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Nepotismo y racismo


Nuestra historia demuestra que, cada vez que sube un nuevo gobernante al poder, en la piñata de puestos que reparte, resultan premiados sus familiares. Esta práctica demuestra que, a pesar de que pronto cumpliremos un centenario de ser república, seguimos con mentalidad de tribu. Cada cacique, cuando llega al poder, para protegerse políticamente y acomodar económicamente a su familia, para darles prestancia y breves ínfulas de grandeza a sus parientes, los nombran a puestos importantes en el gobierno.
Esta práctica carcome los cimientos de nuestra sociedad de muchas maneras.
Notablemente, promueve la ineficiencia. Aunque algunos de los parientes nombrados podrán ser eficientes y calificados, usualmente son personas mediocres que no tienen mérito para desempeñar un puesto de responsabilidad social. No obstante, se comportan como si el puesto fuera una prerrogativa a
la cual tienen derecho.
Si es una querida la premiada, trata al público con arrogante petulancia porque sabe que el amante no le hace exigencias que tengan que ver con su desempeño como funcionaria. Además, las queridas suelen tener, en el Gobierno, una influencia que está totalmente fuera de lugar. Por ejemplo, durante la dictadura de los militares y sus socios civiles, un sacerdote me comentó que, después de los militares, las personas que más poder tenían en Panamá eran sus queridas.
Además, el nepotismo engendra y alienta el resentimiento social porque comete una injusticia con los individuos de la clase popular o la clase media que aspiran a una vida mejor mediante la educación.
Educarse requiere enormes sacrificios tanto a nivel individual como a nivel familiar porque el esfuerzo es no sólo del estudiante sino también de su familia. Para obtener una educación a nivel superior hay que poner aún más empeño. No obstante, la gran cantidad de colegios comerciales que hay en Panamá revelan el aprecio que hay por la educación como medio para avanzar.
Es igual a nivel universitario. Sin embargo, los nombramientos en base a vínculos personales son como una bofetada en la cara para quienes, producto de enormes sacrificios y su propio mérito, tienen más derecho a un puesto que los premiados por vínculos
personales o políticos.
El nepotismo fomenta, por lo tanto, el resentimiento social. Muchas veces se critica a otro diciendo: "Es un resentido". Pero los resentidos tienen toda la razón de sentir amargura y hostilidad. Desde la colonización española, en este país, el pobre, el negro o el de cualquiera etnia que no sea blanca y hasta los blancos que no tienen apellidos que "suenan", han sufrido una discriminación que los aparta del poder, que los aísla.
Especialmente nuestros hermanos negros han sufrido y siguen sufriendo, demasiado calladamente a mi parecer, los efectos de un racismo pernicioso que rebaja, no a las víctimas, sino a quienes lo practican, porque no piensan en lo que hacen o se sienten tan inseguros de sí mismos que tratan de exaltarse en base a desconocer la igualdad de todos los seres humanos.
El nepotismo tiene pésimas consecuencias en nuestra sociedad porque, además de promover el resentimiento, alienta el cinismo y el entreguismo. De generación en generación, graduandos brillantes y combativos, olvidan los ideales que defendieron y se venden al mejor postor porque se han estrellado contra la realidad de que no es suficiente tener méritos personales para ascender en esta sociedad.
Muchos jóvenes apoyaron la dictadura militar porque, en un escenario dominado por la oligarquía blanca, no tenían esperanza de ocupar puestos de Gobierno cónsonos con su preparación. Aunque a unos les habrá ido bien económicamente, fue una tragedia porque se vieron obligados a defender una posición ética, moral y políticamente insostenible, encontrándose además con la exigencia de lealtad incondicional que ponían los militares a todos los civiles, a quienes consideraban "desechables". A fin de cuentas, los que buscaron integrarse a la sociedad, volvieron a quedar al margen de ésta.
Para que este país sea realmente una nación, tenemos que eliminar nuestra mentalidad de tribu. Para que haya democracia y justicia en Panamá hay que combatir el nepotismo y el racismo personal y políticamente. Ud. dirá: "Es muy fácil decirlo, pero ¿cómo lograrlo?"
En la lucha por la democracia me ha ayudado la fe cristiana porque entiendo que su función no es solamente de guiarnos hacia la salvación personal, sino de orientarnos en la vida social y en el ámbito político.
La democracia, originaria en la Grecia antigua, no fue muy democrática porque no otorgaba derechos a todos los seres humanos sin distinción alguna.
No fue sino hasta que la influencia de la fe cristiana se sintió perceptiblemente en el mundo antiguo que se sentó la base teológica de la verdadera democracia.
Aunque poco se habla del legado político de Jesucristo, fue Jesucristo quien dio valor al individuo como hijo de Dios y mostró en su vida una preferencia especial por los pobres y los sufridos. Es decir, sentó la base de la democracia como la entendemos hoy día. Nos hizo hermanos, todos hijos de Dios, con derechos iguales ante la sociedad y el Estado.
Por esto el cristianismo puede lograr algo que la doctrina marxista no pudo. Esa doctrina promovía el uso de las palabras "camarada" o "compañero" para referirse al prójimo. Vacíos de cariño son esos apelativos comparados con "hermana" o "hermano" que la doctrina marxista no podía usar porque negaba la existencia del Dios Padre que nos hermana.
Para eliminar el nepotismo y el racismo, no sólo hay que señalarlos y censurarlos. Hay que levantar los ojos más allá de la perspectiva egoísta de tribu o cacicazgo, para visualizar a toda la nación panameña como una gran familia de hermanos y hermanas. Si esto hacemos de una forma permanente, no estaremos dispuestos a tolerar los favoritismos y no nos prestaremos a
cometer injusticias.
Ud. que lee estas palabras, haga un experimento hoy. Procure ver a todas las personas con quien se encuentra, especialmente a los que lo mortifican de una forma u otra, como sus hermanos, sus hermanas. Verá cómo los aprecia, los entiende, los trata de una manera diferente. Verá que Ud. se siente mejor, más feliz.
Sólo el sentirnos como hermanos nos dará la fortaleza y la integridad que necesitamos para luchar contra prácticas nefastas como el nepotismo, el racismo y todas las injusticias que anulan los derechos humanos en esta nación.

101 años de Panamá América

 
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