Neoliberalismo y maleantería
Al parecer, todas las variantes ideológicas coinciden en que existe una estrecha ligazón entre violencia y degradación social. También todas las escuelas de Derecho Penal coinciden en que la miseria y la profundización de la pobreza traen como consecuencia un mayor índice de criminalidad y violencia, especialmente, en las sociedades urbanas.
El argentino Emilio J. Corbière, explica en un artículo periodístico, que la vieja escuela criminológica positivista del siglo XIX que encabezaron el médico César Lombroso, el jurista Enrique Ferri y el juez Garofalo, establece que el mayor índice de criminalidad se relacionaba con la profundización de la miseria y la pobreza.
El positivismo jurídico, en realidad, se relacionó más con el naturalismo y las ciencias experimentales que con el Derecho Penal. De ese positivismo jurídico fuertemente autoritario en el que se formó la policía latinoamericana aún hoy existen resabios en juristas conservadores. De ese positivismo criminal surgió la Criminología, que se relaciona con el Derecho Penal.
Y, a propósito del argentino Corbière, -citado arriba-, diremos que pionero de la Criminología lo fue el también argentino José Ingenieros, quien con sus máximas laicas, atrajo a las juventudes idealistas de mediados del siglo pasado con obras tales como: El Hombre Mediocre y Las Fuerzas Morales.
Laboro en una escuela técnica en un suburbio de la ciudad de Panamá. En esa escuela el 80% de los estudiantes de 14 a 17 años es de conducta irregular. También realizo trabajo social en esa región, donde las estadísticas nos hablan de un alto índice de violencia intrafamiliar y delincuencia.
En los hechos delictivos predomina en un alto porcentaje el involucramiento de menores de edad.
Al estudiar esta situación, los especialistas panameños coinciden con el argentino Corbière en que los problemas de comienzos del siglo XXI son particulares de una época: la del neoliberalismo, que Corbière denomina “desarrollo de la globalización imperialista”; es decir, de la integración mundial del capital financiero.
222...la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre.
La repercusión social de este sistema económico no podía ser de otra manera en las clases sociales medias y bajas, ya que concentra el poder económico, destruye la industria y la producción, afianza a especuladores y agiotistas, robustece las mafias de “cuello blanco”, a los banqueros y empresarios cultivadores de los delitos bancarios, la defraudación y las estafas, con la complicidad de las mafias políticas.
Pero la cuestión no es sólo económica, porque hay una profunda disgregación social, ética y moral, que se transforma en la falta de reglas, rompiéndose los consensos dentro de la propia sociedad burguesa capitalista, ya sea un capitalismo monopolista, financiero o capitalismo de Estado.
De allí, lo que Corbière llama “la barbarización”; o sea, la criminalidad que vulnera todos los valores humanos degradando a los hombres y mujeres de todas las edades.
A esto se suman las diversas formas de terror de Estado, desde el “gatillo alegre” policial, hasta la política de mano dura que predica “cero delincuencia”, pues sólo enfrenta las consecuencias y no las causas sociales producidas por el sistema.
Para terminar, diremos que la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre. No se puede combatir la delincuencia si la policía es corrupta, si el Estado ampara a los banqueros mafiosos, a los grupos monopolistas estafadores que forman parte del crimen organizado.
Es necesario una política que reúna a juristas, miembros del Poder Judicial, fuerzas de seguridad e inteligencia y a políticos, especialmente, a los legisladores, para articular una estrategia contra todas las modalidades del crimen, no sólo la de los ladrones de gallinas o de “cuaras”, sino también a los políticos, policías, empresarios y banqueros corruptos.
(pastord@hotmail.com)
El argentino Emilio J. Corbière, explica en un artículo periodístico, que la vieja escuela criminológica positivista del siglo XIX que encabezaron el médico César Lombroso, el jurista Enrique Ferri y el juez Garofalo, establece que el mayor índice de criminalidad se relacionaba con la profundización de la miseria y la pobreza.
El positivismo jurídico, en realidad, se relacionó más con el naturalismo y las ciencias experimentales que con el Derecho Penal. De ese positivismo jurídico fuertemente autoritario en el que se formó la policía latinoamericana aún hoy existen resabios en juristas conservadores. De ese positivismo criminal surgió la Criminología, que se relaciona con el Derecho Penal.
Y, a propósito del argentino Corbière, -citado arriba-, diremos que pionero de la Criminología lo fue el también argentino José Ingenieros, quien con sus máximas laicas, atrajo a las juventudes idealistas de mediados del siglo pasado con obras tales como: El Hombre Mediocre y Las Fuerzas Morales.
Laboro en una escuela técnica en un suburbio de la ciudad de Panamá. En esa escuela el 80% de los estudiantes de 14 a 17 años es de conducta irregular. También realizo trabajo social en esa región, donde las estadísticas nos hablan de un alto índice de violencia intrafamiliar y delincuencia.
En los hechos delictivos predomina en un alto porcentaje el involucramiento de menores de edad.
Al estudiar esta situación, los especialistas panameños coinciden con el argentino Corbière en que los problemas de comienzos del siglo XXI son particulares de una época: la del neoliberalismo, que Corbière denomina “desarrollo de la globalización imperialista”; es decir, de la integración mundial del capital financiero.
222...la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre.
La repercusión social de este sistema económico no podía ser de otra manera en las clases sociales medias y bajas, ya que concentra el poder económico, destruye la industria y la producción, afianza a especuladores y agiotistas, robustece las mafias de “cuello blanco”, a los banqueros y empresarios cultivadores de los delitos bancarios, la defraudación y las estafas, con la complicidad de las mafias políticas.
Pero la cuestión no es sólo económica, porque hay una profunda disgregación social, ética y moral, que se transforma en la falta de reglas, rompiéndose los consensos dentro de la propia sociedad burguesa capitalista, ya sea un capitalismo monopolista, financiero o capitalismo de Estado.
De allí, lo que Corbière llama “la barbarización”; o sea, la criminalidad que vulnera todos los valores humanos degradando a los hombres y mujeres de todas las edades.
A esto se suman las diversas formas de terror de Estado, desde el “gatillo alegre” policial, hasta la política de mano dura que predica “cero delincuencia”, pues sólo enfrenta las consecuencias y no las causas sociales producidas por el sistema.
Para terminar, diremos que la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre. No se puede combatir la delincuencia si la policía es corrupta, si el Estado ampara a los banqueros mafiosos, a los grupos monopolistas estafadores que forman parte del crimen organizado.
Es necesario una política que reúna a juristas, miembros del Poder Judicial, fuerzas de seguridad e inteligencia y a políticos, especialmente, a los legisladores, para articular una estrategia contra todas las modalidades del crimen, no sólo la de los ladrones de gallinas o de “cuaras”, sino también a los políticos, policías, empresarios y banqueros corruptos.
(pastord@hotmail.com)