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Nepotismo, demagogia y alardeo


LAS RECIENTES declaraciones de nuestro embajador en Perú a la revista Caretas son un buen ejemplo de lo que no debe hacer un diplomático de alto rango, aunque sea un nepote de sexto grado de consanguinidad. Como no le encuentro razón de ser a estas declaraciones, no puedo menos que concluir que Martín y Samuel se equivocaron al nombrar a este sujeto, el primero por nepotismo -no importa el grado de parentesco- y el segundo porque le falta la fe. Las declaraciones son divulgadas en nuestro país a la par que se arguye que nuestra justicia tocó fondo.
Echando a un lado al embajador roba cuadro, es preciso remarcar que el presidente tiene una excelente oportunidad de probar que está forjando una Patria Nueva, prestándole atención a los organismos civilistas para que aplique un borrón y cuenta nueva en la administración de justicia panameña. Eso de que la justicia tocó fondo es una cosa vieja que se exacerbó principalmente con los nombramientos políticos que se hicieron en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) durante los gobiernos de los ex presidentes Pérez y Moscoso. El ex abrupto del citado embajador abunda porque todos sabemos que los crímenes de la narcodictadura nunca serán olvidados, tal cual ha ocurrido con los crímenes de los autócratas chilenos y argentinos, por ejemplo.
No convence que se diga que Omar le tenía miedo al MAN. Más miedo le tuvo a Boris Martínez y con la ayuda de sus lacayos oportunistas se deshicieron de él en un santiamén. Omar debió haber aprovechado las acusaciones que hizo Hugo Spadafora de que Noriega estaba metido en el narcotráfico. Pero no hizo nada al respecto, lo cual sustenta la tesis de que Omar por lo menos toleraba el narcotráfico tirándosela de pen...denciero. El punto es que la justicia brilla por su ausencia hace buen rato.
Entre los cuatro magistrados que protagonizan la refriega que ha llevado a varios organismos no gubernamentales a pedir el borrón y cuenta nueva en la CSJ, es decir que se solicite o fuerce la renuncia de todos sus magistrados miembros, el que mejor se ve basado en los hechos, en sus opiniones legales, es el magistrado Arjona. Infelizmente, la ciudadanía espera con escepticismo que nuestro sistema político basura actúe con integridad para defender los más altos intereses de la patria, la vieja y la nueva, si es que existe. Es obvio que con la mayoría legislativa que tiene el presidente se podría darle credibilidad a nuestra justicia que de ciega tiene nada.
Junto con la gran mayoría de los ciudadanos, clamo porque se aproveche la coyuntura y se haga algo positivo que al menos signifique un primer paso para recuperar la justicia perdida. Me apena opinar que con la costumbre que veo en el Ejecutivo de pasar agachado casi siempre, no veo la menor posibilidad de que se haga progreso alguno con hechos firmes, contundentes. El panorama lo veo de espanto. Ya se aprobó la reforma fiscal. Se está a un tris de aplicar reformas salvadoras al sistema de seguridad social. Y, "last but not least", la propaganda graneada gubernamental da por hecha la expansión del canal. Estos tres importantes objetivos quedarán a merced de la injusticia, de la corrupción, que nadie se atreve a afrontar porque la ven, la tratan, como si fuera un molino de viento cervantino.
Este escrito implica mi sugerencia para que de verdad se cree una Patria Nueva. Desafortunadamente, admito que con frecuencia siento que todo es "po´ gu´to". No obstante, no voy a colgar los guantes porque creo hasta las lágrimas que nuestro Panamá es inmortal.
Confío que la gran mayoría de los panameños civilistas así pensamos. De ser necesario, pues, que vuelva la cruzada civilista ya.

101 años de Panamá América

 
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