Neomarxismo indigenista en Chiapas
Economista y analista político mexicano AIPE
México, país con más de 92 millones de habitantes, cuenta con casi 9 millones de indígenas que representan aproximadamente el 10% de la población. La mayoría de los indígenas forman parte del grupo social más atrasado de México. Desgraciadamente, se ha manoseado la miseria indígena sin que se planteen soluciones de fondo a su atraso. La mayoría de los supuestos liberadores de los indígenas más bien los utilizan como instrumento para llegar al poder.
Hasta la década de los 50, el marxismo utilizó a los trabajadores como principal instrumento en las luchas políticas. A principios de los años 60 se dieron cuenta que la mayoría de los trabajadores no se entusiasmaban con las teorías marxistas, muy pocos las entendían. Los sindicatos buscaban prebendas y mayores salarios, no una revolución.
Entonces, desde los años 60, los marxistas y sus promotores se enfocaron principalmente en los estudiantes, quienes empezaron a ser utilizados por los dogmáticos y políticos marxistas como carne de cañón en su intento de tomar el poder en varios países. Aunque todavía hoy muchos de los líderes de los guerrilleros marxistas provienen de las universidades, la mayoría de los estudiantes han dejado de ser marxistas, aunque a menudo son todavía usados para marchas y manifestaciones urbanas.
Ante la falta de un grupo |tnico o social que "liberar", a partir de los 70 los marxistas encontraron en los indígenas un nuevo "filón" a utilizar como excusa para hechos violentos y lograr el poder. Guatemala fue el país donde la bandera del indigenismo se empezó a levantar por los guerrilleros marxistas. Ahora es Chiapas el centro del neomarxismo indigenista. Los compañeros de viaje de los ya obsoletos neomarxistas, en esa aventura ideológica política para conquistar nuevos espacios políticos, culturales y convertirse en foco de atención, han sido los llamados teólogos de la liberación.
Independientemente de la buena o mala fe de guerrilleros y teólogos de la liberación, que dicen buscar el progreso de los indígenas, éste no se logrará convirtiendo en repúblicas autónomas a las zonas indígenas, como proponen los del EZLN o aventando miles de millones de pesos en ayuda a través de la burocracia, como lo piensa el gobierno del presidente Ernesto Zedillo.
La forma de ayudar real, digna y permanentemente a los indígenas es con las siguientes políticas:
Abrir o mejorar vías de comunicación en las zonas indígenas.
Interesar a inversionistas a establecer fábricas, maquiladoras o empresas agropecuarias en poblados indígenas.
Capacitar y tecnificar a los indígenas en trabajos compatibles con la explotación de los recursos existentes en su zona o con las inversiones que se logren instalar en la región.
Sin la concurrencia de caminos, capacitación, educación e inversión, todas las demás peticiones y soluciones al atraso indígena son vil demagogia. Su única finalidad es la de utilizar a esta pobre gente, ya sea por los viejos grupos de izquierda y los teólogos de la liberación o por los gobernantes que piensan que aventando dinero a montones en Chiapas pueden contrarrestar
una insurrección, que no es producto básicamente de la miseria y atraso indígena, sino de las estrategias de grupos políticos para desestabilizar al país y alcanzar mayores espacios en la lucha por el poder.
México, país con más de 92 millones de habitantes, cuenta con casi 9 millones de indígenas que representan aproximadamente el 10% de la población. La mayoría de los indígenas forman parte del grupo social más atrasado de México. Desgraciadamente, se ha manoseado la miseria indígena sin que se planteen soluciones de fondo a su atraso. La mayoría de los supuestos liberadores de los indígenas más bien los utilizan como instrumento para llegar al poder.
Hasta la década de los 50, el marxismo utilizó a los trabajadores como principal instrumento en las luchas políticas. A principios de los años 60 se dieron cuenta que la mayoría de los trabajadores no se entusiasmaban con las teorías marxistas, muy pocos las entendían. Los sindicatos buscaban prebendas y mayores salarios, no una revolución.
Entonces, desde los años 60, los marxistas y sus promotores se enfocaron principalmente en los estudiantes, quienes empezaron a ser utilizados por los dogmáticos y políticos marxistas como carne de cañón en su intento de tomar el poder en varios países. Aunque todavía hoy muchos de los líderes de los guerrilleros marxistas provienen de las universidades, la mayoría de los estudiantes han dejado de ser marxistas, aunque a menudo son todavía usados para marchas y manifestaciones urbanas.
Ante la falta de un grupo |tnico o social que "liberar", a partir de los 70 los marxistas encontraron en los indígenas un nuevo "filón" a utilizar como excusa para hechos violentos y lograr el poder. Guatemala fue el país donde la bandera del indigenismo se empezó a levantar por los guerrilleros marxistas. Ahora es Chiapas el centro del neomarxismo indigenista. Los compañeros de viaje de los ya obsoletos neomarxistas, en esa aventura ideológica política para conquistar nuevos espacios políticos, culturales y convertirse en foco de atención, han sido los llamados teólogos de la liberación.
Independientemente de la buena o mala fe de guerrilleros y teólogos de la liberación, que dicen buscar el progreso de los indígenas, éste no se logrará convirtiendo en repúblicas autónomas a las zonas indígenas, como proponen los del EZLN o aventando miles de millones de pesos en ayuda a través de la burocracia, como lo piensa el gobierno del presidente Ernesto Zedillo.
La forma de ayudar real, digna y permanentemente a los indígenas es con las siguientes políticas:
Abrir o mejorar vías de comunicación en las zonas indígenas.
Interesar a inversionistas a establecer fábricas, maquiladoras o empresas agropecuarias en poblados indígenas.
Capacitar y tecnificar a los indígenas en trabajos compatibles con la explotación de los recursos existentes en su zona o con las inversiones que se logren instalar en la región.
Sin la concurrencia de caminos, capacitación, educación e inversión, todas las demás peticiones y soluciones al atraso indígena son vil demagogia. Su única finalidad es la de utilizar a esta pobre gente, ya sea por los viejos grupos de izquierda y los teólogos de la liberación o por los gobernantes que piensan que aventando dinero a montones en Chiapas pueden contrarrestar
una insurrección, que no es producto básicamente de la miseria y atraso indígena, sino de las estrategias de grupos políticos para desestabilizar al país y alcanzar mayores espacios en la lucha por el poder.