¿Neutralidad de qué y por qué?
La neutralidad permanente de todo el territorio de nuestra República es un clamor generalizado que tenemos, sentimos, exigimos y demandamos los panameños que deseamos el bien para la Patria y para el fortalecimiento de los conceptos Estado y Nación. De allí que nos anhela que la misma pueda llegar a ser una realidad. Desde 1841, don Mariano Arosemena, padre del Dr. Justo Arosemena, el más ilustre patricio del decimonono y creador del Estado Federal de Panamá, proclamaba en sus vehementes discursos la neutralidad de todo el Istmo. Justo Arosemena redactó un proyecto de ley en esa perspectiva. Juristas como Harmodio Arias Madrid, ex presidente de la República; Ricardo J. Alfaro y Narciso Garay, ex decano y ex canciller del país; Carlos López Guevara y otros de no menos renombre, creyeron y han creído en la necesidad de que nuestro país mantenga una política de neutralidad permanente en todo su territorio, conforme se define en el Artículo 3 de la Constitución Nacional: tierra firme, mar territorial, plataforma continental submarina, espacio aéreo y subsuelo.
Para comprender, cabalmente, el porqué de esa neutralidad es menester que precisemos que quienes de modo esporádico y sin mayor argumentación se han opuesto a esta tesis, es porque no conocen la institución -la neutralidad- y mucho menos sus ventajas.
Suiza ha mantenido una neutralidad en todo su territorio, incluso, reconocida en su propia Constitución, por más de 200 años. El Vaticano, Costa Rica y otros Estados más, igual camino han seguido. Esas naciones, hoy por hoy, son vistas como escenarios territoriales en donde germina la semilla de la paz, el desarrollo cultural, el progreso económico, la justicia, el orden y el bienestar común. Se trata de Estados que creen en la mediación, la conciliación, el arbitraje internacional, los procesos judiciales internacionales, etc., como mecanismos o métodos para la solución pacífica de las controversias o diferendos entre las naciones. Tal es el caso de Costa Rica, nación de la cual su ex presidente ganó un premio Nobel de la Paz por su actuación en los conflictos de la región, resaltando su papel mediador en los casos de El Salvador y Nicaragua. Por otra parte, en lo que corresponde al desarrollo económico, se advierte en esas naciones un gran auge comercial y son vistas como atractivos para la inversión interna e internacional.
Por otra parte, la neutralidad permanente de nuestro territorio tiene sus efectos inmediatos en lo que toca o corresponde a los conflictos bélicos de naturaleza bilateral, regional, internacional o mundial. Es menester recalcar que el Artículo II del Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá, literalmente, sólo regula, en lo que toca al ámbito territorial de validez de la norma jurídica, al Canal de Panamá. Al analizar el artículo en mención, podemos señalar que cuando la norma advierte que esa neutralidad tiene efectos "consecuentemente en todo el territorio", debemos precisar que nuestra geografía no se halla toda comprometida, sino que es evidente y claro que se trata de un pretendido desideratum de los redactores de la norma y que lo hicieron incluir en dicho Tratado. Así, efectivamente, lo había entendido el Dr. Julio E. Linares, ilustre internacionalista y ex canciller de la República, cuando analizaba la norma en mención, pues enfatizaba en el hecho de que la neutralidad permanente sólo está referida o relacionada con el Canal de Panamá.
Por otra parte, es ilógica la posición de algunos colegas que han llegado a exteriorizar que la neutralidad permanente del Canal implica a todo el territorio de nuestro país, cuestión que resulta a todas luces falsa, pues en Derecho no opera una interpretación extensiva de menos a más, sino de manera o modo contrario: el que puede lo más, puede lo menos. Como se advierte, es una interpretación absurda la que formulan quienes defienden la tesis de que al ser neutral el Canal, se colige o infiere que también lo es el resto del territorio. Ante esta tesis o posición, contestamos de la siguiente manera: es que la neutralidad pactada o tratada en el respectivo Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá es sólo respecto a esta vía y no con relación a todo nuestro territorio.
Pero, por otra parte, hoy más que nunca, merced a los actuales acontecimientos mundiales, en los que sobresale el hecho de la guerra Estados Unidos-Irak y las amenazas de nuevos conflictos bélicos entre otras naciones, es noticia del día, Panamá no puede, alegremente, hacer declaraciones que comprometen la neutralidad de la vía acuática internacional consignada en el respectivo Tratado y mucho menos a toda nuestra geografía comprendida dentro de los límites de nuestro país con Costa Rica y Colombia. De allí que la reciente Declaración de Panamá y la firma del acta de respaldo a Estados Unidos en su guerra contra Irak -juntamente con Guatemala, El Salvador y Colombia- pasarán a la historia de nuestra celebración del centenario como República, como dos hechos desafortunados de nuestra política exterior que de desdibujan nuestra identidad de ser Estado y Nación. Panamá, como diría Narciso Garay está, con estos hechos, anudando su propio ahorcamiento.
Sin embargo, hay que consignar, por nuestra parte, que la neutralidad pactada en 1977 no es tal, dado que al permitirse privilegios y paso expedito a naciones como Estados Unidos, Colombia y Costa Rica, esa proclamada neutralidad deviene en una falacia de la cual el resto del mundo duda de su consistencia y fortaleza. ¿Qué Estado o Nación, al final de cuentas y ante un conflicto bélico internacional, ante semejante neutralidad, estaría dispuesto a respetarla? Dudamos, seriamente, de la operatividad de nuestra parcial neutralidad. Consideran ustedes que Sadam Hussein crea en esa neutralidad o China o Japón o Alemania, en fin.
