, y es él quien puede sancionar de manera efectiva al mal comerciante no comprándole sus productos cuando son defectuosos o muy caros. De esta manera, él garantiza que la protección a sus derechos sea una realidad y no letra muerta.
Ser consumidor no consiste sólo en consumir. Es fundamentalmente, saber decidir bien. Es solicitar productos de calidad en los lugares que ofrecen garantía; exigir precios visibles para buscar y comparar. Es leer todo antes de firmar un contrato o documento. Porque el buen consumidor sabe que con cuidado e inteligencia se evitará problemas.
El consumidor activo es quien mejor puede defenderse si está correctamente informado y analiza sus opciones antes de comprar un bien o contratar un servicio. Su decisión influye sobre el precio, calidad, condiciones de venta y demás características de un producto.