Personalmente, apuesto a favor de la neutralidad permanente de todo nuestro territorio y creo, por convicción, que ella nos traería más benéficos que males. Es por ello que el anteproyecto de ley que mi hermano Ramiro Guerra y el suscrito, hemos presentado ante la Asamblea Legislativa de Panamá (¡¿Hola, cómo estás?!), constituye una excelente oportunidad para que, seriamente, se inicie un debate objetivo y transparente sobre el tema de la neutralidad permanente de todo nuestro territorio. Con este aporte creemos que hacemos Patria. Nuestro deber es hacer las cosas como si la Patria estuviese agradecida.
Para comprender, cabalmente, el porqué de esa neutralidad es menester que precisemos que quienes de modo esporádico y sin mayor argumentación se han opuesto a esta tesis, es porque no conocen la institución -la neutralidad- y mucho menos sus ventajas.
Suiza ha mantenido una neutralidad en todo su territorio, incluso, reconocida en su propia Constitución, por más de 200 años. El Vaticano, Costa Rica y otros Estados más, igual camino han seguido. Esas naciones, hoy por hoy, son vistas como escenarios territoriales en donde germina la semilla de la paz, el desarrollo cultural, el progreso económico, la justicia, el orden y el bienestar común. Se trata de Estados que creen en la mediación, la conciliación, el arbitraje internacional, los procesos judiciales internacionales, etc., como mecanismos o métodos para la solución pacífica de las controversias o diferendos entre las naciones. Tal es el caso de Costa Rica, nación de la cual su ex presidente ganó un premio Nobel de la Paz por su actuación en los conflictos de la región, resaltando su papel mediador en los casos de El Salvador y Nicaragua. Por otra parte, en lo que corresponde al desarrollo económico, se advierte en esas naciones un gran auge comercial y son vistas como atractivos para la inversión interna e internacional.
Por otra parte, la neutralidad permanente de nuestro territorio tiene sus efectos inmediatos en lo que toca o corresponde a los conflictos bélicos de naturaleza bilateral, regional, internacional o mundial. Es menester recalcar que el Artículo II del Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá, literalmente, sólo regula, en lo que toca al ámbito territorial de validez de la norma jurídica, al Canal de Panamá. Al analizar el artículo en mención, podemos señalar que cuando la norma advierte que esa neutralidad tiene efectos "consecuentemente en todo el territorio", debemos precisar que nuestra geografía no se halla toda comprometida, sino que es evidente y claro que se trata de un pretendido desideratum de los redactores de la norma y que lo hicieron incluir en dicho Tratado. Así, efectivamente, lo había entendido el Dr. Julio E. Linares, ilustre internacionalista y ex canciller de la República, cuando analizaba la norma en mención, pues enfatizaba en el hecho de que la neutralidad permanente sólo está referida o relacionada con el Canal de Panamá.
Por otra parte, es ilógica la posición de algunos colegas que han llegado a exteriorizar que la neutralidad permanente del Canal implica a todo el territorio de nuestro país, cuestión que resulta a todas luces falsa, pues en Derecho no opera una interpretación extensiva de menos a más, sino de manera o modo contrario: el que puede lo más, puede lo menos. Como se advierte, es una interpretación absurda la que formulan quienes defienden la tesis de que al ser neutral el Canal, se colige o infiere que también lo es el resto del territorio. Ante esta tesis o posición, contestamos de la siguiente manera: es que la neutralidad pactada o tratada en el respectivo Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá es sólo respecto a esta vía y no con relación a todo nuestro territorio.
Pero, por otra parte, hoy más que nunca, merced a los actuales acontecimientos mundiales, en los que sobresale el hecho de la guerra Estados Unidos-Irak y las amenazas de nuevos conflictos bélicos entre otras naciones, es noticia del día, Panamá no puede, alegremente, hacer declaraciones que comprometen la neutralidad de la vía acuática internacional consignada en el respectivo Tratado y mucho menos a toda nuestra geografía comprendida dentro de los límites de nuestro país con Costa Rica y Colombia. De allí que la reciente Declaración de Panamá y la firma del acta de respaldo a Estados Unidos en su guerra contra Irak -juntamente con Guatemala, El Salvador y Colombia- pasarán a la historia de nuestra celebración del centenario como República, como dos hechos desafortunados de nuestra política exterior que de desdibujan nuestra identidad de ser Estado y Nación. Panamá, como diría Narciso Garay está, con estos hechos, anudando su propio ahorcamiento.
Sin embargo, hay que consignar, por nuestra parte, que la neutralidad pactada en 1977 no es tal, dado que al permitirse privilegios y paso expedito a naciones como Estados Unidos, Colombia y Costa Rica, esa proclamada neutralidad deviene en una falacia de la cual el resto del mundo duda de su consistencia y fortaleza. ¿Qué Estado o Nación, al final de cuentas y ante un conflicto bélico internacional, ante semejante neutralidad, estaría dispuesto a respetarla? Dudamos, seriamente, de la operatividad de nuestra parcial neutralidad. Consideran ustedes que Sadam Hussein crea en esa neutralidad o China o Japón o Alemania, en fin.
Personalmente, apuesto a favor de la neutralidad permanente de todo nuestro territorio y creo, por convicción, que ella nos traería más benéficos que males. Es por ello que el anteproyecto de ley que mi hermano Ramiro Guerra y el suscrito, hemos presentado ante la Asamblea Legislativa de Panamá (¡¿Hola, cómo estás?!), constituye una excelente oportunidad para que, seriamente, se inicie un debate objetivo y transparente sobre el tema de la neutralidad permanente de todo nuestro territorio. Con este aporte creemos que hacemos Patria. Nuestro deber es hacer las cosas como si la Patria estuviese agradecida.